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Salomé Ureña: poesía, magisterio y vida familiar en sus cartas

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El 21 de octubre de 2026 se cumplen 176 años del nacimiento de Salomé Ureña (1850-1897), una de las figuras más importantes de la poesía dominicana y una educadora comprometida con la formación de las mujeres. En su honor, en la República Dominicana se conmemora el Día de la Poesía, celebración que invita a recordar no solo su obra literaria, sino también su aporte a la educación y a la vida cultural del país.

Las cartas que Salomé intercambió con su esposo, Francisco Hilario Henríquez y Carvajal, ofrecen una mirada cercana a la época que ambos vivieron. En ellas se entrelazan las preocupaciones familiares, la crianza de sus hijos, el trabajo intelectual y las condiciones sociales de las mujeres, dificultades políticas del país. Son testimonios de una pareja que, pese a la distancia, mantuvo una profunda vida afectiva y compartió el deseo de construir un futuro mejor para su familia y su nación.

Francisco Hilario Henríquez y Carvajal nació el 14 de enero de 1859 y murió el 6 de febrero de 1935. Fue un destacado intelectual, educador, médico y político. Estudió filosofía y derecho constitucional con Eugenio María de Hostos, y derecho romano con Félix María del Monte. Más tarde viajó a París para estudiar medicina. Durante su trayectoria pública ocupó diversos cargos, entre otros, los de ministro de Relaciones Exteriores, de Correos y Telégrafos, y de Interior y Policía, así como responsabilidades en las áreas de Justicia e Instrucción Pública y Hacienda y Comercio. También fue delegado dominicano en la Conferencia de La Haya de 1907 y enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Haití. En 1916 ejerció la presidencia de la República por unos meses.

Según Rufino Martínez, en su Diccionario biográfico-histórico dominicano: 1821-1930, una de sus actuaciones más notables fue su labor como ministro durante el gobierno de Juan Isidro Jimenes, en la que se destacó como “un cooperador, consciente”. Esta trayectoria pública contrasta con la intimidad que revelan las cartas de Salomé: en ellas, el hombre de Estado aparece también como esposo y padre, destinatario de noticias domésticas, bromas y expresiones de cariño.

Durante su estancia en París, entre 1887 y 1891, Francisco se preparaba para obtener el título de doctor en medicina. Salomé, mientras tanto, atendía a sus hijos y dirigía su Instituto de Señoritas. La correspondencia se convirtió en un puente entre ambos: por medio de sus cartas compartían los acontecimientos familiares, las inquietudes intelectuales y las noticias de una sociedad atravesada por tensiones políticas.

En una de sus misivas, Salomé habla de sus hijos con ternura y humor, llamándolos “urraquitas”. También menciona las enseñanzas de Hostos y expresa sus sentimientos sobre la poesía y el magisterio. En otra carta, relata la emoción de sus alumnas al escuchar unos versos, describe las largas jornadas escolares y manifiesta su preocupación por la persecución política contra Hostos y su próxima partida a Chile. Sus palabras revelan a una mujer atenta tanto a la vida de su hogar como a los acontecimientos que afectaban al país.

Las cartas permiten comprender que la obra de Salomé no puede separarse de su compromiso con la educación. La poesía y la enseñanza fueron dos dimensiones de una misma vocación: contribuir al desarrollo cultural de la República Dominicana y ampliar las oportunidades de las mujeres. Su labor como maestra fue una forma concreta de poner sus ideales en práctica, mientras que su escritura dio voz a las aspiraciones, las tristezas y las esperanzas de su tiempo.

Leer hoy esta correspondencia es acercarse a una Salomé más íntima y cotidiana, sin dejar de reconocer su dimensión histórica. En sus páginas aparecen la poeta, la educadora, la esposa y la madre, pero también una mujer consciente de los desafíos de su sociedad. Su legado permanece vigente porque une la creación literaria con la defensa de la educación y la participación femenina en la vida nacional.

