El cáncer de la codicia: de cómo el Instituto Oncológico del Cibao terminó convertido en un feudo familiar
-Por Redacción TeclaLibre-
Hay instituciones que se fundan bajo el sagrado juramento del altruismo, lugares donde la vulnerabilidad humana busca refugio y donde el dinero debería ser solo un instrumento para aliviar el dolor. El Patronato Cibaeño Contra el Cáncer y el Instituto Oncológico Regional del Cibao (IORC) nacieron con esa mística en el corazón de Santiago. Sin embargo, el más reciente golpe de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA) y la Fiscalía de Santiago —bautizado como Operación Onco 14— dibuja un panorama dantesco: la transformación de un faro de salud en una lucrativa «empresa familiar».
La cifra que maneja el Ministerio Público hiela la sangre: 148,660,116 pesos que debieron destinarse a quimioterapias, camas, insumos y al alivio de pacientes que libran la batalla más dura de sus vidas, habrían sido desviados entre los años 2018 y 2025.
En el centro de la trama, según las indagatorias del órgano persecutor, se encuentra el ingeniero Héctor Antonio Lora Cruceta. Lejos de la solemnidad que exige presidir un patronato benéfico, el expediente del Ministerio Público retrata a Lora Cruceta como el arquitecto de un entramado que operaba con la fría lógica del lucro personal.
El árbol genealógico de la gestión hospitalaria no deja espacio a la casualidad institucional: Héctor Antonio Lora Cruceta: Presidente del Instituto.
Dilcia Isabel Vargas Sánchez: Exesposa del imputado, quien asumió la vicepresidencia en el asalto administrativo de octubre de 2018.
Luisa Yasiris Guzmán: Actual cónyuge de Lora Cruceta, también señalada dentro de la estructura operativa del fraude.
Para este triunvirato familiar, el Ministerio Público ha solicitado formalmente 18 meses de prisión preventiva, buscando desmantelar lo que consideran un control absoluto y corporativo sobre los fondos de la entidad.
Un esquema a costa del SeNaSa y el dolor ajeno
El modus operandi descrito por las autoridades combina la perversidad humanitaria con la astucia financiera. La red no solo desfalcaba las arcas directas del Patronato, sino que utilizaba empresas fachadas e instrumentales —como Vargas Lora & Asociados, posteriormente mutada a Vargas Guzmán Accounting Center— para triangular y licuar los fondos públicos.
Lo verdaderamente alarmante de la Operación Onco 14 es el daño colateral. Los recursos desviados provenían en gran medida de las transferencias del Estado dominicano y de las coberturas del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa). Al sobrefacturar, desviar insumos o canalizar asignaciones especiales hacia cuentas particulares, los principales afectados terminaban siendo los pacientes del régimen subsidiado, aquellos que dependen de que cada centavo rinda para recibir a tiempo una dosis de esperanza.
¿Cómo se sostiene un esquema de esta magnitud durante casi siete años? La respuesta está en los estatutos violentados. Fuentes ligadas a la investigación señalan que las normas del Patronato solo permitían una permanencia de dos años en la directiva. Sin embargo, mediante maniobras de asambleas y un férreo control del entorno, la estructura Lora-Vargas se atornilló en el poder por más de un trienio del límite legal, bloqueando la alternancia y la fiscalización interna de los propios médicos del centro.
Por su parte, Lora Cruceta ha salido a los medios intentando defender su gestión, alegando que el patronato es una «institución privada» y cuestionando los señalamientos de la fiscalía sobre supuestas irregularidades médicas y salarios inflados dentro del centro.
El apunte de TeclaLibre: La justicia penal tendrá que demostrar la validez de sus pruebas en los tribunales, pero el debate ético ya está saldado en las calles de Santiago. Utilizar el dolor del cáncer para edificar fortunas familiares no es solo un delito financiero; es, por encima de todo, una profunda quiebra moral. La Operación Onco 14 apenas comienza a ventilarse en los juzgados, pero el tufo a indolencia ya resulta insoportable.
Para profundizar en la defensa del principal implicado y los argumentos presentados de manera pública, resulta ilustrativa la entrevista donde el Ingeniero Lora niega los actos de corrupción en el Oncológico del Cibao, ofreciendo su propia versión sobre el manejo de los fondos y los salarios de la institución.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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