Por: Melania Emeterio Rondón
Por desesperada que sea la causa de mi Patria,
siempre será la causa del honor y siempre estaré
dispuesto a honrar su enseña con mi sangre»
Juan Pablo Duarte.
En Dominicana, el calor del verano se siente intenso, y más intenso aun porque se vive bajo el fragor del altísimo costo de la vida, los feminicidios, excesivos precios de los combustibles, los accidentes de tránsito, los bajísimos salarios, y la violencia policial. Todo esto, al unísono, es una olla de presión a la que se agrega la campaña electoral, precipitada, de los partidos políticos, principalmente los mayoritarios, y los de la oposición: El P R M, partido de gobierno, La Fuerza del Pueblo, y el Partido de la Liberación Dominicana. Estas entidades obvian el hastío que están dejando en la población, pero como se dice hoy día, siguen dentro de su burbuja, mirándose y escuchándose a sí mismos, y ni siquiera han podido presentar un esquema formal de cómo solucionar algunos de los problemas del país. Para citar un caso, no han sido capaces de tomar con todo rigor sistemático la invasión haitiana, a sabiendas de que, es este el problema más grande que pueda tener país alguno.
En ese afán de llegar al poder, y luego eternizarse en el mismo, se concentran todos sus aprestos. No varían ni en sus discursos ni en las propuestas. Su rutina, de período en período, es tomar las debilidades y deficiencias de quien esté de turno en el gobierno, y hacer trizas de este, sin reconocerle mérito alguno. Así es como educan y predisponen al electorado. Ese es su patrón conductual, y en eso basan su campaña para llegar al trono mayor. Como este esquema es algo insalvable, y cerrado a cambios importantes, hay en la población un desgaste en la confianza hacia ellos. Como parte del desgaste. Es ese el motivo por el cual ha estado calando en la población, la idea de que los dineros que reciben, del Presupuesto Nacional, les sean reducidos a su mínima expresión, o que se lo retiren del todo.
Otro debate que se viene introduciendo en una parte importante la ciudadanía, es la posibilidad de que vayan a la presidencia otras personas que no pertenezcan a los partidos políticos, sino, que sean independientes de estos. Esta es una generalidad donde también se incluyen los llamados influencers. Para tal caso, se ponen ejemplos de países como Colombia y El Salvador, entre otros. He aquí nuestra preocupación, ya que cada país está obligado a forjarse su propio modelo. Como puede observarse, se está induciendo el pensamiento colectivo hacia otras directrices, otros caminos que no siempre resultan ser mejores.
Recientemente hemos visto cómo se han estado promoviendo, para la magistratura más alta del Estado, a influencers, y hasta usando importantes plataformas de comunicación para promoverlos y presentarlos como una promesa. En eso están cayendo hasta personas intelectuales, y otras que se las ve con mentes lúcidas. Promover a alguien, bajo el parámetro de la popularidad en las redes, y quizá por la masa de dinero que posea, no es juicioso. Mas bien, pueden estar induciendo a una gran confusión, y a falsas expectativas sobre el qué hacer en momentos de crisis de credibilidad de los partidos.
En estos momentos hay que tener el ojo y razonamiento bien alerta, sin perder nunca las perspectivas. El desencanto que se tiene sobre los partidos políticos, no debe llegar a poner en juego el porvenir del país. Estemos en atención para evitar ser víctima de situaciones que, al generar confusión e incertidumbre, puedan trascender, negativamente, la realidad actual. Aunque lo que se ha dicho sobre el sistema de partidos, tenga esa dimensión, no hay que precipitarse, ni desmoralizarse. Corresponde mejor, poner la mente a trabajar un poco más, y recordar que hemos tenido momentos más difíciles que estos: la invasión haitiana, la anexión a España, dominio de los franceses, y las invasiones norteamericanas. De todo esto nos liberamos, gracias al esfuerzo y la fe de hombres y mujeres de mentes lúcidas, y elevados pensamientos éticos sobre el destino del país.
Si el Sistema de partidos nos ha conducido al “hartazgo” como dijo alguien recientemente, si no vemos un porvenir auspicioso, entonces tomemos fuerza y coraje, y aboquémonos, desde nuestra creatividad, a elaborar un programa nacional que contenga un listado de valores y características que debería tener el presidente o la presidenta que merece el país, e incluso los funcionarios y funcionarias que queremos. Elaboremos el perfil que deberían tener los y las que aspiren a cualquier función pública. Hagamos una campaña intensa que conmueva y promueva valores. Este es un ejercicio ciudadano que el colectivo social va a saludar, y se incorporará. Hagamos este planteamiento, y olvidemos que estamos en la era de la inteligencia artificial. Más allá del ejercicio crítico, usemos el juicio, la propuesta, la creatividad y el empeño…
Tengamos vergüenza contra dinero, contra fama y contra liderazgos falsos e irreverentes. Que no perdamos nunca las perspectivas. Volvamos a las enseñanzas de nuestros fundadores y fundadoras, sobre todo para los momentos oscuros y difíciles donde se necesita el pensamiento y la acción más pura y elevada. Duarte dijo: “Por difícil que sea la causa de mi patria siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre».
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