Aimé Fernand David Césaire, mejor conocido como Aimé Césaire, fue un destacado poeta, ensayista y político martiniqués, considerado uno de los precursores de los Estudios Poscoloniales, reconocido por ser el ideólogo del concepto de la negritud y por defender sus raíces africanas, nació en Basse-Pointe, Martinica, 26 de junio de 1913 y falleció en Fort-de-France el 17 de abril de 2008.
Era el segundo de siete hijos, su padre era cobrador de impuestos y su madre ama de casa. Su abuelo había sido el primer profesor negro de Martinica y su abuela sabia leer y escribir y enseño a sus nietos. Entre 1919 y 1924 va a la primaria en su ciudad natal, en 1924 obtiene una beca en el liceo Victor Schoelcher en la capital de la isla. Llega a París en septiembre de 1932 y en 1934 fundó la revista L’Étudiant Noire (El Estudiante Negro) junto con Leopold Sedar Senghor y Louis Gontran Damas, empezando a desarrollar su pensamiento sobre la identidad negra. Colabora con ellos Suzanne Roussy, con quien contraerá matrimonio en 1937. Es a través de este proyecto que Césaire empieza a utilizar el concepto de negritud, para resistir la opresión cultural colonial y promover la valorización de la cultura africana y negra. La negritud, más que una postura racial, es un humanismo activo que celebra la resistencia y la identidad de los oprimidos. En 1987, explicó que este concepto expresa la pertenencia a una comunidad que lucha por su dignidad, incluyendo historias de opresión y resistencia a lo largo del tiempo.
Entre 1935 y 1938 realiza estudios en la Escuela Normal Superior, de donde se graduará con la tesis «Le Thème du Sud dans la littérataure nègro-américaine des USA» (‘El tema del Sur en la literatura negro-estadounidense en EUA’).
En 1939 publicó su obra más famosa, «Cahier d’un retour au pays natal». ‘Cuaderno de un regreso al país natal’), año en el que regresa a Martinica. Él y Suzanne son asignados como profesores en el liceo Victor Schœlcher, donde Aimé tendrá como estudiantes a Frantz Fanon y a Édouard Glissant.
Actividad durante la Segunda Guerra Mundial
La situación en Martinica a finales de la década de 1930 estaba encaminada hacia la total alienación cultural, ya que la élite local prefería siempre todo lo proveniente de Francia, la metrópoli colonial. En temas literarios, las escasas obras martiniquesas adoptan la mirada exterior que se puede encontrar en los libros franceses que hablan de la Martinica.
Durante la Segunda Guerra Mundial, fundó la revista Tropiques apoyado por otros intelectuales martiniqueses como René Ménil y Aristide Maugée, en la cual colaboran no solo intelectuales sino también botanistas como Henri Stehlé y zoólogos como Robert Pincho, a fin de promover la cultura antillana y resistir la influencia colonial. Influenciado por el surrealismo, su obra y pensamiento impactaron a generaciones de intelectuales africanos y Posteriormente, tuvo una activa carrera política en Martinica, defendiendo la cultura y los derechos de su pueblo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos proceden a bloquear la Martinica, debido a la desconfianza que sienten ante los representantes del régimen colaboracionista de Vichy, lo que hace que las condiciones de vida en la isla se deterioren. El régimen instaurado por el Almirante Robert, enviado especial del gobierno de Vichy es racista y represor. En los pueblos fueron cesados los representantes electos negros y sustituidos por representantes de la aristocracia criolla, los békés. En ese contexto, la censura apunta de modo directo contra la revista Tropiques, que solo irá apareciendo con dificultades hasta 1943.
