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La OTAN, la CELAC y la Unión Europea ante la reconfiguración global

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CUMBRES BORRASCOSAS/

 

El encuentro desarrollado en la sede del Parlamento Europeo se concretó pocos días después de la reunión de la OTAN efectuada en Vilna el 11 y 12 de julio. En ese encuentro, se rechazó el ingreso de Ucrania a dicha asociación militar para evitar una generalización de la guerra en toda Europa. El mandatario estadounidense Joe Biden declaró en una entrevista ante la CNN, previo a su viaje a Vilna, que “la guerra de Rusia en Ucrania debe terminar antes de que la alianza pueda considerar la incorporación de Kiev a sus filas”. Agregó que su esperanza y expectativa se vinculan con que “Ucrania realice avances significativos en su ofensiva y que eso conduzca a una solución negociada en algún momento”.

Acomodándose a las advertencias de Moscú, la OTAN no fijó un calendario concreto para el ingreso oficial de los ucranianos, a pesar de que Volodimir Zelensky recordó que su país espera desde hace 15 años el ingreso a ese colectivo militar. La OTAN recibió la petición en la reunión de Bucarest de 2008 y no ha dado ninguna respuesta hasta la actualidad. Sin embargo, su apoyo logístico, sus armas y sus satélites se han desplegado de forma uniforme por todo el territorio ucraniano desde el golpe de Estado de 2014, promovido por Washington.

La frustración de los militares de Kiev y de variados funcionarios del Pentágono se vio ahondada en Bruselas con la negativa de la CELAC a recibir a Zelensky y a tomar partido a favor de la OTAN en el conflicto europeo. El propio Presidente ucraniano declaró que varios mandatarios latinoamericanos “se habían opuesto a su participación en la cumbre birregional con la UE, a la que había sido invitado por el actual presidente del bloque, Pedro Sánchez”. A pesar de este primer fracaso, los líderes del Parlamento Europeo intentaron arrastrar a la CELAC a una toma de partido a favor del atlantismo, condición que no se vio expresada –de forma terminante– en la declaración final.

El punto 15 del documento final de la Cumbre expresa “profunda preocupación por la guerra en curso contra Ucrania, que sigue causando un inmenso sufrimiento humano y está agravando debilidades ya existentes en la economía mundial, limitando el crecimiento, aumentando la inflación, perturbando las cadenas de suministro, incrementando la inseguridad energética y alimentaria e intensificando los riesgos para la estabilidad financiera”. Y sostiene: “En este sentido, apoyamos la necesidad de una paz justa y duradera”. La referencia a “una paz justa y duradera” remite a garantizar la seguridad futura de todos los actores involucrados, sin desatender –incluso– las amenazas que supone una OTAN que pretende intimidar a Rusia. La neutralidad fue el posicionamiento mayoritario exhibido por los integrantes de la CELAC, quienes se opusieron de forma categórica a condenar a Moscú, tal cual fue reclamado por los mandatarios de la UE.

El único latinoamericano que se alineó con Bruselas fue el chileno Gabriel Boric, quien catalogó al conflicto como una “inaceptable guerra de agresión imperial” de parte de Rusia. En una posición opuesta, la delegación nicaragüense se negó a firmar la declaración final por considerar que el conflicto bélico debía considerarse como el resultado de una provocación de la OTAN. En relación al posicionamiento de Boric, el Presidente brasileño consideró que el chileno “es un joven sediento y apresurado” y que carecía de experiencia en citas internacionales.

El fracaso de Kiev

 

 

En referencia explícita al lugar ocupado por la OTAN, los representantes latinoamericanos cuestionaron las políticas que azuzan el conflicto, sobre todo las relativas a la provisión de armas que incrementa la pérdida de vidas y aleja la posibilidad de alcanzar un rápido acuerdo de paz. El vocero de esta posición fue Lula, el Presidente de Brasil, quien objetó la perspectiva armamentista expresada por la UE. En relación a las intenciones de impedir la fragmentación de las delegaciones latinoamericanas y caribeñas, el 12 de julio la eurocámara pidió sanciones contra el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel por supuestas violaciones a los derechos humanos, una declaración que fue tildada por La Habana de “injerencista y difamatoria”. Un día después –con el claro objetivo de sabotear la presencia de ambas delegaciones– el Parlamento Europeo votó una resolución condenatoria contra Venezuela.

