Por: Guaroa Ubiñas Renville*
La cultura maya, civilización mesoamericana que se destacó a lo largo de más de dos milenios en numerosos aspectos socioculturales como son su escritura, su arte, la arquitectura y su mitología.
El reino de la tinieblas tuvo muchos tropiezos produjo la aparición de seres traviesos como, el tlacuache, animal parecido a un ratón, que tiene una bolsa como la de los canguros para guardar sus crías, a la vez, que utilizaban a sus colas peladas por el mismo fuego para robar las luces de la fogatas para llevarlas de un lugar a otro.
Este anima-lito aún es muy frecuente en todos los lugares de Mesoamérica, es visto en la ciudad de México, además de un ave que los alumbraba con la luz que irradiaba de su cola.
Los mayas tenían una profunda conexión con el sol y la luna, los consideraban dioses importantes que influían en todos los aspectos de su existencia, desde la agricultura hasta la religión.
De otro lado, el sol no apareció solo, sino junto a la luna y además sin movimientos y tuvo un Dios de entonces, no referido, que lanzaron un conejo que son hoy las manchas de la luna para que comenzaran a moverse.
Así también, apareció además del resplandor del sol, el calor que irradiaba obligó a las personas a esconderse de sus rayos luego de identificarlos en donde no les tocaran directamente. Esto sin contar con los incendios que lo quemaban todo. Y que fue un tiempo de grandes diluvios, temblores y sequías.
Además produjo algo aún más oscuro de lo que existía antes: La Sombra. Que es la oscuridad que acompañaría a los cuerpos frente a la luz ostentosa del Sol. Y que imita sus siluetas, la cual se puede mezclar con todo, rocas, caminos pedregosos etc. Posarse en todos los lugares sin acaso ser percibida silenciosamente. Y que solo se estrecha en las horas del mediodía donde es apenas esclava de la planta de los pies.
Al igual que el ombligo de los recién nacidos que los relacionan a sus padres y más todavía, a sus madres, que les brindan su piel primera y que se desprende con premura en los primeros días de nuestras vidas.
Después, vino Tláloc, el dios de la lluvia, de las aguas que caían de un cielo suspendido por cuatro grandes árboles colocados en cuatros esquinas, y uno central que le daba sustento y las imágenes celestes que era espíritu de hombres y mujeres.
Y el fuego que lo devoraba todo y que venía de uno de los pisos inferiores del inframundo que tenía 9 pisos era el lugar de los muertos y los dioses malvados.
Por demás, los humanos eran seres mitad personas y mitad animales que hablaban al igual que las piedras, árboles, ardillas y los demás animales de entonces.
Miles de siglos de evolución.
Y queriendo conocer el dios del tiempo pensaron en el calendario, del cual los profesores mexicanos Alfredo López Austin y millones expresaron al respecto que su origen no fue el ocio, sino el manejo del tiempo, propio. Del tiempo social y del que se ajusta al tiempo de los otros seres…
Y se supo sobre las resurrecciones que estaban muy ligadas al fuego, y al hablar de la muerte dijeron que el destino de los muertos y las muertas se llamaba Tamoanchan, que es un lugar placentero donde se rompen los vientos que quedan en el inframundo.
Que tenía muchas flores y que para salir de él tenían que tener un buen corazón.
* El Dr. Guaroa Ubiñas Renville, consagrado de la medicina y la investigación histórica de los pueblos amerindios, pintor, escultor, tiene una obra monumental que recoge los mitos, costumbres y leyendas dominicanas, cronista de anécdotas, relatos que no recoge la historia oficial.
En el siguiente enlace encuentras la bibliografía del Dr. Ubiñas R.
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