POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA
ADRIANO ESPAILLAT CONTRA DARIALIZA ÁVILA CHEVALIER
¿DOMINICANIDAD VERSUS HAITIANIDAD, O LA BATALLA POR LA MEMORIA HISTÓRICA?
Por Ramón Emilio Espinola

RESUMEN
La contienda por el Distrito Congresional 13 de Nueva York ha trascendido los límites ordinarios de una primaria electoral para transformarse en un debate sobre identidad, memoria histórica y conciencia nacional dentro de la diáspora dominicana. Este ensayo examina las controversias suscitadas en torno a las posturas públicas atribuidas a Darializa Ávila Chevalier respecto al nacionalismo dominicano, la relación histórica entre República Dominicana y Haití, y su visión geopolítica sobre Israel. Asimismo, analiza el papel del congresista Adriano Espaillat y las contradicciones inherentes a la política contemporánea, donde la teatralidad suele sustituir al estudio y el eslogan pretende usurpar el lugar del conocimiento. Desde una perspectiva histórica y con el auxilio del sarcasmo como bisturí literario, se invita al lector a reflexionar sobre la importancia de conocer el pasado para no convertirse en víctima de la manipulación del presente.
INTRODUCCIÓN
La educación sigue siendo el único bálsamo capaz de aliviar las miserias colectivas. Los pueblos que leen, investigan y contrastan fuentes desarrollan anticuerpos contra el engaño; los que renuncian al estudio terminan adorando espejismos, aplaudiendo consignas y confundiendo la retórica con la verdad.
Quien conoce la historia difícilmente se deja seducir por poses de postalitas baratas o por las mímicas teatrales del corsario arrepentido.
La ignorancia ha sido siempre la mejor aliada de los demagogos, y la memoria, el peor enemigo de quienes pretenden reinventar el pasado para justificar los delirios del presente.
Recuerdo cuando Adriano Espaillat llevó a Washington a un grupo de dominicanos para conmemorar una fecha patriótica y presentó una versión desacertada de la bandera dominicana, provocando la crítica pública del Instituto Duartiano. Fue un episodio desafortunado. No obstante, los errores simbólicos, aunque irritantes, no constituyen necesariamente una sentencia perpetua. La historia enseña que los hombres pueden equivocarse; otra cosa muy distinta es persistir obstinadamente en el error hasta convertirlo en doctrina.
Hoy la controversia es otra.
Se trata de una discusión más profunda: ¿puede representar dignamente a una comunidad que ha expresado públicamente desprecio hacia los símbolos que esa comunidad considera sagrados?
EL NACIONALISMO COMO PECADO IMPERDONABLE
Darializa Ávila Chevalier, aspirante a desbancar al veterano congresista Adriano Espaillat, quedó atrapada en el espejo indiscreto de las redes sociales.
Entre 2020 y 2022 publicó mensajes donde cuestionó severamente el nacionalismo dominicano. En uno de ellos escribió que el nacionalismo era la razón por la cual no colocaba la bandera dominicana en sus perfiles y calificó dicho símbolo de manera profundamente ofensiva.
En otro mensaje lamentó la separación entre República Dominicana y Haití, afirmando que «pudimos haber tenido una Quisqueya libre, negra y unificada».
Posteriormente, en medio de la campaña electoral, reconoció públicamente que lamentaba varias de esas expresiones y ofreció disculpas por algunos de sus antiguos mensajes.
La pregunta, sin embargo, no es jurídica sino moral y política: ¿cuánto pesan las palabras cuando aspiran a convertirse en representación pública?
Porque los tuits tienen una curiosa costumbre: cuando uno pretende enterrarlos, adquieren la mala educación de resucitar.
LA EXTRAÑA MODA DE ODIAR LA PROPIA CASA
Existe una extravagancia intelectual muy de nuestro tiempo: algunos individuos consideran un acto supremo de sofisticación despreciar la patria que los vio nacer.
Se trata del nuevo aristocratismo ideológico: la elegante disciplina de escupir sobre la mesa donde uno aprendió a comer mientras se recitan teorías importadas con impecable pronunciación universitaria.
Desde luego, amar la patria no implica negar sus defectos. Ninguna nación es perfecta. La República Dominicana posee heridas abiertas, desigualdades y deudas históricas. Pero reconocer defectos no equivale a desear su disolución ni a trivializar los sacrificios que hicieron posible su existencia.
Una cosa es ejercer la crítica patriótica.
Otra muy distinta es declarar que los símbolos nacionales constituyen simple basura violenta y lamentar la existencia misma de la República.
LA MEMORIA DE SANGRE: EL DEGÜELLO DE MOCA
Los pueblos que olvidan terminan repitiendo tragedias con entusiasmo pedagógico.
Por ello conviene recordar que el proceso histórico dominicano estuvo marcado por episodios profundamente traumáticos.
Uno de ellos fue el Degüello de Moca.
El 3 de abril de 1805, durante la invasión encabezada por Jean-Jacques Dessalines, centenares de civiles fueron asesinados brutalmente en la villa de Moca.
Gaspar de Arredondo y Pichardo, testigo sobreviviente, narró que los invasores aparentaron respetar a la población congregada en la iglesia para un Te Deum, cerraron las puertas y perpetraron una matanza indiscriminada.
Hombres, mujeres y niños murieron atravesados por bayonetas y sables.
Las estimaciones históricas señalan aproximadamente quinientas víctimas en Moca, mientras otros centenares perecieron en Santiago, La Vega y localidades cercanas.
No fueron asesinados por pertenecer a una élite específica ni por profesar determinada ideología. Fueron víctimas de una guerra cruel, donde el odio y la venganza desbordaron toda consideración humana.