La última cumbre birregional se realizó en 2015, bajo la aceptación de la exclusión de la República Bolivariana. En 2017 no se llevó a cabo porque los integrantes de la CELAC no aceptaron dicha exclusión. La declaración final supuso también un éxito para Cuba, al avalarse la Resolución A/77/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas –del 3 de noviembre de 2022– en la que se exige poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero. Además, en el punto 11 de la declaración final se cuestiona de forma explícita “la designación de Cuba como Estado promotor del terrorismo”.

El otro eje relevante de la Cumbre fue el acuerdo relativo a considerar a las Islas del Atlántico Sur en clave de soberanía. En el punto 13 de la declaración final se estipula –en referencia a la soberanía sobre las Islas Malvinas– que “la Unión Europea ha tomado nota de la posición histórica de la CELAC, basada en la importancia del diálogo y el respeto del derecho internacional en la solución pacífica de controversias”. A continuación, en el punto 14 se reafirma el compromiso fundamental de la Cumbre Birregional “con todos los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, incluida la igualdad soberana de todos los Estados y el respeto de su integridad territorial e independencia política, solución de controversias por medios pacíficos y en conformidad con los principios de justicia y derecho internacional”.

Ambos párrafos suponen un cambio de paradigma del marco diplomático europeo: Guillermo Carmona, responsable del área de la Cancillería argentina dedicada a las Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, señaló que “hasta 2021 la UE consideraba a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur como territorios de ultramar de la Unión Europea, y a partir del Brexit sin embargo existía una reticencia de la UE a hacer mención en las declaraciones a la Cuestión Malvinas”. Horas antes de aprobarse la declaración, el ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, James Cleverly, se comunicó con su par europeo Josep Borrell para solicitarle, en forma explícita, que no permitiese la incorporación de ese párrafo en la declaración final de la cumbre. Según los trascendidos, Borrell no respondió a la requisitoria del británico.

El tercer eje que se hizo presente en las deliberaciones fue la presencia fantasmagórica del eje euroasiático y el desafío que suponen los BRICS para la hegemonía atlantista. Para contrarrestar la emergencia de ese nuevo polo de poder –expresado además por la Organización de Cooperación de Shanghai y la iniciativa de la Ruta de la Seda–, la UE se propone el desarrollo del programa de inversiones Global Gateway en países integrantes de la CELAC. En ese marco, en el punto 28 de la Declaración Final anuncia el fomento de 130 proyectos hasta 2027 para “reforzar las cadenas de suministros sostenibles”, incluyendo la explotación del litio en Argentina y Chile, totalizando unos 50.000 millones de dólares hasta 2027.

Detengan a los BRICS

 

Xi Jinping y el mandatario brasileño.

El programa de inversiones europeo pretende dos objetivos al mismo tiempo: por un lado, obstaculizar la provisión del mineral necesario para las baterías que produce China –que lidera en la actualidad el segmento del mercado de los autos eléctricos– y, por el otro, evitar la potencial consolidación de la producción de baterías en las cercanías del triángulo del litio, en cooperación con Moscú y Beijing, como ha sido anunciado recientemente por la República Plurinacional de Bolivia. La UE asegura que su Global Gateway no tiene como objetivo la reprimarización de las economías latinoamericanas y caribeñas sino “dinamizar las cadenas de valor y tener proveedores viables”.

Frente a las nuevas proposiciones europeas, el mandatario brasileño recordó las viejas promesas hechas en cumbres anteriores en las que los países del G7 no cumplieron con sus compromisos de invertir 100.000 millones de dólares al año para las naciones en desarrollo, como forma de compensación por el daño que causaron al planeta desde la revolución industrial. El presidente de la CELAC, Ralph Gonsalves –primer ministro de San Vicente y las Granadinas– recordó que “en 2009 ya se habló de un fondo de 1.000 millones para mitigar el cambio climático, pero aún no se han visto esos recursos”. Frente a los intentos de etiquetar a los países integrantes de la CELAC como proveedores de recursos naturales, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez consideró que no “somos antiguas colonias que requieren consejo, ni aceptaremos que se nos trate como simples suministradores de materias primas”.

Las reuniones de la OTAN y de la CELAC-UE exhibieron la debilidad relativa del conglomerado atlantista y, al mismo tiempo, una gran oportunidad para el Sur Global, específicamente para Latinoamérica y el Caribe. Podrá o no aprovecharse esta circunstancia. Pero la mutación global no detendrá su derrotero persistente, marcado por una brújula que está orientada hacia Eurasia.

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