TECLALIBRE DIGITAL | NOTI-ANÁLISIS | 30 DE OCTUBRE DE 2026
REPÚBLICA DOMINICANA: LAS LLUVIAS LLENAN LAS PRESAS, VACÍAN LOS HOGARES Y ENCIENDEN LAS ALARMAS SANITARIAS
Mientras el INDRHI celebra la recuperación de millones de metros cúbicos de agua, el COE contabiliza miles de afectados y Salud Pública se prepara para enfrentar enfermedades. La paradoja dominicana: el agua que necesitaban las presas es la misma que ha puesto a numerosas comunidades contra la pared.
Las lluvias de los últimos días de octubre han vuelto a exhibir esa contradicción: mientras los organismos hidráulicos presentan balances alentadores, las instituciones de emergencia contabilizan los daños de una tormenta social que no siempre necesita nombre de huracán.
El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) reportó el 28 de octubre un balance de afectaciones por las lluvias asociadas a dos vaguadas.
2,670 Personas afectadas
534 Viviendas afectadas
32 Comunidades incomunicadas
67 Personas desplazadas
948,603 Usuarios afectados por interrupciones del servicio de agua potable, según el balance del 28 de octubre.
Las cifras no constituyen un balance definitivo de los daños.
Azua, Peravia, Santo Domingo, San Cristóbal, Monte Plata, El Seibo y Barahona figuran entre las demarcaciones golpeadas. Viviendas anegadas, vías obstruidas y comunidades aisladas componen el panorama.
En el Gran Santo Domingo, las inundaciones alcanzaron sectores como Capotillo y La Ciénaga. En Azua, las crecidas afectaron numerosas viviendas, mientras los deslizamientos y desbordamientos interrumpieron la circulación en diferentes puntos del territorio.
Y aquí aparece una pregunta incómoda: ¿cuánto de este desastre corresponde exclusivamente a la naturaleza y cuánto a la acumulación de deficiencias en drenaje, ordenamiento territorial y mantenimiento de infraestructuras?
La lluvia cae del cielo. Pero la vulnerabilidad se construye —o se permite— sobre la tierra.
Al 28 de octubre, el sistema almacenaba 1,252.95 millones de metros cúbicos, equivalentes al 62.07 % de su capacidad máxima. Según el balance publicado por El Día, las reservas habían aumentado 92.94 millones de metros cúbicos desde el 16 de septiembre.
Nivel de almacenamiento de las principales presas
Sabaneta 90.7 %
Valdesia 79.2 %
Rincón 52.3 %
Fuente: INDRHI, reporte del 28 de octubre de 2026. Porcentaje de la capacidad máxima de cada embalse. Caba Romano aseguró que los niveles registrados no representaban peligro en las condiciones evaluadas y que las presas permanecían bajo vigilancia técnica del Comité de Operación de Presas y Embalses.
Pero hay una ironía difícil de ignorar: el país puede aumentar sus reservas hídricas mientras casi un millón de usuarios sufre interrupciones del servicio de agua potable.
La explicación está en que almacenar agua y distribuirla son desafíos distintos. Las inundaciones pueden dañar captaciones, comprometer la calidad del agua y paralizar acueductos.
Salud Pública: después de la inundación viene otro enemigo
El Ministerio de Salud Pública activó el Centro de Operaciones de Emergencias en Salud y reforzó las salas de situación provinciales, junto con una alerta epidemiológica para mejorar la detección de enfermedades relacionadas con las inundaciones.
Entre los riesgos que requieren vigilancia figuran la leptospirosis, las enfermedades diarreicas y las infecciones asociadas a aguas contaminadas.
La leptospirosis merece especial atención porque puede transmitirse mediante el contacto con agua o lodo contaminados por orina de animales infectados, especialmente roedores.
La alerta sanitaria no significa que exista un brote confirmado. Significa que las autoridades intentan anticiparse a un peligro que puede manifestarse después de que bajen las aguas.
El Servicio Nacional de Salud también dispuso reforzar los planes de emergencia hospitalarios para mantener la atención médica ante las eventualidades.
La emergencia, por tanto, no termina cuando cesan los aguaceros. Continúa en la limpieza de viviendas, el restablecimiento de los acueductos, la vigilancia de síntomas y la recuperación de servicios esenciales.
La actualización: más comunidades aisladas
El informe número 5 del COE, correspondiente al jueves 29 de octubre, elevó el balance a 2,675 personas afectadas, 535 viviendas afectadas y 51 comunidades incomunicadas. También señaló que 39 acueductos continuaban fuera de servicio, con 366,035 usuarios afectados, y que las personas previamente desplazadas habían regresado a sus hogares.
La reducción de acueductos paralizados representa una mejoría respecto al balance anterior. Sin embargo, el aumento de comunidades incomunicadas evidencia que las consecuencias de las lluvias no desaparecen al mismo ritmo que las nubes.
La gran pregunta: ¿estamos preparados para administrar tanta agua?
La República Dominicana enfrenta un desafío que va más allá de estas vaguadas. Necesita almacenar el agua durante los períodos lluviosos, distribuirla eficientemente durante las sequías y evitar que las precipitaciones intensas se conviertan en desastres comunitarios.
Las inversiones en drenaje pluvial, limpieza de cañadas, protección de cuencas y mantenimiento de carreteras no suelen producir las fotografías más espectaculares de una gestión pública. Pero pueden determinar si una familia duerme tranquila o pasa la madrugada sacando agua de su vivienda.
También corresponde examinar la expansión de asentamientos en zonas inundables y la capacidad de los ayuntamientos y las instituciones nacionales para reducir esos riesgos.
La recuperación de las presas merece destacarse. La movilización de los organismos de socorro y la vigilancia epidemiológica son respuestas necesarias. Pero los resultados de la gestión de riesgos también deben medirse por los daños que se consiguen prevenir.
Porque un país no puede conformarse con celebrar el agua que entra en sus presas mientras sus ciudadanos cuentan los muebles que perdieron bajo la lluvia.
Y así queda la paradoja dominicana: cuando escasea el agua, pedimos lluvia; cuando llega en abundancia, descubrimos cuánto nos falta por hacer para convivir con ella.
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