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El verano al rojo vivo de Luís Montenegro al frente del Gobierno de Portugal | Internacional

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Parece el argumento de una novela negra, pero se queda en un escándalo que ha hecho tambalearse al Gobierno portugués. Un remolque con precursores químicos para fabricar cocaína que había sido decomisado en una operación antidroga en 2024 apareció entre los camiones de un constructor amigo de Luís Neves, ministro del Interior, a quien el empresario ha hecho algunas reformas en una propiedad… y a quien el ahora ministro, durante su etapa como director de la Policía Judicial (PJ), adjudicó varios contratos.

Una trama enrevesada que, como las vueltas de un cordón, se ha ido enredando en torno al Ejecutivo del conservador Luís Montenegro, que formó gobierno en minoría con el aval de los socialistas y de los ultras de Chega. Desde que ganó las elecciones primero en abril de 2024 y luego, en una convocatoria anticipada, en mayo de 2025, Montenegro ha tenido más disgustos que satisfacciones. El mayor revés ha sido tal vez el rechazo del Parlamento a su reforma laboral, la iniciativa más ambiciosa de su mandato, el mes pasado, pero el caso Neves no se queda atrás.

Las encuestas tampoco le sonríen: la recuperación del Partido Socialista, cuyo candidato ganó en febrero las presidenciales y que hoy lidera los sondeos, ha dejado a la conservadora Alianza Democrática de Montenegro en segundo o incluso tercer lugar, por detrás del ultraderechista Chega, según las proyecciones de voto que se manejen. La de PolitPro, actualizada el pasado jueves, constata una caída del 7% de la formación de Montenegro desde mayo de 2025, cuando los votantes le dieron una segunda oportunidad, y una subida socialista del 5,7%. Pero otra publicada hace dos semanas por Diário de Notícias da a la ultraderecha la ventaja sobre el partido de Montenegro. El promedio de los sondeos le otorga aún un segundo puesto, pero amenazado por los ultras.

Rechazo de la reforma laboral

Aparte de los habituales incendios estivales, que pillaron inoportunamente a Montenegro en el palco del partido de la selección portuguesa contra Croacia en el Mundial de Fútbol, en Toronto, otro ministro suyo, el de Educación, se ve también en la diana por el fallo del proceso de digitalización de las calificaciones de los exámenes de acceso a la universidad. Parece un revés menos tóxico que el culebrón de Interior, pero a la oposición todo le vale y, paradójicamente, sobre los exámenes habrá debate parlamentario, pero sobre el caso Neves no.

Tras un bienio marcado por la repetición de elecciones, y superado el vértigo de la eventual llegada a la presidencia del país del candidato de Chega, al Ejecutivo de centroderecha lo adelantan ahora por la izquierda y por la derecha, como demostró el rechazo de la reforma laboral, que pretendía flexibilizar el mercado de trabajo y que naufragó por una pinza de la izquierda parlamentaria y Chega.

El escándalo del remolque, que motivó la apertura de una investigación por la Fiscalía, quedó zanjado teóricamente el miércoles, cuando Neves, en conferencia de prensa, admitió posibles irregularidades, pero no ilegalidad en el traslado del vehículo, que apareció enganchado a uno de los camiones de la flota de Construbarcelos, la empresa de su amigo. El ministro, que dijo contar con el pleno apoyo de Montenegro, no solo reiteró su intención de seguir en el cargo, sino que presumió de haber ahorrado dinero al erario público al aceptar la proposición de la empresa de guardar el remolque y los bidones de amoniaco que contenía gratis. “Lo volvería a hacer, fue un acto de pura y simple buena gestión”, explicó Neves, asegurando que así se ahorraron los “entre 3.000 y 4.000 euros de alquiler” de cualquier almacén, o los 150.000 que habría costado su destrucción. Una tarea esta última que recae en la Policía Judicial, falta de presupuesto.

Neves gozó de una excelente reputación durante su etapa al frente de la PJ, pero su relación con Construbarcelos suscita ahora otras dudas: los contratos por cerca de 1,9 millones de euros que la empresa recibió de la PJ, y la reforma de una propiedad del ministro, con supuestas irregularidades. Neves dirigió la PJ entre 2018 y el pasado febrero, y las adjudicaciones a la empresa se hicieron entre 2020 y 2025. El moderado monto de los contratos juega teóricamente en su favor, ya que la PJ licitó en total 27 millones de euros en ese periodo, y solo el 8% fue a Construbarcelos.

“Errores que no justifican una imputación”

Neves considera que su reputación de tres décadas de servicio público se ha visto dañada, al haberse asociado su nombre, aun tangencialmente, al tráfico de drogas, la sustracción de pruebas y la violación de la cadena de custodia de las mismas. Pero, ha insistido, ninguno de los errores cometidos justifica una imputación.

Con el país en llamas, como desgraciadamente sucede cada verano, pocas son las satisfacciones de Montenegro. Si acaso, el crecimiento del 2,5% del PIB en el segundo trimestre en términos interanuales, un avance del 0,8% en comparación con el primero. Tras la rueda de prensa de Neves, el Gobierno considera que lo peor ya pasó, aunque la presión sobre Montenegro no remite. Las más de dos semanas que, según los medios locales, Neves pasó preparando su comparecencia ante los medios suenan a muchos a cierre en falso de la crisis, a balón despejado a córner para evitar peligro en el área… del jefe de Gobierno.

Pero el fantasma de la inestabilidad que ha rodeado el ejercicio del mandatario no cesa: si en febrero se vio obligada a dimitir la anterior ministra de Interior por la catastrófica gestión de la borrasca Kristin, el propio Montenegro no ha quedado al margen del escrutinio público y político. Aunque la Fiscalía archivó en diciembre una investigación sobre su empresa familiar, origen de la crisis política que tumbó a su Gobierno y le forzó a convocar elecciones anticipadas en mayo de 2025, el político ha vuelto a ser objeto de escrutinio en febrero por las obras en su vivienda, por supuestos sobrecostes. La marejada de fondo viene de lejos, mientras el líder del PS, José Luís Carneiro, habla de fin de ciclo político y se ofrece como garante de la estabilidad… vía elecciones.

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