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MUCHO AMOR, CERO CARAVANAS Y UN RECADO AL JEFE

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Entre alardes de falsa modestia, mensajes cifrados a la cúpula danilista y una radiografía de su táctica de «trabajo de hormiga», el aspirante presidencial morado Francisco Javier García, utilizó el escenario del Grupo Corripio para justificar su músculo interno. Una confesión de inesperado «amor peledeísta» que en el fondo esconde un meticuloso cerco electoral de 30 meses, donde la ingeniería política y las reuniones a puerta cerrada buscan jubilar el viejo proselitismo de capota y caravana.

Crónica de un «susto» morado: Mucho amor, cero caravanas y un recado al jefe

Resulta que el hombre está sorprendido. Casi asustado de lo mucho que lo quieren en la casa morada. En un despliegue de falsa modestia que haría sonreír a cualquier veterano de la política criolla, nuestro precandidato se sentó en la mesa del Almuerzo del Grupo Corripio a soltar perlas tácticas disfrazadas de anécdotas inocentes.

El guiño al líder y el «yo no fui» La jugada maestra no fue decir que las bases lo idolatran, sino a quién le hizo la confesión. Citar a Danilo Medina («sabía que me querían, pero no sabía que me querían tanto») no es un simple cuento de sobremesa; es un misil teledirigido a la fauna interna del PLD. Con esa frase, manda un mensaje clarísimo a sus rivales: «El jefe y yo hablamos íntimamente, y él sabe lo que yo muevo». Es buscar la bendición sin pedirla, recordando quién tiene acceso directo al despacho principal.

Luego viene el dardo envenenado: «He visitado el 100% de los municipios… pero no en caravana». ¡Ay, el morbo táctico de esa aclaración! Mientras otros apuestan al bulto, al «disco light» y a la bandera al viento, él se vende como el cirujano del territorio. Es una bofetada con guante de seda a la política del ruido. Les está diciendo a sus competidores que mientras ellos sudan saludando desde la capota de una yipeta, él está amarrando las estructuras reales. Y esas diez visitas a Santiago no son turismo cibaeño; son un cerco electoral milimétrico en la plaza que decide elecciones.

Y por si faltaba picardía, suelta como quien no quiere la cosa que hasta las autoridades policiales lo visitan para hablarle de delincuencia. ¿Desde cuándo un precandidato recibe reportes de seguridad en los pueblos? Aquí el aspirante se salta las primarias, se pone el traje de Comandante en Jefe y, de paso, le da un pellizco al gobierno actual en su punto más débil.

Para rematar, nos recuerda que lleva dos años y medio gastando suela. La traducción es simple: «Yo no soy un paracaidista ni un invento coyuntural». El recado está dado. En este ajedrez, el que dice estar «sorprendido» de su propio éxito, suele ser el que lleva 30 meses calculándolo en frío.

-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-  rodriguezsluism9@gmail.com    https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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