-Adiós al último gran ‘halcón’ de la geopolítica en Washington-
SANTO DOMINGO – El escenario político de los Estados Unidos y el tablero de la geopolítica global sufren una pérdida de profundo impacto. El influyente senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, falleció este sábado 11 de julio a los 71 años de edad, tras una breve y repentina enfermedad en su residencia de Washington D.C., poco después de regresar de una misión oficial en Ucrania.
Con su partida, se apaga una de las voces más estridentes, pragmáticas y determinantes del Capitolio estadounidense en las últimas tres décadas, un hombre cuya trayectoria encarnó las complejas mutaciones del poder en Washington.
A continuación, trazamos el perfil de un «halcón» que supo reinventarse en las tormentas políticas de su tiempo.
Si algo definió la carrera de Lindsey Graham fue su inquebrantable postura en materia de seguridad nacional y política internacional. Heredero de la línea dura de su gran amigo y mentor, el fallecido senador John McCain, Graham se consolidó como el arquetipo del «halcón» en Washington.
Defendió con vehemencia la proyección militar de los Estados Unidos en el extranjero, siendo un soporte clave para las intervenciones en el Medio Oriente tras los atentados del 11 de septiembre, y más recientemente, convirtiéndose en uno de los defensores más férreos de la asistencia militar y económica a Ucrania frente a la invasión rusa. Para Graham, el liderazgo global de su país no era negociable.
Quizás el capítulo más fascinante de su biografía política fue su relación con Donald Trump. Durante las primarias presidenciales de 2016, Graham no se guardó nada: calificó a Trump de «xenófobo», «racista» y un peligro para el conservadurismo.
Sin embargo, el pragmatismo que define a los grandes animales políticos lo llevó a una metamorfosis total. Con el tiempo, Graham entendió que el Partido Republicano había cambiado de dueño y se transformó en uno de los asesores más cercanos, confidentes y defensores más visibles de Trump en el Congreso. Esta capacidad para cruzar sus propias líneas ideológicas le permitió mantener una cuota de poder e influencia intacta, actuando muchas veces como el puente necesario entre el ala tradicional del partido y el movimiento MAGA.
Tres décadas en los pasillos del poder
Nacido en el seno de una familia trabajadora en Central, Carolina del Sur, Graham se abrió paso a través del servicio militar en la Fuerza Aérea (como abogado de la JAL) antes de dar el salto a la arena pública. Su huella legislativa queda marcada en hitos históricos:
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1995–2003: Sirvió en la Cámara de Representantes, donde ganó notoriedad nacional como uno de los fiscales en el juicio político (impeachment) contra el presidente Bill Clinton.
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2003–2026: Ocupó su escaño en el Senado de forma ininterrumpida. Desde allí lideró comités cruciales como el de Judicatura, desde donde blindó la confirmación de jueces conservadores en la Corte Suprema.
«Un verdadero patriota estadounidense y una de las mejores personas que he conocido», manifestó el expresidente Donald Trump al expresar sus condolencias, reflejando el vacío que deja su partida en el liderazgo republicano.
La muerte de Lindsey Graham marca el fin de una era en el Senado estadounidense. Se va un estratega astuto, un polemista incansable y un hombre que, para bien o para mal, nunca temió estar en el centro de la tormenta para defender su visión del destino americano. Paz a sus restos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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