EL TRATADO TRUJILLO-HULL
Cuando la soberanía tuvo precio
Por Ramón Emilio Espinola

Resumen
El Tratado Trujillo-Hull de 1940 constituyó uno de los acontecimientos diplomáticos y financieros más trascendentales de la historia contemporánea de la República Dominicana. Mediante este acuerdo, el Estado dominicano recuperó el control de sus aduanas, poniendo fin a un régimen de supervisión estadounidense iniciado tras la Convención Dominico-Americana de 1907 y reforzado durante la ocupación militar norteamericana (1916-1924).
Este ensayo examina el contexto político y económico que hizo posible el pago definitivo de la deuda externa en 1947 y el significado de este episodio para la construcción de la soberanía nacional. Asimismo, reflexiona sobre la paradoja histórica de que un régimen autoritario obtuviera uno de los mayores triunfos diplomáticos de la República, demostrando que la historia rara vez se deja encerrar en los cómodos moldes del blanco y el negro.
Palabras clave: Trujillo-Hull, deuda externa, soberanía, aduanas, Estados Unidos, diplomacia dominicana, Rafael Leónidas Trujillo.
Introducción
La historia posee un extraño sentido del humor.
Con frecuencia premia a quienes no esperamos, castiga a quienes parecían invencibles y, de cuando en cuando, obliga a reconocer méritos en personajes cuya trayectoria política resulta profundamente controvertida.
Ese es precisamente el caso del Tratado Trujillo-Hull. Donde se recuperaron las aduanas y, en ese intercambio, hasta Trujillo salió económicamente ganancioso.
Resulta incómodo para muchos admitir que uno de los actos de mayor afirmación de la soberanía económica dominicana ocurrió durante una de las dictaduras más férreas de América Latina. Sin embargo, negar un hecho porque incomoda nuestras simpatías ideológicas equivale a sustituir la historia por propaganda.
La historia no es un tribunal de aplausos ni una oficina de censura. Su deber consiste en registrar los hechos, comprenderlos y explicarlos.
Y los hechos indican que en 1940 la República Dominicana inició el camino para recuperar plenamente el control de sus aduanas, uno de los símbolos más sensibles de su independencia económica.
El Tratado Trujillo-Hull
El 24 de septiembre de 1940 (curiosamente, el día de la Virgen de las Mercedes) en la ciudad de Washington, fue firmado el Tratado Trujillo-Hull entre la República Dominicana y los Estados Unidos de América.
El acuerdo llevaba las firmas del secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull, y del general Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien había sido designado el 28 de agosto de ese mismo año como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en Misión Especial para representar oficialmente al Estado dominicano durante las negociaciones.
El objetivo fundamental del tratado consistía en poner término al sistema mediante el cual las aduanas dominicanas permanecían bajo supervisión norteamericana desde comienzos del siglo XX.
No era un simple asunto administrativo.
Quien controla las aduanas controla la principal fuente de ingresos fiscales de un país en ese momento de la mitad del siglo XX.
En otras palabras, la República Dominicana administraba su territorio, pero otro vigilaba la caja donde entraba el dinero.
Una independencia con interventor financiero siempre termina pareciéndose más a una franquicia que a una soberanía. O sea que el imperio seguía dominando a pesar de que sus tropas se habían marchado hace ya unos 16 años desde la firma de ese tratado.
El tratado estableció que la deuda pendiente ascendía a nueve millones de dólares, suma cuyo pago permitiría devolver definitivamente al Estado dominicano la administración de todas sus recaudaciones aduaneras.
El pago definitivo
El 21 de julio de 1947 tuvo lugar uno de los actos financieros más importantes de la historia nacional.
En una ceremonia oficial, el gobierno dominicano entregó un cheque del Tesoro Nacional por un monto de RD$9,271,855.55 al representante del gobierno de los Estados Unidos, Oliver Newman.
Con ese pago quedaba extinguida la deuda contemplada en el tratado.
La República Dominicana recuperaba plenamente el control de sus aduanas y desaparecía uno de los últimos mecanismos formales de supervisión financiera extranjera.
Durante el acto, Trujillo declaró:
«La República Dominicana es ahora libre y soberana; no existe ya vínculo alguno que limite la libérrima disposición de sus recursos económicos.»
