Ir al supermercado en Nueva York con un presupuesto ajustado es una pesadilla. Basta un paseo por una tienda del Upper West Side para comprobar que un billete de 10 dólares solo da para una docena de huevos o una tableta de chocolate; y que con siete u ocho se puede comprar una libra de pechuga de pollo (algo menos de medio kilo) o un pack de cuatro yogures. Un informe del Ayuntamiento estimaba el año pasado que el precio de la comida había aumentado en la última década un 56%, 10 puntos más que la media de Estados Unidos.
Zohran Mamdani, que llegó este año a la Alcaldía con la promesa de ocuparse de las familias que más sufren para llegar a fin de mes, acaba de presentar la respuesta a ese compromiso: supermercados públicos con una gerencia privada que ofrezcan alimentos más baratos, con rebajas en algunos productos de hasta el 30%. Pero la solución no es del gusto de todos.
Las críticas no se han centrado en que los cinco supermercados que planea abrir (uno por cada distrito: Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island) a duras penas vayan a abastecer a una población de 8,5 millones de habitantes. Ni que los neoyorquinos vayan a tener que esperar años para comprar en estos paraísos del consumo asequible. Está previsto que el primer súper, el del Bronx, abra a finales del año que viene. Hasta 2029, el final de la legislatura, no estarán todos en funcionamiento. La mayor queja procede de los pequeños comerciantes, que denuncian competencia desleal, sobre todo los más cercanos a los nuevos supermercados públicos. Dicen que no podrán sobrevivir ante un competidor subvencionado por el Estado.
La idea es crear una cesta básica de alimentos cotidianos —productos frescos, carnes, pescados, mariscos, lácteos…— un 30% más baratos que en el resto de tiendas. Los precios fijos durante cada mes se aplicarán a todos los clientes, independientemente de sus ingresos. El resto de los productos se ofrecerá a precios de mercado. El Ayuntamiento construirá las tiendas y eximirá a los que las gestionen del pago del alquiler y de algunos impuestos. Además, aportará una ayuda para financiar los descuentos.
“No habrá fluctuaciones semanales ni sorpresas desagradables al pasar por caja”, dijo Mamdani el lunes en la presentación del programa. El Ayuntamiento calcula que estas tiendas permitirán reducir la factura media de sus clientes en un 15%, lo que equivale a unos 90 dólares mensuales o cerca de 1.000 al año.
Con estas tiendas, el primer alcalde socialista de Nueva York hace honor a una de sus promesas de campaña. Y lo hace después de marcarse otro tanto al congelar el alquiler de un millón de viviendas con renta controlada. Si entonces fueron los propietarios los que protestaron, en esta ocasión han sido los comerciantes, que creen que la innovadora iniciativa los puede llevar a la quiebra. Argumentan que sus márgenes de beneficio son muy reducidos —a menudo en torno al 1%— y que se enfrentan a unos costes muy elevados, de alquileres, materias primas y seguros.
“[Los nuevos establecimientos] competirán directamente con pequeñas tiendas y supermercados que llevan años en funcionamiento”, afirma Francisco Marte, fundador de Bodega and Small Business Group, organización que representa a las pequeñas tiendas de comestibles. Marte opina que sería mucho más efectivo que el Ayuntamiento destinara esos fondos a los comerciantes locales, que a su vez podrían trasladar los descuentos a los consumidores. “Nosotros podríamos cumplir su promesa”, concluye.
La respuesta de Mamdani es que su Administración ya opera algunos mercados subsidiados, y que estos no han dañado al comercio local. “En unos barrios tan densamente poblados, hay mercado para las tiendas existentes y para el Ayuntamiento”, dijo el alcalde el lunes. Según sus cálculos, más de 65.000 personas viven a 10 minutos del supermercado que van a abrir en Manhattan, y más de 150.000 del del Bronx.
Riesgos
Algunos economistas temen que los contribuyentes terminen asumiendo las pérdidas de estos supermercados públicos e incluso que, si algunas de las tiendas que ahora existen cierran, los precios en el mercado libre terminen subiendo. Pese a las críticas, es indudable que esta iniciativa viene a paliar un problema de pobreza cada vez más extendido en esta ciudad emblema del capitalismo. El informe The Poverty Tracker Report, presentado el año pasado por la ONG Robin Hood y la Universidad de Columbia, señalaba que en torno al 40% de las familias de Nueva York no podía afrontar el coste semanal de la comida y que uno de cada tres adultos carecía del dinero suficiente para hacer la compra.

Mamdani, además, presenta sus supermercados públicos en un momento en el que la carestía de la vida vuelve a ocupar el centro del debate en Estados Unidos. Será uno de los temas claves en las elecciones de medio mandato que se celebrarán el próximo noviembre.
Uno de los motivos que explican la victoria de Donald Trump en 2024 fue la altísima inflación que vivieron las familias estadounidenses durante la presidencia del demócrata Joe Biden. Los precios subieron aupados por shocks como la pandemia del coronavirus y la guerra de Ucrania. Y, aunque al final de su mandato las cifras mejoraron, Biden y su vicepresidenta y candidata a presidenta, Kamala Harris, nunca se libraron de la etiqueta de reyes de la inflación.
Trump ganó las presidenciales diciendo que él corregiría todo esto. Pero la guerra de Irán y las tensiones que ha provocado en los mercados energéticos han vuelto a elevar los precios. Aunque en junio la estadística ha mejorado algo gracias al alto el fuego con Teherán, que ahora ha vuelto a irse al traste, los precios subieron en mayo un 4,2% respecto a los meses anteriores, el ritmo más alto en tres años.
Mientras que las familias estadounidenses veían subir sus gastos, han tenido que oír al presidente decir en la Casa Blanca frases como: “Amo la inflación”. Mamdani, por su parte, ha decidido apostar fuerte con un proyecto arriesgado que no está claro que vaya a servir de ayuda a una mayoría de neoyorquinos de clase trabajadora. Pero al menos por ahora ha logrado la imagen de alguien que se preocupa por ellos.