Cesaire es el gran ideólogo de la negritud en 1934, con el fin de oponerse a la opresión cultural del colonialismo frances. Rechaza la asimilación cultural impuesta por Francia y busca promover y valorar la cultura africana, que había sido despreciada por el racismo colonial. Más que una postura racial, la negritud es un movimiento cultural y humanista que expresa la pertenencia a una comunidad oprimida y en lucha continua, reconociendo su historia, tradiciones y sufrimientos. Césaire señala que no es una filosofía, sino una forma de vivir la historia de esa comunidad, marcada por la violencia y la resistencia. Además, Césaire critica el colonialismo europeo, denunciando
Aimé Césaire es considerado como uno de los precursores de los Estudios Postcoloniales. Establece una crítica hacia el colonialismo europeo, denunciando su hipocresía, inmoralidad y las desigualdades que ha generado, usando su ensayo «Discurso sobre el colonialismo» para evidenciar cómo la violencia colonial está presente también en Europa y cómo las ideas racistas han sido difundidas por la cultura occidental. Hace una comparación en este ensayo con el nazismo , no en términos de la violencia ejercida, sino en el uso de las mismas prácticas coloniales contra sociedades blancas europeas. Critica también el hecho de que la clase intelectual europea había difundido discursos racistas y esclavistas en el pasado. Finalmente, el autor hace un vínculo entre la violencia del capitalismo y la del colonialismo en repetidas ocasiones: “Lo queramos o no, al final del callejón sin salida que es Europa, aquella de Adenauer, de Schuman…y algunos otros, está Hitler… Al final del humanismo formal y de renuncia filosófica, está Hitler,” “El caso [contra Europa] es abrumador. Es como si un animal que, haciendo uso de su más elemental vitalidad, repartiera la sangre y sembrara la muerte, pues hay que recordar que históricamente bajo esta misma forma feroz se manifestó, en la consciencia y espíritu de los mejores, la revelación de la sociedad capitalista.”
En 1960 le conceden el Premio René Laporte. Publica en 1991 su libro de poesía Yo, laminaria. La poesía de Aimé Césaire tiene una apariencia de prosa y vigor visionario. Con una complejidad y aspereza de una cultura mestiza, conlleva un aire legendario, majestuoso, como de épica antigua. El escritor R. Depestre sitúa la «criollidad» de Césaire en un contexto dinámico más amplio y universal que cualquier definición restrictiva, y habla de una «criollidad» en movimiento hacia una dimensión donde la poesía trata con la belleza y la desgracia a la vez.
Cuaderno del regreso a un país natal, es el mas famoso poema largo de Cesaire, fue publicado por primera vez en 1939.
Fragmento del Cuaderno del regreso a un país natal, 1939.
… Y la voz dice que Europa durante siglos nos ha cebado de mentiras e hinchado de pestilencias
porque no es verdad que la obra del hombre haya terminado
que no tengamos nada que hacer en el mundo
que seamos unos parásitos en el mundo
que basta que nos pongamos al paso del mundo
pero la obra del hombre ha empezado ahora
y falta al hombre conquistar toda prohibición
inmovilizada en los rincones de su fervor
y ninguna raza tiene el monopolio de la belleza, de la inteligencia,
de la fuerza
y hay sitio para todos en la cita de la conquista y ahora sabemos que el sol gira alrededor de nuestra tierra iluminando la parcela que ha fijado nuestra sola voluntad y que toda estrella que cae del cielo a la tierra a nuestra voz de mando sin límite.
Ahora poseo el sentido de las ordalías; mi país es “la lanza de noche” de mis antepasados bámbaras que se arruga y su punta huye desesperadamente hacia el astil si se la rocía con sangre de pollo y dice que es sangre de hombre lo que necesita su temperamento, grasa, hígado, corazón de hombre, no sangre de pollo.
Y yo busco para mi país no corazones de dátil, sino corazones de hombre que, para entrar en las ciudades de plata por la gran puerta trapezoidal, golpeen la sangre viril, y mis ojos barren mis kilómetros cuadrados de tierra paternal y enumero las llagas con una especie de júbilo y las hacino una sobre otra como raras especies, y mi cuenta se alarga siempre con imprevistas acuñaciones de la bajeza.
Y aquí están aquellos que no se consuelan de no ser hechos a semejanza de Dios sino del diablo, aquellos que consideran que se es negro como se es dependiente de segunda clase: esperando mejorar y con la posibilidad de subir más alto; aquellos que capitulan ante sí mismos, aquellos que viven en el fondo de la mazmorra de sí mismos; aquellos que se envuelven con seudomorfosis orgullosa; aquellos que dicen a Europa: “Mire, yo sé cómo hacerle reverencias, cómo prestarle mis respetos, en suma, no soy diferente de usted; no haga caso de mi piel negra: me ha tostado el sol”.
Y hay el rufián negro, el áscari negro, y todos cebras se zarandean a su manera para hacer que el listado de sus pieles caiga en un rocío de leche fresca. Y en medio de todo esto yo digo ¡hurra! mi gran padre se muere, yo digo ¡hurra! la vieja negritud se cadaveriza progresivamente.
No hay que decir: era un buen negro. Los blancos dicen que era un negro, un verdadero buen negro, el buen negro de su amo.
Yo digo ¡hurra!
