¿Alcanza una «curita» de 25 puntos para la marea del Tío Sam?
Cada vez que la Reserva Federal de los Estados Unidos (la FED) mueve sus fichas o decide dejarlas quietas, un murmullo recorre las economías de la región. Esta vez, el eco resuena de forma directa en los bolsillos y en las cuentas de ahorro de la República Dominicana.
La FED mantiene sus tasas de referencia en torno al 4 %, lo que permite a las entidades financieras estadounidenses ofrecer certificados de depósito garantizados con rendimientos fijos de entre un 4.25 % y un 4.30 % anual en dólares. En el papel, esto parece competir tímidamente con las tasas pasivas de los bancos dominicanos, que andan oscilando entre un 8 % y un 9 % anual en pesos. Sin embargo, cuando se saca la cuenta en buen dominicano y se limpian los números, la película cambia por completo.
La matemática detrás del bolsillo
Ahorrar en moneda local implica convivir con la depreciación natural del peso frente a la divisa estadounidense, un deslizamiento que históricamente ronda cerca de un 3.5 % al año. Si a una tasa de depósito promedio del 8.5 % en pesos se le descuenta esa pérdida de valor cambiario y se ajusta por el riesgo país y la menor liquidez del mercado local, el rendimiento efectivo medido en dólares cae apenas a un 4.0 % neto.
La paradoja salta a la vista: un ahorrante o inversionista dominicano está asumiendo la volatilidad de la tasa de cambio para ganarse, al final del día, una rentabilidad neta inferior o igual al 4.30 % seguro y sin riesgos que le ofrece un certificado en dólares al otro lado del charco. Ante este escenario, la tentación de mudar los capitales desde el peso hacia el dólar se vuelve casi irresistible para las grandes empresas y las fortunas familiares.
El callejón con salida difícil del Banco Central
Es en este punto donde el Banco Central de la República Dominicana se encuentra frente al clásico dilema de la política monetaria. Para frenar la migración de divisas hacia el billete verde, la autoridad monetaria puede optar por subir su tasa de interés de referencia.
Un retoque marginal de 25 puntos básicos —para llevarla, por ejemplo, de 5.25 % a 5.50 %— funciona muy bien como una señal psicológica hacia los mercados. Es un mensaje explícito de que la institución está atenta y dispuesta a defender la moneda nacional. Sin embargo, esa pequeña dosis no resuelve el problema de fondo. Para que la tasa en pesos vuelva a ser un imán irresistible frente al dólar, el ajuste tendría que ser mucho más agresivo, lo que terminaría encareciendo los préstamos hipotecarios, de consumo y empresariales, enfriando la inversión y desacelerando el ritmo del aparato productivo.
El panorama se complica aún más cuando se mira hacia adentro. Cada vez que el Banco Central eleva las tasas para retirar pesos de la circulación y mantener atractivos sus instrumentos financieros, se ve obligado a pagar mayores intereses por esa deuda que emite. Así, la medicina utilizada para estabilizar el tipo de cambio hoy se convierte en el ingrediente que alimenta el histórico déficit cuasifiscal, generando más liquidez y posibles presiones inflacionarias en el mañana.
La verdadera coraza de la economía dominicana
A diferencia de otras economías emergentes golpeadas por la huida de «capitales golondrina» —esos fondos especulativos a corto plazo que entran y salen al menor movimiento de tasas—, la República Dominicana no depende excesivamente de estos flujos en moneda local para sostener su balance financiero.
La verdadera fortaleza del peso dominicano sigue descansando sobre sus amortiguadores estructurales: el flujo constante de divisas que aportan las remesas de la diáspora, el dinamismo permanente del sector turístico y la captación continua de inversión extranjera directa. Son estas tres arterias las que garantizan el oxígeno necesario para que el mercado cambiario no entre en pánico.
En definitiva, mover 25 puntos básicos en la tasa de política monetaria ayuda a fijar expectativas y calmar la especulación de corto plazo, pero no es un remedio mágico. La verdadera estabilidad del peso continuará dependiendo de la habilidad del Banco Central para gestionar sus reservas internacionales de divisas sin ahogar la actividad económica nacional.
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada/