Don Pancho, como respetuosamente le llamaban a Francisco, estuvo en París desde 1887 hasta 1891, para graduarse de doctor en medicina.

Salomé le envía una carta el miércoles 11 de junio de 1888, donde le recrimina que comparta sus cartas con su hermano Federico y comenta las enseñanzas del maestro Eugenio María de Hostos, revela los apodos cariñosos que usaba para sus hijos, llamándolos “urraquitas”: Frank, Pibin, Max… aun no había venido al mundo Camila.

Pancho, mi amor:

Algunos días el corazón se aligera. ¿Quién puede explicar este misterio? Hasta Hostos, que siempre subraya el valor racional de las cosas, concuerda en que apenas entendemos los manantiales profundos de nuestro ser.

Tal parece que tu hermano Federico le mostró mi poema “Tristezas”. ¿Es que tu hermano tiene que leer toda nuestra correspondencia? Hasta lo que yo consigo pasar por detrás de él, tú se lo envías para su inspección.

Algo bueno resultó de la indiscreción de tu hermano: el Maestro estaba tan preocupado con tu estado mental que vino a hablarme. Debo admitir que me sentí optimista por el resto del día. El Maestro me recordó que la labor que hacemos es como sembrar una semilla en la tierra, que permanece invisible hasta que germina – diferente a un poema que puedo sostener en mis manos.

Me acusas de ser atrevida en lo que escribo, eso no es una nueva inclinación mía como bien sabes. El Maestro te manda saludos. Así como los tres urraquitas que insisten en poner sus marcas aquí:

¡Pancho ven pronto a casa!
Tu hijo Frank.

Pancho tráeme unas letras de madera para completar mi juego, Pibín  

(Max dice que ha escrito “su nombre grande”,   Maximiliano, supongo.)

Y finalmente, tu Salomé.

El domingo 21 de octubre de 1888, Salomé cumple treinta y ocho años (38), escribe a su amado esposo sobre los versos que fueron leídos por su cuñado Federico y que emocionaron a sus estudiantes, sobre el vestido de seda que le envió y sobre las medias blancas para los niños, sobre la persecución del tirano Lilis al Maestro Eugenio María de Hostos, y su viaje a Chile en diciembre de 1888, ha optado por marcharse. «Tal parece que solo tiene dos opciones, destierro o entierro».

Salomé le cuenta a Pancho de la jornada laboral y su consagración al magisterio, era lo que hoy conocemos como Jornada Extendida, sus «estudiantes que llegan a las siete y no se van hasta las seis de la tarde». No puede llevar a los niños a la orilla del mar, como ordenaste, por la epidemia del crup y le pregunta si era transmitida por los gatos, y que le preguntara a su profesor allá en París:
«¿Crees que el crup puede ser transmitido por un gato?  Por favor discute esto con Dieulafoy»

He aquí la carta:

Domingo 21 de octubre de 1888,

Mi queridísimo esposo:

Recibimos tu poema, el cual Federico tuvo la amabilidad de leer a mis estudiantes sin decirles quien lo había escrito, pero todos pensaron que tú eras el autor. Muy lindos versos.

No quedó un ojo seco en el salón. También recibí el hermoso vestido de seda que compraste en Nantes. Pero Pancho, mi amor, dónde voy a ir con ese vestido, si no salgo a ninguna parte sin ti? Por favor, la próxima vez recuerda que te pedí que no le envíes medias blancas a los niños porque son muy pequeñas, y he despedido a la lavandera para ahorrar dinero. Por cierto, que Max ya esta tan grande como Pibín, pero las medias chiquitas les servirán a algunos de nuestros tantos sobrinitos.

Las escuelas de Hostos están bajo ataque frontal. Mi Instituto, por ser para mujeres, se ha salvado hasta el momento de contratiempos. Pero a los estudiantes de Hostos los hostigan camino a clases. Hemos tenido que apostar a la entrada gente que nos apoya. Fiel a su apellido, tu hermano es el primero entre ellos. Aquí está a mi lado, quejándose de que lo adulo demasiado.

