Nada de lo que vieron los estadounidenses en la transmisión del mensaje a la nación de Donald Trump, la noche del 16 de julio, fue nuevo ni sorprendente. Denuncias sobre cientos de miles de votantes sin ciudadanía estadounidense. Reclamos de robo, compra y hackeo de datos de votantes en 18 estados por parte de China. Referencias a supuestos programas del régimen de Nicolás Maduro para manipular digitalmente las máquinas de votación en 2020. Y el mensaje central de siempre: el sistema electoral estadounidense es vulnerable.
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