-SE MEDIRÁN EN LOS OCTAVOS DE FINAL-
El Mundial de 2026 ya tiene su primera noche de gala y drama garantizados. Las luces de los dieciseisavos de final se apagaron dejando un eco de autoridad en el Viejo Continente: España y Portugal cumplieron con los pronósticos, despacharon a sus rivales y sellaron un pacto de caballeros para medirse en los octavos de final. El fútbol, caprichoso y poético, ha querido que los dos vecinos peninsulares se jueguen la vida a miles de kilómetros de casa.
Lo de España ante Austria no fue un partido, fue una declaración de intenciones. El equipo de Luis de la Fuente saltó al césped con el libreto aprendido y una confianza ciega en su plan. De principio a fin, el choque tuvo un solo color. La zaga española, que sigue sin saber lo que es encajar un gol en lo que va de la fase eliminatoria, secó por completo cualquier atisbo de rebelión austriaca.
La solidez atrás fue el trampolín para el festival ofensivo. Mikel Oyarzabal, en estado de gracia, se adueñó de los focos firmando un doblete de puro delantero moderno, castigando cada grieta rival. Con el partido ya decantado, Pedro Porro se sumó a la fiesta para cerrar el 3-0 definitivo. España asusta por su fútbol, pero sobre todo por su abrumadora sensación de control.
Si lo de España fue un vals, lo de Portugal ante Croacia fue una batalla de trinchera. Los lusos miraron al abismo en un encuentro tenso, táctico y por momentos asfixiante. Croacia vendió cara su piel, pero este Portugal de 2026 tiene algo que no se compra en las escuelas de fútbol: alma y capacidad de reacción.
Cuando el partido agonizaba y el cansancio hacía mella, el conjunto portugués sacó a relucir su jerarquía. En unos minutos finales de infarto, los lusos cocinaron la remontada, le dieron la vuelta al 2-1 y recordaron al mundo que en el fútbol de eliminación directa, golpear el último es golpear dos veces.
Destino: Dallas
Dos estilos, dos caminos y una misma obsesión. España llega lanzada, con la portería blindada y el juego fluido. Portugal avanza con el pecho inflado tras superar la prueba del algodón del sufrimiento.
El próximo 6 de julio, el AT&T Stadium de Dallas se transformará en una sucursal de la Península Ibérica. No habrá espacio para la diplomacia vecinal; solo uno podrá seguir el viaje hacia los cuartos de final de la Copa del Mundo. La moneda está en el aire.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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