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Recreo poético OPII se solidariza con los pueblos que sufren

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Disfrutamos el Recreo Poético de fecha viernes 10 de julio, dirigido por Olivia Paredes Morales, directora de la Organización Poética Internacional Independiente, OPII,  estuvo dedicado a la solidaridad con los pueblos que sufren a causa de los desastres naturales y la guerra, con la participación de un nutrido grupo de poetas de distintas latitudes, entre otros, Zheyla Henriksen, Alicia Cassia, Mae de la Torre, Gladys Sandoval, nos place compartir para el disfrute de todos.

El poema «Solidaridad» de Olivia Paredes Morales,

«La solidaridad es el puente que Dios tiende con manos humanas.»
«Cada mano extendida es un pedazo de cielo que desciende a la tierra.»

No siempre la tragedia anuncia su llegada.
A veces desciende envuelta en un silencio extraño,
otras, con el rugido de los vientos,
con el desvelo de los mares,
con la furia de una tierra
que estremece hasta los cimientos del alma.
Basta un instante…
Un segundo apenas,
para que el horizonte cambie de rostro,
las ciudades pierdan su nombre,
los caminos se vuelvan ausencia
y el hogar, que ayer guardaba risas,
amanezca convertido en polvo.
Entonces comprendemos
que no somos dueños del tiempo,
ni del suelo que pisamos,
ni de las murallas que levantamos
creyéndolas eternas.
El hombre construye torres,
palacios de cristal,
fortalezas de concreto,
mansiones que desafían los acantilados
y balcones que pretenden conversar con el océano.
Pero la naturaleza,
paciente maestra de los siglos,
nos recuerda con una sola sacudida
que toda soberbia termina inclinando la frente.
Cuando la tierra se abre,
cuando el mar reclama su espacio,
cuando el viento rompe las ventanas del orgullo,
todos los títulos se desploman,
todas las riquezas enmudecen
y solo permanece de pie
la esencia del ser humano.
Es entonces
cuando la vida adquiere su verdadero nombre.
Ya no existen distancias.
El dolor no necesita pasaporte.
El llanto no pregunta nacionalidades.
La angustia habla el mismo idioma
en cualquier rincón del planeta.
Una madre que abraza la ausencia de un hijo,
es la madre de todos.
Un niño que se busca entre los escombros,
es el hijo de la humanidad.
Un anciano que espera una mano
es nuestro propio padre
esperando el regreso de la esperanza.
Y mientras unos luchan por sobrevivir,
otros levantan puentes invisibles.
Unos ofrecen pan.
Otros ofrecen abrigo.
Muchos ofrecen su tiempo.
Algunos entregan sus fuerzas.
Y hay quienes, sin poseer nada,
ofrecen la riqueza inmensa
de una oración nacida desde el alma.
Porque también oran las lágrimas.
También hablan los silencios.
También abrazan las manos
que jamás han conocido el rostro
de aquel a quien desean salvar.
Eso…
Eso es la solidaridad.
Es el milagro de sentir propio
el sufrimiento ajeno.
Es descubrir
que el corazón no reconoce fronteras,
que la compasión no entiende de idiomas,
que el amor verdadero
nunca pregunta a quién pertenece el dolor.
Solidaridad
es el pan compartido.
Es el vaso de agua.
Es la manta que abriga.
Es la voz que consuela.
Es el hombro que sostiene.
Es la luz encendida
cuando todo parece extinguirse.
Quizá nunca conozcamos
el nombre de quienes reciben nuestras manos.
Quizá jamás escuchemos un «gracias».
Pero Dios…
Dios conoce el recorrido secreto
de cada gesto de amor.
Él recoge la lágrima silenciosa.
Multiplica el pan compartido.
Convierte una caricia
en refugio para el desesperado.
Y hace florecer esperanza
donde el dolor parecía definitivo.
Por eso,
cuando la tragedia visite cualquier rincón del mundo,
no preguntemos de qué país vienen las lágrimas.
Preguntemos, más bien,
qué parte de nosotros puede aliviar ese dolor.
Porque quien aprende a sufrir con el hermano
ha descubierto el idioma del cielo.
Y quien extiende su mano
sin esperar recompensa,
ha comprendido
que la mayor riqueza del ser humano
no está en lo que guarda,
sino en aquello que entrega.
Que Dios bendiga las manos generosas.
Las que levantan.
Las que curan.
Las que comparten.
Las que oran.
Las que abrazan.
Porque mientras exista un corazón dispuesto a amar al desconocido,
la humanidad seguirá teniendo esperanza.
Y mientras la solidaridad permanezca viva,
ninguna tragedia será capaz
de sepultar para siempre
la infinita grandeza del espíritu humano.
Con infinito cariño para la humanidad.

Zheya Henriksen, poeta ecuatoriana, nos encanta con su poema «Soy la Justicia Enterrada».

Gladys Sandoval, eleva su voz, para clamar por la humanidad, su solidaridad con los que sufren por la implacable naturaleza que ha lastimado a nuestros hermanos venezolanos, los futbolistas iraníes que sufren por decisiones de representantes de sus países que nada tiene que ver con deportes…comparte el poema «Tus manos»

Tus manos, las de ellos, las mías…

Cristian Romero Díaz, poeta recién fallecido siempre presente en los recreos poéticos.son testigos invisibles por ser tan buenos compañeros de los recreos poéticos de OPII:

 

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