InicioIBEROAMERICAMILEI LLEVA LA MOTOSIERRA A ESPAÑA; SÁNCHEZ LE SACA FILO ELECTORAL

MILEI LLEVA LA MOTOSIERRA A ESPAÑA; SÁNCHEZ LE SACA FILO ELECTORAL

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Por Luis Rodríguez Salcedo

Javier Milei llegó a Madrid con el equipaje de siempre: liberalismo, enemigos y una lengua que no pasa por aduanas. El 21 de octubre, ante el Nueva Economía Fórum, llamó “impresentable dictador” a Pedro Sánchez y pidió “sacar a los socialistas a patadas” en las elecciones españolas del 29 de noviembre. Aquello tenía formato de desayuno informativo, pero terminó sirviendo pólvora con el café.

Conviene ordenar las escenas: ese acto ocurrió dos semanas antes de la Cumbre Iberoamericana del 5 de noviembre, donde Milei volvió a la carga, esta vez equiparando socialismo y fascismo delante del propio Sánchez. Cambió el escenario; el libreto conservó los dientes.

El Gobierno español respondió al primer episodio mediante Exteriores, que condenó los ataques y acusó al mandatario de alimentar la polarización. Sánchez encontró, además, una oportunidad electoral: colocó a Milei, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal en el mismo escaparate, el de la motosierra. La insinuación era transparente: quien vote por las derechas españolas podría acabar comprando también el paquete argentino.

La visita dejó una fotografía incómoda. Isabel Díaz Ayuso recibió al argentino; las primeras figuras de PP y Vox faltaron al desayuno. Abascal mantuvo su agenda fuera de Madrid, aunque reivindicó su amistad con Milei. Esas ausencias no demuestran una ruptura, pero permiten una lectura: el visitante puede resultar útil para entusiasmar militantes y bastante menos cómodo cuando toca conquistar votantes moderados.

En los diarios, El País interpretó que Milei eclipsaba a Feijóo y Abascal al presentarse como antagonista directo de Sánchez. El problema para sus aliados resulta evidente: cuando el invitado ocupa todo el escenario, los anfitriones corren el riesgo de quedar como figurantes de su propia campaña.

Los podcasts aportaron otra clave. En Hora 25, de la SER, el especialista Franco Delle Donne explicó la descalificación como un método para construir poder y representar una ruptura con el orden establecido. Bajo esa interpretación, el escándalo cumple una función: asegura visibilidad y reafirma al dirigente ante sus seguidores. No hace falta convencer al adversario; basta con mantener encendida a la hinchada.

En las redes, Sánchez también jugó. Reivindicó el orgullo de ser “zurdo” y difundió una imagen escuchando Fanático, de Lali, canción asociada a las críticas contra Milei. El 7 de noviembre trasladó el pulso a un mitin en Tarragona y a X, defendiendo la tradición socialista frente a la caracterización del argentino. Son intervenciones verificables de los protagonistas; no una medida de lo que piensa toda España.

Durante la cumbre, Sánchez había elegido un registro institucional: agradeció la asistencia de Milei y defendió el respeto entre gobiernos. Después recuperó el combate partidario. La combinación permite aparecer como anfitrión sereno y candidato dispuesto a responder.

La paradoja queda servida: Milei viaja para combatir al socialismo y puede terminar ayudándolo a movilizarse. Sánchez recibe los golpes y los convierte en argumento de campaña. Quién ganará votos sigue abierto. Por ahora, uno exporta la motosierra y el otro intenta cobrarle el alquiler del escenario.

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