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La extirpación a tiempo de las células malignas evita el cáncer mortífero

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Por Federico Pinales /

 

Dicen algunos políticos y dirigentes gremiales que en política hay que “barrer hacia adentro, no hacia fuera”.

Por esa razón es que los partidos y muchas organizaciones gremiales se han convertido en cuevas y escuelas de delincuentes, de los cuales se les hace difícil deshacerse, porque cuando toman fuerza y alguien intenta sacarlos, son capaces de chantajear hasta a las madres que los trajo al mundo.

Yo nunca he compartido ni voy a compartir jamás esa falsa teoría.
Mucho menos ahora que ya me estoy acercando a la edad de oro. A la que he llegado, gracias a Dios, sin tener que bajar la cabeza frente a nadie para que me tapen una poca vergüenza.

Cuando yo aspiré a una posición importante dentro del periodismo organizado, nunca me acerqué a pedirle un voto a gente que yo entendía que eran potenciales delincuentes, dentro del periodismo, que eran sanguijuelas, oportunistas y perversos disfrazados de comunicadores.

Como algunos dicen, cuando les conviene que yo sea miembro de la Dirección Nacional del Marcelino Vega, de cuyo movimiento fui el tercer secretario general, después de Moquete y el Chino Bujosa, les aconsejo descontinuar esa práctica y empezar a ejemplarizar desde adentro.
Hay un militante del Movimiento, en los Estados Unidos, que debe ser expulsado dentro de este proceso eleccionario, pésele a quién le pese, por el bien del movimiento y del propio colegio.

De lo contrario no tendremos calidad moral para seguir cuestionando las conductas de otros desaprensivos.

No voy a dar nombre porque las direcciones Nacional y locales saben de quién se trata y las razones por lo que estoy haciendo esta recomendación.
Si no lo hacen, serán responsables y cómplices de sus desvergüenzas actuales y futuras.
Su nivel de chantaje no se lo tolero ni a Martina De Los Santos Mateo, viuda Pinales, a quién adoro y venero, por ser su primogénito y porque a sus 90 años todavía conserva su energía, su autoridad y su temple moral. Supervisando hasta a los tataranietos, para que no se salgan del cauce que le cimentaron Simón De Los Santos, su abuelo y Ramón de Los Santos, su padre.
Así mismo, los fundadores del CDP y del Marcelino Vega tenemos la responsabilidad de dejarle un mensaje claro a las nuevas generaciones, que aún no hemos renunciado al legado moral, de los reales ideólogos y fundadores de nuestra organización.
Constituye una vergüenza para el CDP, tener entre sus filas a ciertos personajes.

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