Europa vive su mayor rearme desde el final de la Guerra Fría. Empujados por la guerra en Ucrania, la amenaza de Rusia y la incertidumbre creciente sobre el compromiso a largo plazo de Estados Unidos con la defensa del continente, los aliados continentales de la OTAN afrontan un giro histórico que está transformando sus Presupuestos de defensa hasta niveles récord y reconfigurando toda la arquitectura de seguridad del continente. Se preparan para asumir el cambio de paradigma de una Alianza Atlántica más europea y avanzan para cubrir los agujeros que dejarán los recortes de fuerzas en el continente que ha anunciado Washington. Las repetidas andanadas del presidente Donald Trump contra la organización militar, que califica de “tigre de papel”, y su constante cuestionamiento de la “lealtad” de varios aliados europeos están poniendo a prueba la resistencia y la estructura de la organización.
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