Faltan solo dos días para el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, fecha en la que el presidente Donald Trump había planeado que el estanque reflectante del monumento a Lincoln en Washington luciera espectacular con el azul de la bandera estadounidense. Pero en su lugar la obra en la que la Administración republicana invirtió 14,2 millones de dólares ha dejado el agua con un verde un tanto sospechoso con algas. En esas circunstancias, la fiscal del distrito de Columbia, Jeanine Pirro, una estrecha aliada del presidente, ha encontrado ya a un responsable de todo el desaguisado. Se trata de David Hearn, un antiguo piragüista olímpico de 67 años detenido en junio supuestamente por vandalizar la piscina. Este jueves ha sido imputado oficialmente por un cargo de destrucción de propiedad por valor superior a 1.000 dólares, una cantidad muy pequeña, que en un país como Estados Unidos serviría para prácticamente cualquier tipo de destrozo que se cause.
Hearn asegura que no hizo nada fuera de lo normal, más allá de meter las manos en el agua y tocar el sellador que se había desprendido durante un descanso de un paseo en bicicleta. “Solo era un ciudadano curioso. Supongo que estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado”, aseguró en una entrevista a The New York Times. La acusación sostiene que rompió o destruyó “maliciosamente” el material de revestimiento en el fondo del estanque el 19 de junio. Los abogados de Hearn negaron las acusaciones tras su arresto, que ocurrió pocos días después de concluir las obras del estanque, y acusaron a la Administración de Trump de tratar una conducta ordinaria como si fuera un delito.
Tras las críticas por la chapuza de las obras, Trump responsabilizó desde el primer momento a unos supuestos vándalos que se habrían cargado su proyecto soñado.
La fiscal Pirro, una antigua presentadora de televisión nombrada por el presidente, dijo el jueves en una rueda de prensa que las autoridades disponían de “pruebas contundentes” que sustentaban la acusación formal y condenó lo que calificó como “vandalismo sin control y desorden civil”. “Empleados del Servicio de Parques Nacionales observaron que Hearn arrancó y retiró de manera enérgica y violenta el revestimiento inferior usando ambas manos”, dijo. “Según los testigos, Hearn dañó aproximadamente dos pies cuadrados [0,18 metros cuadrados] del sellador del fondo de la piscina”. Cuando un empleado del parque le dijo que parara, según la fiscal Pirro, el ahora imputado se mostró, según la fiscal Pirro, “beligerante, grosero e irrespetuoso”.
Los abogados que representan a Hearn insistieron este jueves en que es completamente inocente. “Estos cargos son indignantes y deberían ser motivo de alarma para todos los estadounidenses”, aseguraron en un comunicado. “Esta acusación refleja el esfuerzo de la Administración de Trump por desviar la culpa de sus propios fracasos. En la víspera del Día de la Independencia de nuestra nación, los estadounidenses deberían estar profundamente preocupados por el uso indebido del poder gubernamental contra un ciudadano común”, continúa el comunicado.
El problema de las algas en el estanque reflectante no es algo nuevo. Administraciones anteriores ya habían tratado eliminarlas de este lugar emblemático de la capital de Estados Unidos. Pero expertos consultados por medios estadounidenses insisten en que los problemas actuales se deben a las prisas por acometer unas obras que debían estar listas para las celebraciones del 4 de junio. El fracaso en la reforma del estanque, que mide unos 620 metros de largo por unos 50 metros de ancho, ha sido durante las últimas semanas motivo de bromas en todo el país.