Todos estamos bien. He mejorado bastante del asma. Las elecciones de agosto fueron pacíficas, ¿Cómo no iban a serlo? Solamente votaron once mil de los cien mil hombres con derecho al sufragio, y todos estaban a favor de Lilís. Sus oponentes huyeron a Haití, desde donde, nos enteramos, están planeando una invasión. ¡nuestro antiguo enemigo ahora guarda las semillas de nuestro futuro! Pero queda por ver si la patria algún día retoñara.

Estamos trabajando día y noche para poder graduar la próxima clase antes de que Hostos se vaya en diciembre. Sí, el Maestro ha aceptado una invitación a Chile para organizar escuelas allí. Perdemos a nuestros mejores hombres. Tal parece que solo tiene dos opciones, destierro o entierro. Las estudiantes llegan a las siete y no se van hasta las seis de la tarde. Si te preguntas cuando es que llevo a los niños a la orilla del mar, como ordenaste, la epidemia de crup ha tomado tales proporciones que ya no me siento segura viajando en tranvía.

La única que tiene permiso para salir es Mimi. ¿Crees que el crup puede ser transmitido por un gato? Por favor discute esto con Dieulafoy.

Federico dice que no debo causarte preocupaciones, que te repita que los muchachos están bien, que mi asma está mejor y que tu primer poema en ocho años está muy bien.

Salomé continúa escribiendo y el 25 de octubre le cuenta a Pancho sobre la dedicación de sus seis estudiantes:

A continuación, transcribimos la misiva:

«Que escena tan conmovedora, Pancho. Quisiera que hubieses sido testigo. Imagínate a mis seis estudiantes mayores inclinadas sobre sus diagramas del interior de las flores (qué recuerdos, Pancho, qué recuerdos). Se quedan después de la clase para terminar sus lecciones de botánica y graduarse antes de que el Maestro se vaya. De vez en cuando, un suspiro de cansancio o de asombro escapa de sus labios”

Sus alumnas se entristecen al pensar que ella ha dejado de ser poeta, para ser maestra.

– Maestra, nos entristece pensar que usted ha dejado la poesía para educarnos.

– Pobrecitas, durante años han anidado este sentimiento de culpa. Además, le comunica que su gran sufrimiento era por el amor a su patria.

El lunes 24 de diciembre de 1888 día de Nochebuena, Salomé le dice a Pancho que Pibin (Pedro) se ha restablecido completamente del crup que lo mantuvo días y días entre la vida y la muerte, dice haber envejecido años en un mes, la enfermedad de Pibín, la partida de Hostos, en el poema Angustias expresa la profunda tristeza por la prolongada ausencia de su esposo. Aunque está rodeada de sus hijos, teme por el futuro de la familia y siente que la distancia y las amenazas de la muerte le roban la esperanza. Con desesperación, le pide que regrese, pues su presencia es esencial para recuperar la calma y la seguridad del hogar.

 

Angustias
(A mi esposo, ausente en Europa)

 

Torna a morir el sol Así pasando
van de tu ausencia los terribles días,
en mi semblante pálido marcando
la huella de profundas agonías.

Torna a morir el sol El hogar mío
de arpegios infantiles está lleno;
pero rueda del párpado sombrío
una rebelde lágrima a mi seno.

¿Podré, cuando regreses a mi lado,
rico de porvenir, rico de ciencia,
presentarte el tesoro inmaculado
de este grupo de amor y de inocencia?

¡Yo no lo sé! Cuando la muerte lanza
su aliento destructor sobre este suelo,
desfallece en mi pecho la esperanza
y me finge el terror mi hogar en duelo.

Yo no he visto en los círculos de Dante
más terrible ansiedad, más cruel angustia;
se rinde el corazón agonizante,
y el alma siento desolada y mustia.

