TECLALIBRE | NOTI-ANÁLISIS INTERNACIONAL | 26 DE OCTUBRE DE 2026
Trump, Xi y Putin: ¿una nueva Yalta para repartirse el mundo sin pedir permiso a sus habitantes?
Una propuesta de cumbre entre Washington, Moscú y Pekín revive el fantasma de las esferas de influencia. Entre informaciones confirmadas, filtraciones diplomáticas y sospechas geopolíticas, surge una pregunta inquietante: ¿están las grandes potencias negociando el futuro de los demás a sus espaldas?
El mundo podría estar buscando nuevos dueños, aunque todavía nadie ha mostrado las escrituras
Por TeclaLibre | Análisis geopolítico
En los grandes salones de la diplomacia internacional, donde las sonrisas suelen esconder más que los silencios, comienza a circular una sospecha de dimensiones históricas: Donald Trump, Xi Jinping y Vladímir Putin podrían sentarse a discutir no solamente la guerra de Ucrania, sino las reglas de un nuevo orden mundial.
¿Un pacto secreto para repartirse el planeta? Todavía no hay pruebas de semejante acuerdo. Pero las informaciones recientes ofrecen suficiente material para que los analistas más suspicaces comiencen a desempolvar los mapas de 1945.
Y, como diríamos en buen dominicano, cuando tres gigantes comienzan a conversar sobre el vecindario, conviene averiguar quién está negociando el solar ajeno.
La noticia que encendió las alarmas
El 19 de octubre, The Wall Street Journal reveló, citando fuentes conocedoras de las conversaciones, que Putin había propuesto una reunión tripartita con Trump y Xi Jinping, posiblemente durante la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista para noviembre en Shenzhen, China.
La iniciativa habría surgido durante una conversación telefónica entre Putin y Trump el 9 de octubre.
El Kremlin reconoció que se había planteado la posibilidad del encuentro, pero aclaró que no existían acuerdos concretos sobre su celebración ni sobre su agenda.
Aquí termina lo confirmado y comienza el terreno de las versiones.
Según un antiguo funcionario de inteligencia ruso citado por el periódico estadounidense, Putin aspiraría a convertir esa reunión en una segunda Conferencia de Yalta: una negociación entre grandes potencias para delimitar sus respectivas esferas de influencia.
La afirmación es importante, pero procede de una fuente atribuida, no de un documento oficial que demuestre un plan concertado entre los tres gobiernos.
Tres potencias, tres patios y demasiados vecinos
La hipótesis que inquieta a determinados observadores internacionales dibuja un escenario inquietante.
Estados Unidos reafirmaría su predominio estratégico sobre América y el Caribe; Rusia buscaría reconocimiento de sus intereses sobre Ucrania y territorios de su antigua periferia soviética; mientras China procuraría ampliar su margen de maniobra en Asia oriental, particularmente alrededor de Taiwán.
No se trata de un reparto acordado, sino de una interpretación sobre las ambiciones de las tres potencias.
El periodista Steve Bloomfield, en The Guardian, advierte que semejante entendimiento podría debilitar las garantías de seguridad de Europa y de aliados estadounidenses en Asia.
Y el diario El País, en un análisis publicado este domingo 25, alertó sobre el peligro de una nueva Yalta que deje a Ucrania y Europa fuera de decisiones fundamentales para su futuro.
Pero conviene recordar que Pekín tiene importantes relaciones económicas con Europa y no necesariamente comparte todos los objetivos de Moscú. Tampoco está demostrado que Washington esté dispuesto a reconocer formalmente una zona exclusiva de influencia rusa.
Ucrania: ¿el primer plato del banquete?
El detalle más revelador de la propuesta es que la eventual reunión sobre Ucrania podría celebrarse sin Volodímir Zelenski.
El ministro ucraniano de Exteriores, Andrii Sybiha, cuestionó públicamente esa posibilidad, argumentando que una negociación entre Washington, Moscú y Pekín podría alentar a Putin, en lugar de facilitar la paz.
La controversia contiene una pregunta esencial: ¿pueden tres potencias decidir las condiciones de seguridad de un país soberano sin que ese país participe en la negociación?
La historia conoce demasiados ejemplos de acuerdos internacionales cuyos beneficios fueron celebrados en las capitales imperiales y cuyos costos terminaron pagando otros pueblos.
¿Y dónde queda el Caribe?
Para República Dominicana, el asunto no es una curiosidad distante.
Si prosperara una política internacional basada en esferas de influencia, las pequeñas naciones podrían enfrentar mayores presiones para limitar sus relaciones económicas, tecnológicas y diplomáticas con potencias rivales.
¿Podría Santo Domingo negociar libremente con Pekín sin despertar recelos en Washington? ¿Qué ocurriría con los puertos, las telecomunicaciones, las inversiones y las rutas comerciales caribeñas?
Son interrogantes, no consecuencias demostradas de un pacto inexistente.
El mundo no está repartido, pero alguien podría estar midiendo los solares
Hasta este 26 de octubre, no existe evidencia pública concluyente de un acuerdo secreto entre Trump, Xi y Putin para dividirse el mundo.
Lo verificable es que se ha discutido una posible cumbre tripartita. Lo atribuido a fuentes es la aspiración de Putin a una nueva Yalta. Lo demás pertenece, por ahora, al análisis y a la conjetura.
Sin embargo, la sospecha merece vigilancia periodística.
Porque los grandes cambios geopolíticos no siempre comienzan con tratados solemnes. A veces empiezan con conversaciones discretas, concesiones parciales y silencios cuidadosamente administrados.
Y si algún día los tres gigantes deciden sentarse a repartir influencias, sería conveniente recordarles un pequeño detalle:
El mundo tiene habitantes, no solamente territorios. Y ninguno ha puesto su país en venta.
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