Aquellos acontecimientos dejaron una huella profunda en la memoria dominicana.
Ignorarlos no constituye progresismo.
Ignorarlos es analfabetismo histórico.
BOYER Y LOS VEINTIDÓS AÑOS DE OCUPACIÓN
También resulta indispensable recordar la ocupación haitiana iniciada en 1822 bajo Jean-Pierre Boyer.
Durante veintidós años desaparecieron las instituciones autónomas de la parte oriental de la isla.
Los haitianos cerraron la Universidad de Santo Domingo y las escuelas porque los haitianos querían que los dominicanos fueran analfabetos como ellos.
La Independencia proclamada el 27 de febrero de 1844 no fue una ocurrencia folclórica ni un accidente administrativo. Fue la lucha dominicana contra la barbarie haitiana.
Fue el resultado de conspiraciones, cárceles, persecuciones, destierros y sacrificios encabezados por hombres y mujeres convencidos de que un pueblo posee el derecho legítimo a gobernarse a sí mismo.
Duarte, Sánchez, Mella, María Trinidad Sánchez, Concepción Bona y tantos otros patriotas no fundaron una república perfecta.
Fundaron una esperanza.
Y las esperanzas nacionales suelen pagarse con sangre.
ESPAILLAT: ENTRE LOS ERRORES Y LA REPRESENTACIÓN
Adriano Espaillat tampoco habita el reino de los santos.
Como todo político veterano, arrastra desaciertos, contradicciones y críticas legítimas. Ha tomado dinero de casero que durante la última década han subido los alquileres a precios atmosféricos. Pero, así son todos los políticos.
La política moderna ha perfeccionado el arte de prometer imposibles con sonrisa fotogénica y abrazar electores como quien reparte indulgencias.
Sin embargo, para una parte importante del electorado dominicano, existe una diferencia sustancial entre los errores propios de un dirigente tradicional y las expresiones públicas que parecen cuestionar los fundamentos mismos de la identidad nacional. Y es justo decirlo, Adriano Espaillat no ha denigrado la patria conscientemente como su oponente.
El ciudadano decidirá.
Porque la democracia consiste precisamente en eso: elegir entre opciones imperfectas sin renunciar al juicio crítico.
CONCLUSIÓN: EL DEBER DE ESTUDIAR
La historia no debe utilizarse para sembrar odio ni para justificar prejuicios.
Pero tampoco puede convertirse en un cadáver incómodo que algunos intentan esconder bajo la alfombra del relativismo.
Educar es recordar.
Educar es contextualizar.
Educar es enseñar que ningún pueblo tiene derecho a despreciar a otro, pero que tampoco está obligado a renunciar a su memoria para demostrar tolerancia.
El verdadero patriotismo no necesita insultar a Haití ni glorificar conflictos pasados.
Le basta con reconocer que la República Dominicana existe porque generaciones enteras lucharon por ella y porque millones de dominicanos, dentro y fuera de la isla, continúan sintiendo legítimo orgullo de pertenecer a esa comunidad histórica. Porque hay dominicanos como yo que con más de seis décadas fuera del país y graduados en universidades de Estados Unidos conocen la historia dominicana mejor que la mayoría de los dominicanos que nunca han salido de la patria. Mis obras, y seis décadas de charlas son el aval que me garantiza lo que manifiesto.
La ignorancia produce fanáticos.
El conocimiento forma ciudadanos.
EPÍLOGO
El lector prudente advertirá que este ensayo no pretende alimentar animadversiones étnicas ni enemistades hereditarias.
La historia dominicana y haitiana es compleja, dolorosa y profundamente entrelazada. Ambas naciones han sufrido invasiones, dictaduras, pobreza, intervenciones extranjeras y tragedias humanas.
Precisamente por ello, la memoria debe servir para comprender y no para deformar.
Quien desconoce el pasado corre el riesgo de repetirlo.
Quien lo estudia adquiere herramientas para disentir con argumentos y no con consignas.
En tiempos donde las redes sociales premian la ocurrencia instantánea y castigan la reflexión pausada, leer historia constituye un acto de resistencia intelectual.
Y quizás esa sea la lección más importante: las patrias pueden sobrevivir a políticos mediocres, a ideologías pasajeras y a los vendedores ambulantes de utopías; lo que difícilmente sobrevive es a ciudadanos que renuncian a pensar.
BIBLIOGRAFÍA
- Arredondo y Pichardo, Gaspar de. Memorias de mi salida de la Isla de Santo Domingo el 28 de abril de 1805. Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia.
- Cassá, Roberto. Historia Social y Económica de la República Dominicana. Santo Domingo: Editora Alfa y Omega.
Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. Santo Domingo: Caribbean Publishers.
Rodríguez Demorizi, Emilio. Invasiones Haitianas de 1801, 1805 y 1822. Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia.
Troncoso Sánchez, Pedro. Vida de Juan Pablo Duarte. Santo Domingo.
Instituto Duartiano. Documentos y publicaciones sobre los símbolos patrios dominicanos.
Spectrum News NY1. «Espaillat and Avila Chevalier trade blows in combative NY-13 debate.» 2026.
- New York Post. «Mamdani-backed House hopeful Darializa Avila Chevalier apologizes for nasty X posts in feisty debate with Espaillat.» 2026.
- CNN Newsource. «Mamdani-backed congressional candidate deleted posts calling to seize private property, abolish police, borders, and prisons.» 2026.
- Diario Libre. «Adriano Espaillat se enfrentará en primarias a dominicana señalada por comentarios racistas en redes.» 2026.