¡Y tú sufres también! También los brazos
extiendes a tu hogar con el deseo,
y luchas del deber entre los lazos,
cual otro encadenado Prometeo.

¿Por qué dejé que tan prolija ausencia
así emprendieras en momento aciago,
sí me siento morir sin tu presencia,
sí en todo miro aterrador amago?

¿Si miramos los dos, lentas y frías,
entre duda y afán pasar las horas,
sin que calmen futuras alegrías
las nubes del pesar abrumadoras?

Imposible vivir así, llevando
la angustia en el espíritu, la muerte;
imposible vivir agonizando,
sin luz el mundo y la existencia inerte.

¡Acaba, llega! ¡Que el hogar sin calma
es de mis penas íntimas remedo;
que tiemblo por los hijos de mi alma;
que la vida sin ti me causa miedo!

El primero de marzo de 1889 se entera por la carta que envía a su hermano Federico que lo habían nombrado delegado al Congreso Americanista y que iba a escribir un artículo sobre los restos de Colón, le dice:

«Que ingrato de tu parte, Pancho, no contarme nada de esto. Todo lo que te afecta a ti, me afecta a mi…Por supuesto que esta noticia me ha molestado»

Entre la preocupación y el cariño: Frank en las cartas de 1889

El sábado 7 de abril de 1889 le pregunta a su querido Pancho si estaba seguro de que quiere que le envíe a Frank..

“le preocupa su mal comportamiento, sus berrinches, su violencia…Frank quiere ir a París para verte y a los osos…se ha estado portando mejor…ya no les pega a las niñitas, ni interrumpe sus clases con sus berrinches legendarios”

El lunes 17 de junio de 1889 le dice que Frank sale mañana con Don Eugenio veinticuatro días en el mar, le envía tabacos al doctor Dieulafoy a quien agradece todos sus consejos para tratar el asma…le dice que tuviera en cuenta el temperamento violento de Frank, le dice que cuide a su tesoro….

El jueves 15 de agosto de 1889, vísperas del día de la Restauración, Salomé le cuenta sobre la situación de sus hermanos:

“A Manuel, lo han deportado para Santo Tomas y a Federico lo metieron en la Fortaleza por un artículo sedicioso en contra de la última emisión de papel moneda de Lilís”.

Algunos le critican a Francisco que haya aceptado una beca para estudiar en Francia.

Salomé le cuenta que los niños leen:

“Pibín y Max están a mi lado Pibín le está leyendo a Max un periodiquito para niños, La edad de oro, que publica Martí en Nueva York, Betances en Brooklyn y Hostos en Chile, Penson camino al norte ¡Todo nuestro Caribe vive en otros lugares!”

Salomé Ureña fue una visionaria, se despide del mundo, el 6 de marzo de 1897 y en 1916 ocurre la primera intervención de los Estados Unidos en República Dominicana. Leamos atentamente el siguiente párrafo para que veamos el pensamiento de esta singular mujer, poeta, intelectual que presintió que los norteamericanos vendrían al país.

“Hemos tenido noticias de una primera conferencia panamericana en Washington, D.C., convocada por el presidente Harrison. (Federico pensaba asistir). Míster Harrison ha dicho que Estados Unidos quiere ser un vecino amistoso. ¡Amistoso en verdad, llegan y se apropian de lo que les venga en gana! Si no tenemos cuidado, un día de estos vamos a tener a un americano de gobernador en lugar del español de antes. Mientras tanto, se devoran su propio continente. ¿ Te enteraste de que han adquirido cuatro nuevos estados (cada uno más grande que nuestra pequeña patria)?  No recuerdo los nombres –estoy segura que Pibín sí, pero se encuentra en casa de Manina.

Los niños acaban de llegar e insisten en saludar a su padre. Me quitan la pluma de las manos.

