Por Leonel Martínez.
La magia del destino puede tocar a una persona común y transformarla en un personaje universal, de esos, que perduran en los siglos con carácter de inmortalidad. Aquel grito de Tierra salido de la parte más alta de la carabela La Pinta en la madrugada del 12 de octubre de 1492 puede ser descrito como un toque de trompeta que mostró las caras ocultas de nuestro planeta. Probablemente la voz estruendosa del marinero de Sevilla aun resuena en los oídos del tiempo como una señal imborrable de que nuevos caminos se abrían para iniciar una nueva era, quizás la más trascendente de la historia de la humanidad hasta entonces.
El joven marinero nacido en la ciudad de Sevilla en el famoso barrio de Triana en el 1469, era su nombre Juan Rodrigo Bermejo, uno de los tantos mozos que vagaban por las calles de la urbe sureña tirando los anzuelos de la suerte buscando pescar una oportunidad de trabajo y ese momento le llegó cuando el mayor de los hermanos Pinzón lo convenció para que formara parte de la tripulación de las tres carabelas que iban a zarpar del puerto de Palos de la Frontera en la expedición organizada por Cristóbal Colón en búsqueda de nuevos caminos para llegar a las Indias Occidentales.
En la mente del joven de mar estaban los sueños de regresar con riqueza de los posibles descubrimientos que implicaban este viaje, él tenía bien presente el anuncio de que el primero que alcanzara a ver Tierra desde una de las naves iba a recibir un jugoso premio, sin embargo, aunque él fue el primero en avistar Tierra, Cristóbal Colón alegó que él lo había hecho antes desde su nave La Santa María, lo que generó un disgusto en la tripulación de La Pinta, cuyo capitán terminó el 22 de noviembre separándose de las otras naves que formaban el viaje. A tal punto que en la travesía de regreso llegó por su lado a España entrando por la comunidad de Bayona y anunció el descubrimiento primero que el propio Cristóbal Colón, un mes después de su llegada el mayor de los Pinzón murió de una extraña enfermedad.
Como es sabido el almirante Cristóbal Colón realizó 4 viajes al área del Caribe con la confusión de que él creía que había llegado a las Indias, al extremo de que murió en 1506 creyendo que las tierras descubiertas no conformaban un nuevo continente y es precisamente el italiano Américo Vespucio quien en varios viajes realizados se da cuenta que esta zona conforma otro nuevo continente el cual fue llamado por el editor alemán Martín Wesmuller en un mapa confeccionado en 1507, quien bautizó estas tierras con el nombre de América en honor a Américo Vespucio quien falleció en 1511 desconociendo este acontecimiento.
Lo sucedido en América en los años de la colonización española es una historia demasiado conocida para volverla a repetir. Lo importante es que como la historia tiene múltiples miradas podríamos apreciar estos hechos con los ojos de la epopeya, con la contemplación emotiva de la poesía, con la ingenuidad de los cuentos infantiles o con la mirada profunda de la filosofía o con la vista curiosa de la cultura. Es evidente que la enorme riqueza interpretativa de la historia es una mina tan valiosa que pudiéramos extraer de ellas los más ricos tesoros.
Volviendo a nuestro personaje Juan Rodríguez Bermejo (Rodrigo de Triana) este formó familia y continuó participando en expediciones hasta América, la más importante de ellas fue la que realizó con Juan Sebastián Elcano, quien ya había hecho junto con Fernando de Magallanes la famosa travesía que le dio la vuelta al mundo e hizo contacto con las islas Molucas famosas por ser el lugar donde se producían las especias cuyo valor en Europa era mayor que el oro.
Un segundo viaje realizado por Juan Sebastián Elcano a través del Océano Pacifico rumbo a la isla de las especias, Juan Rodrigo Bermejo enfermó en la expedición y falleció, tenía entonces 58 años de edad, en palabras de Juan Sebastián Elcano quien luego resultaría muerto en el viaje, el Océano Pacifico se convirtió en el cementerio de los grandes expedicionarios de los españoles y portugueses como si este inmenso mundo de mar guardara en la profundidad de sus aguas un odio reservado en venganza a todas las injusticias que los europeos cometieron en contra de millones de aborígenes que fueron asesinados por la incesable sed de riqueza de unos europeos que prefirieron elegir de la oscuridad del infierno para el descanso de sus almas podridas.