Era un muy buen negro,
la miseria le había herido pecho y espalda y habían metido en su pobre mollera que una fatalidad pesaba sobre él y que no la puede manejar a su antojo que no tenía poder sobre su propio destino; que un señor avieso había desde tiempo inmemorial escrito leyes de prohibición en su naturaleza pelviana; y ser el buen negro; creer honradamente en su indignidad, sin la curiosidad perversa de verificar nunca los jeroglíficos fatídicos.
Era un muy buen negro.
Y no se le ocurría la idea de que podría azadonar, ahondar, cortarlo todo, cualquier otra cosa verdaderamente que no fuese la caña insípida.
Era un muy buen negro.
Y le lanzaban piedras, trozos de chatarra, cascos de botella, pero ni esas piedras, ni esa chatarra, ni esas botellas…
Oh quietos años de dios sobre este mogote terráqueo!
Y el látigo disputó el chupeteo de las moscas el rocío azucarado de nuestras llagas.
Yo digo hurra! la vieja negritud
se cadaveriza progresivamente
el horizonte se deshace, retrocede y se ensancha
y entre desgarrones de nubes aparece el fulgor de un signo.
El negrero cruje por todas partes… Su vientre se convulsiona y resuena… La horrible tenía de su cargamento roe los intestinos fétidos del extraño niño de pecho de los mares.
Y ni el júbilo de las velas hinchadas como un abultado bolso de doblones, ni las jugarretas hechas a la tontería peligrosa de las fragatas policíacas le impiden oír la amenaza de sus gruñidos intestinos.
En vano para olvidarse de ello el capitán cuelga en su palo mayor el negro más gritón, o lo echa al mar, o lo entrega al apetito de sus molosos.
La negrería que huele a cebolla frita vuelve a encontrar en su sangre derramada el sabor amargo de la libertad
Y está de pie la negrería
La negrería sentada
inesperadamente de pie
de pie en la cala
de pie en los camarotes
de pie en el puente
de pie en el viento
de pie al sol
de pie en la sangre
çde pie
y
libre
de pie y no como una pobre loca en su libertad y su indigencia marítimas girando en la deriva perfecta y aquí está:
más inesperadamente de pie
de pie en los cordajes
de pie ante el timón
de pie ante la brújula
de pie ante el mapa
de pie bajo las estrellas
de pie
y
libre
Y el navío lustral hiende impávido las aguas
Desplomadas
Y ahora se pudren nuestras borlas de ignominia!
por el sol abrotoñado de medianoche
escucha gavilán que tienes las llaves de oriente
por el día desarmado
por el tiro de piedra de la lluvia
Escucha perro blanco del norte, serpiente negra del
Mediodía
que rematáis el cinturón del cielo
todavía hay un mar por cruzar
para que yo invente mis pulmones
para que el príncipe se calle
para que la reina me bese
todavía un viejo mar por asesinar
un loco por entregar
para que mi alma brille ladre brille
ladre ladre ladre
y que chille la lechuza mi bello ángel curioso.
El maestro de las risas?
El maestro del silencio formidable?
El maestro de la esperanza y la desesperación?
El maestro de la pereza? El maestro de las danzas?
Soy yo!
y por eso, señor
los hombre de cuello frágil
recibe y percibe fatal calmoso triangular
y para mí mis danzas
mis danzas de mal negro
para mí mis danzas
la danza rompe-argolla
la danza salta-prisión
la danza es-hermoso-y-legítimo-ser-negro
para mí mis danzas y salta el sol en la raqueta de mis manos
pero no el sol desigual ya no me basta
enróscate, viento, alrededor de mi nuevo crecimiento
pósate en mis dedos medidos
te entrego mi conciencia y su ritmo de carne
te entrego los fuegos donde se asa mi debilidad
te entrego la cadena múltiple
te entrego el pantano
te entrego el intourist del círculo triangular
devora desea
te entrego mis palabras abruptas
devora enróscate
y enroscándote abrázame con un más vasto
estremecimiento
abrázame hasta el nosotros furioso
abraza, abrázanos
pero habiéndonos igualmente mordido
hasta la sangre de nuestra sangre mordido,
abraza, abraza mi pureza sólo se enlaza con tu pureza
pero entonces abraza
como un campo de apretados filaos
en la noche
nuestras multicolores purezas
y enlaza, enlázame sin remordimientos
enlázame con tus inmensos brazos de arcilla luminosa
enlaza mi negra vibración al ombligo mismo del mundo
enlaza, enlázame, áspera fraternidad,
y luego, estrangulándome con tu lazo de estrellas, sube,
paloma
sube
sube
sube
Yo te sigo, impresa en mi atávica córnea blanca,
sube lamedor de cielo
y el gran agujero negro donde yo quería ahogarme
en la otra luna
es allí donde quiero pescar ahora la lengua maléfica
de la noche en su inmóvil vibración”.