Hola Pancho. Son Montana, Washington, Dakota del Norte y Dakota del Sur. (Se refieren a los cuatro estados de EU)

Hola Frank. Hola Madeimoselle.

Y tú Salomé”

 

El domingo 15 de abril de 1890, cuenta a su amado Pancho que “no les permitieron marchar a sus estudiantes, solamente a los varones, les aconsejó que se pusieran en fila en las aceras y que agitaran un pañuelo o un pedazo de tela negra. No puede ser que se nos niegue hasta el derecho al duelo”.

El sacerdote Francisco Javier Billini Hernández, fundador del Colegio San Luis Gonzaga y del Hospicio de Beneficencia, murió en la ciudad de Santo Domingo, el 9 de marzo de 1890. 

Salomé Ureña, reclama su derecho al duelo negado a sus estudiantes (tan solo por ser mujeres) del canónigo Francisco Xavier Billini, ella, que había ´celebrado su nombre en sus trovas´a ese ‘Espíritu sediento/ que en pos del bien y la virtud caminas’ en el  «Homenaje a Billini», escrito en 1875.

De admiración henchida,

al sacro fuego que mi mente inflama,

levanto conmovida,

un himno fiel de gratitud sentida

que tu ejemplar abnegación reclama.

 

Que si mi pobre lira

calla ante el vicio y la maldad del hombre,

siempre lo grande admira; 

y pues que digna tu virtud me inspira,

quiero en mis trovas celebrar tu nombre:

 

tu nombre bendecido,

que adora el pueblo fiel dominicano,

y siempre repetido

se escucha con amor del desvalido,

del niño tierno, del inerme anciano; 

 

Tu nombre, que venera

la nueva juventud que se levanta,

de quien la Patria espera

ciencia y honor y gloria duradera,

fruto del germen que tu celo planta.

 

Tu,  con afán ardiente,

un templo elevas al saber amigo,

y la razón naciente

corre a buscar de la instrucción la fuente

bajo tu dulce paternal abrigo.

 

Y lleno de entereza

vas preparando, por tu amor llevado,

un trono de grandeza

al porvenir que a vislumbrar empieza

este suelo de luz infortunado.

 

¡Espíritu sediento

que en pos del bien y la virtud caminas!

 

El género en Lira de Quisqueya

La antología Lira de Quisqueya, publicada por José Castellanos en 1874, reúne poesías acompañadas de notas biográficas. Su selección evidencia una marcada desigualdad de género: entre los diecinueve poetas incluidos, solo figuran dos mujeres, Salomé Ureña y Josefa Perdomo, frente a diecisiete hombres (17) que son los siguientes:

Manuel María Valencia, Javier Angulo Guridi, Felix María del Monte, Felix Mota, Jose Maria Gonzalez, Manuel de Js. de Peña, Jose Francisco Pichardo, Manuel Rodriguez Objio, José Francisco Pellerano, Jose Joaquin Perez, Miguel Roman i Rodriguez, Manuel de Js. Rodriguez, Federico Henriquez y Carvajal, Juan Isidro Ortea, Francisco Javier Medrano, Apolinar Tejera y Nicolas Ureña (1822-1875)

Esta diferencia no necesariamente refleja la ausencia de mujeres creadoras, sino también las limitaciones sociales y culturales que restringían su acceso a la educación, la publicación y el reconocimiento público. La presencia de Ureña y Perdomo resulta significativa, pues sus nombres aparecen junto a los de autores que ocupaban espacios literarios, políticos y profesionales. En particular, Nicolás Ureña —poeta, periodista, abogado y político, además de padre de Salomé— pertenecía al primer grupo de intelectuales dominicanos y participó en la vida pública de su época.

Así, Lira de Quisqueya no solo conserva una muestra de la poesía dominicana del siglo XIX: también permite observar quiénes tenían mayores oportunidades de ser reconocidos como autores. Su reducido número de mujeres invita a leer la antología como testimonio de una tradición literaria en la que la participación femenina existía, pero recibía una visibilidad mucho menor que la masculina.

