«Prórroga sin garras no sirve»
El mensaje de la Cancillería en el Consejo de Seguridad de la ONU fue contundente: renovar el papel de la misión multinacional es puro maquillaje si no hay recursos reales y acciones de fuerza. La República Dominicana elevó el tono para dejar claro que la diplomacia de «declaraciones y resoluciones» se quedó corta frente a la violencia en las calles de Puerto Príncipe.

Los dos pilares de la postura dominicana:
1- Paso de Misión de Apoyo a Misión de Supresión: Ya no se trata solo de patrullar o acompañar a la policía haitiana; el gobierno dominicano exige el despliegue acelerado de la Fuerza de Supresión de Pandillas, con mandato de combate y capacidad operativa real.
Asfixia financiera a los «cuellos blancos»: Apuntar directamente a las sanciones. Las bandas no operan en el vacío: compran armas de alto calibre y financian logística con dinero de actores políticos y empresariales. Cortar ese grifo es la prioridad.
En la Prensa Escrita y Digital, los titulares dominicanos valoran el discurso como un apretón de tuercas necesario ante la inacción de las grandes potencias. Resaltan que República Dominicana está asumiendo una carga desproporcionada en materia de seguridad fronteriza e impacto hospitalario.
La prensa internacional pone el foco en las dificultades logísticas y presupuestarias de la misión de la ONU, destacando el escepticismo de países vecinos sobre la lentitud de los países cooperantes para enviar fondos y efectivos.
En redes Sociales (X, Instagram), se hace evidente el sentir ciudadano. Hay coincidencia en que la diplomacia debe ir acompañada de un control fronterizo férreo. El término «asfixia a las bandas» se volvió tendencia, acompañado de reclamos para que EE. UU. y la UE aceleren la lista de sancionados.
Se cuestiona constantemente cuánto tiempo más la ONU mantendrá una postura defensiva mientras el control territorial de los grupos armados sigue expandiéndose.
En el circuito de Podcasts y Paneles de Análisis, expertos señalan que RD busca cambiar la narrativa: Haití no es solo un problema humanitario o migratorio, sino un riesgo de seguridad nacional y regional.
La gran interrogante en los paneles es quién pondrá el capital político y militar necesario para enfrentar directamente a los carteles y pandillas, dado que las misiones anteriores han dejado un sabor amargo en la comunidad internacional.
Santo Domingo vuelve a poner la pelota en la cancha del Consejo de Seguridad. Pedir sanciones a los financiadores es golpear donde más duele, pero la efectividad dependerá de qué tan dispuestas estén las potencias a meter el bisturí en las estructuras de poder que sostienen el caos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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