El texto expresa una profunda reflexión sobre la historia, la identidad y la lucha de los pueblos, especialmente en relación con África y su herencia negra. Critica las mentiras y la opresión que Europa ha impuesto durante siglos, afirmando que la obra del hombre no ha terminado y que aún hay mucho por conquistar. Se rechaza la idea de que el hombre sea solo un parásito en el mundo y se reivindica la capacidad de la humanidad para conquistar todas las prohibiciones y limitaciones.
El narrador denuncia la percepción de inferioridad impuesta por el racismo, rechazando la idea de que la raza negra sea solo un símbolo de dependencia o inferioridad. Celebrando la recuperación de la dignidad y la libertad, afirma que la negritud está en proceso de caducidad, y que la historia de opresión y esclavitud no define su destino final. La imagen del barco que navega libre y desafiante simboliza esa liberación y resistencia.
Asimismo, se revela un fuerte orgullo por la cultura y la identidad negra, expresando que las danzas, la música y la fraternidad son formas de afirmar esa dignidad. El poema invita a la unión y a la fraternidad, a enlazar corazones y almas sin remordimientos, en un acto de afirmación y rebeldía contra la opresión. En definitiva, es un canto a la libertad, la resistencia y la afirmación de la propia identidad frente a las imposiciones y el olvido.
Aime Cesaire estuvo muy vinculado con el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, quien fue pionero en rescatar los mitos mayas y el realismo mágico en la literatura hispanoamericana; ambos usaron la literatura como resistencia política contra el colonialismo y las dictaduras, defendían su identidad, la mitología y las raíces de los pueblos indígenas y afrodescendientes frente al canon eurocéntrico, le dedica un poema tras su fallecimiento, titulado «Quand Miguel Ángel Asturias disparut» (Cuando Miguel Ángel Asturias desapareció) donde le tributa un profundo respeto con imágenes poderosas, lo describe como un «hábil tallador de pedernal» y un «sembrador al voleo de semillas de oro», vinculando la palabra del premio nobel guatemalteco con la tierra, los volcanes y la magia de sus mitos.
hábil tallador de pedernal
sembrador al voleo de semillas de oro en la densa
crin de la noche hipocampo
cultivador demente de diamantes
mellador de hachas como ningún árbol de la selva
Miguel Ángel se sentaba en el suelo
y ponía un amuleto en el huesecillo de sus palabras
cuatro palabras de sol blanco
cuatro palabras de ceiba roja
cuatro palabras de coralillo
Miguel Ángel se tomaba un buen trago
de aguardiente de estrellas maceradas por nueve noches
que hervía en la garganta no extinta de los volcanes
y su tráquea de obsidiana
Miguel Ángel contemplaba en el fondo de sus ojos
las semillas que alcanzaban gravemente su perfil de árboles
Miguel Ángel acariciaba con su pluma
la gran bóveda de los vientos y el remolino polar
Miguel Ángel iluminaba con pinos verdes
la cabeza azul de los papagayos en la noche
Miguel Ángel bañaba con sangre de estrellas lácteas
de venas esmaltadas y frondas de luz
la huella gris
de la hora del día de los días del tiempo de los tiempos
y luego
Miguel Ángel desataba sus músicas severas
una música de arco
una música de olas y jícaras
una música de ríos que gimen
puntuada por cañonazos y frutos del curupay
y los buriles de cuarzo tamborileaban
las agujas de jade despertaban a los cuchillos de pedernal
y los árboles resinosos
Miguel Ángel hechicero de los versos relucientes
el samán se tambaleaba con sus locos brazos enredados
con todos sus dijes de máquinas extraviadas
con la risilla del mar en calma
en el cuello cosquilludo de las caletas
y la amistad minuciosa del Gran Viento
cuando las flechas de la muerte alcanzaron a Miguel Ángel
no lo encontraron yaciente
sino erguido en su gran estatura
al fondo del lago que se iluminó
Miguel Ángel hundió su piel de hombre
y se puso su piel de delfín
Miguel Ángel se quitó la piel de delfín
y se volvió arcoiris
Miguel Ángel se desvistió la piel de agua azul
vistió su piel de volcán
y se instaló montaña siempre verde
en el horizonte de todos los hombres


