EE.UU. destruye tres petroleros iraníes tras ataques del CGRI. ¿La guerra entre Washington y Teherán puede convertirse en una crisis mundial del petróleo?
Washington respondió al ataque iraní contra dos buques de guerra destruyendo tres petroleros vinculados, según el Pentágono, a una red de financiamiento del CGRI. El verdadero campo de batalla podría terminar siendo el precio mundial del petróleo.
NOTI-ANÁLISIS | TECLALIBRE
La guerra entre Estados Unidos e Irán acaba de cruzar una línea bastante incómoda.
Teherán lanzó misiles balísticos contra buques de guerra estadounidenses. Washington respondió destruyendo tres petroleros iraníes.
Y ahora cada bando cuenta su propia película.
Washington dice: “Nos dispararon primero”.
Teherán responde: “Están atacando nuestra navegación y nuestro petróleo”.
Mientras tanto, los petroleros arden y el petróleo hace cuentas.
Lo verdaderamente interesante de la represalia estadounidense no está solamente en los barcos destruidos. Está en la naturaleza de los objetivos.
Estados Unidos pudo haber atacado otra instalación militar iraní. En cambio, golpeó petróleo.
Según CENTCOM, los tres buques estaban vinculados a una red clandestina que generaba recursos para el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Uno de ellos fue atacado cerca de Jarg, el estratégico terminal petrolero iraní.
Y aquí aparece el mensaje de Washington:
“Si ustedes convierten el Golfo en campo de batalla, nosotros podemos convertir su petróleo en objetivo militar”.
¡Ahí está la verdadera amenaza!
Porque Irán tiene otra carta sobre la mesa: el estrecho de Ormuz.
Si la confrontación escala hasta afectar seriamente la navegación por ese estratégico paso marítimo, la guerra dejaría de ser exclusivamente iraní-estadounidense.
Se convertiría en un problema mundial.
Subiría el petróleo, aumentarían los costos del transporte, se estremecerían los mercados y las economías importadoras —incluidas las de América Latina— comenzarían a pagar la factura.
Y mientras Washington y Teherán intercambian misiles, Moscú y Pekín observan cuidadosamente el tablero.
Rusia tiene interés en precios energéticos elevados y China necesita mantener abierto el flujo de petróleo hacia Asia. Ninguno parece tener interés en una guerra total que incendie el Golfo, pero ambos pueden aprovechar estratégicamente el desgaste de Estados Unidos.
La pregunta, entonces, no es solamente quién disparó primero.
La pregunta es otra:
¿Está Washington intentando obligar a Irán a negociar o está preparando un estrangulamiento progresivo de su economía petrolera?
Porque si por cada misil iraní contra un buque estadounidense aparece un nuevo ataque contra el petróleo iraní, la escalada puede adquirir una lógica propia.
Y esa lógica tiene nombre:
“ojo por ojo, barril por barril”.
CONCLUSIÓN TECLALIBRE
Irán tiene misiles.
Estados Unidos tiene portaaviones.
Pero ambos saben que el arma verdaderamente peligrosa está debajo del agua:
el petróleo.
Y aquí aparece la gran ironía.
Lo que hoy parece una guerra entre dos países puede terminar convirtiéndose en una guerra contra el precio del combustible de todo el planeta.
Porque si Teherán intenta cerrar Ormuz y Washington decide responder atacando sistemáticamente la infraestructura petrolera iraní, aquello que algunos califican como una simple escaramuza podría convertirse en una crisis energética mundial.
Y entonces las “small potatoes” de Trump podrían terminar saliendo bastante caras.
Muy caras.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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