Más allá del evidente contenido propagandístico de aquella afirmación —como ocurre en casi todos los discursos presidenciales del mundo, ayer y hoy— el hecho económico era real.
La deuda había sido pagada.
Las aduanas regresaban al control nacional.
Y ese dato pertenece a la historia, no a la publicidad oficial.
Una anécdota reveladora y hasta chistosa.
Las anécdotas, aunque no sustituyen a los documentos, suelen retratar el clima político de una época mejor que muchos tratados académicos.
Se cuenta que, en 1944, durante una recepción oficial en La Habana, el presidente de Cuba, Ramón Grau San Martín, se acercó al embajador dominicano Virgilio Díaz Ordóñez.
Grau era un abierto adversario político de Trujillo.
Sin embargo, inclinándose discretamente hacia el diplomático dominicano, le comentó:
—Virgilio, tú sabes cuánto detesto a Trujillo; pero debo confesarte que no sé cómo lo hizo. Admiro que haya logrado pagarles a los americanos lo que ustedes les debían para que entregaran las aduanas… y se fueran para el carajo.
Verdadera o adornada por el paso del tiempo, la anécdota resume un sentimiento compartido por buena parte de América Latina durante aquellas décadas: el anhelo permanente de ejercer la soberanía sin tutelas extranjeras.
Conclusión
El Tratado Trujillo-Hull no absuelve a una dictadura, pero tampoco puede ser borrado de la historia por razones ideológicas.
Las naciones maduras aprenden a distinguir entre la valoración moral de un gobernante y el análisis objetivo de determinadas políticas públicas.
Reconocer un acierto histórico no equivale a justificar un régimen.
Del mismo modo, condenar los abusos de un gobierno no obliga a negar cada uno de sus logros.
La historia es bastante más compleja que los panfletos.
Y suele ser infinitamente menos cómoda.
Epílogo
Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer la historia completa.
No una historia escrita por los aduladores del poder.
Tampoco una redactada exclusivamente por sus enemigos.
La verdadera historia exige documentos, contexto, comparación y pensamiento crítico.
El Tratado Trujillo-Hull constituye una magnífica lección para cualquier estudiante de historia política: un mismo personaje puede dejar simultáneamente un legado de graves violaciones a los derechos humanos y decisiones de enorme trascendencia para la soberanía nacional.
Comprender esa complejidad fortalece la cultura democrática.
Porque cuando la historia deja de ser investigación y se convierte únicamente en propaganda, deja también de enseñar.
Y un pueblo que aprende historia únicamente para confirmar sus prejuicios termina condenado a repetir sus errores con extraordinario entusiasmo.
Bibliografía crítica y comentada
- Atkins, G. Pope y Larman C. Wilson. The Dominican Republic and the United States. Analiza la evolución de las relaciones bilaterales y el contexto de los acuerdos financieros.
- Crassweller, Robert D. Trujillo: The Life and Times of a Caribbean Dictator. Biografía clásica que combina logros administrativos con un análisis crítico del régimen.
- Wiarda, Howard J. Dictatorship and Development: The Methods of Control in Trujillo’s Dominican Republic. Examina el funcionamiento institucional y económico del Estado trujillista.
- Vega, Bernardo. Trujillo y Estados Unidos. Estudio documental sobre las complejas relaciones diplomáticas entre ambos países.
- Vega, Bernardo. Los Estados Unidos y Trujillo. Compilación de documentos diplomáticos esenciales para comprender el período.
- Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. Obra de referencia indispensable para contextualizar el tratado dentro de la historia nacional.
- Moya Pons, Frank. Historia de la República Dominicana. Visión amplia y documentada del desarrollo político y económico del país.
- Ornes Coiscou, Rafael. Historia de las Finanzas Públicas Dominicanas. Estudia la evolución de la deuda y de las aduanas nacionales.
- Convención Dominico-Americana de 1907. Documento fundamental para comprender el origen del control aduanero estadounidense.
- Tratado Trujillo-Hull (1940). Texto oficial del acuerdo bilateral entre la República Dominicana y los Estados Unidos.
- Archivos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Correspondencia diplomática relativa a las negociaciones financieras entre ambos gobiernos.
(Nota) Incluimos esta extensa bibliografía para que los jóvenes de hoy y los que no son tan jóvenes conozcan las fuentes primarias para el estudio y la crítica.