En Salomé Ureña encontramos no solo a la poeta y educadora comprometida con su país, sino también a una mujer profundamente dedicada a su familia. Sus escritos y su vida revelan la ternura con que acogió la maternidad y el amor con que acompañó la crianza de sus hijos.

En diciembre de 1882, con motivo del nacimiento de su primogénito, Francisco Noel, Salomé escribió el poema «En el nacimiento de mi primogénito», dedicado a su esposo. En sus versos, la llegada del niño se convierte en una celebración compartida: una nueva vida ilumina el hogar y abre ante los padres un horizonte de esperanza.

¡Levántate, alma mía,/ por el materno amor transfigurada, /y a los confines del espacio envía/ el himno de la dicha inesperada!//

Y tú, que abres conmigo/ a esa ternura nueva el pecho en gozo,/ tú, que compartes cuando sueño abrigo,/ cuanta ilusión feliz en mi alborozo,// ven, y los dos a una/ el cántico de amor juntos alcemos,/ y del pequeño ser ante la cuna/ el alba del futuro saludemos:// el alba de esa vida/ que a iluminar nuestro horizonte alcanza,/ y a cuya luz vislumbra estremecida/ espacios infinitos de esperanza.// Los cielos se inclinaron,/ y descendió al hogar entre armonías/ el ángel que mis sueños suspiraron,/ nuncio de bendiciones y alegrías. //…*

Emocionada ante el nacimiento de su primer hijo, muestra la alegría de compartir sueños y responsabilidades. En estos versos, la maternidad no aparece separada de la creación poética: la experiencia íntima se transforma en palabra y alcanza una dimensión universal.

Dedica a su segundo hijo Pedro los siguientes versos:

MI PEDRO

Mi Pedro no es soldado; no ambiciona
de César ni Alejandro los laureles;
si a sus sienes aguarda una corona,
la hallará del estudio en los vergeles.

¡Si lo vierais jugar! Tienen sus juegos
algo de serio que a pesar inclina.
Nunca la guerra le inspiró sus juegos:
la fuerza del progreso lo domina.

Hijo del siglo, para el bien creado,
la fiebre de la vida lo sacude;
busca la luz, como el insecto alado,
y en sus fulgores a inundarse acude.

Amante de la Patria, y entusiasta,
el escudo conoce, en él se huelga,
y de una caña, que transforma en asta,
el cruzado pendón trémulo cuelga.

Así es mi Pedro, generoso y bueno,
todo lo grande le merece culto;
entre el ruido del mundo irá sereno,
que lleva de virtud germen oculto.

Cuando sacude su infantil cabeza
el pensamiento que le infunde brío,
estalla en bendiciones mi terneza
y digo al porvenir: ¡Te lo confío!

Mayo de 1890-julio de 1896**

A 176 años de su nacimiento, Salomé Ureña vive en la memoria dominicana por la amplitud de su legado. Admiramos su vocación de servicio, su entrega a la enseñanza y su dedicación como madre. Recordamos, sobre todo, a la poeta que enarboló la palabra como antorcha y defendió la educación de las mujeres y de todos como camino hacia la libertad y el progreso de los pueblos.

Salomé vive hoy más que nunca: en sus versos, en las aulas y en cada generación que encuentra en la educación una posibilidad de transformar su destino.

*Luis «Terror» Díaz musicalizó el poema «En el nacimiento de mi primogénito» (a Francisco Noel), escrito en 1882 por Salomé Ureña de Henríquez. Escuche la canción en la voz de la inolvidable Sonia Silvestre:

**Se considera como la ultima composición de nuestra querida Poeta Nacional: Salomé Ureña; sólo las dos ultimas estrofas son del mes de julio de 1896; las cuatro primeras fueron escritas en mayo de 1890. La cantautora Virna García ha musicalizado este poema.

 

 

 

 

 

 

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