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EDITORIAL: La guerra económica contra Irán y el riesgo de abrir otro frente con China
Por: Carlos Márquez Cabrera /
Lo que comenzó como una guerra entre Estados Unidos e Irán está adquiriendo una dimensión mucho más amplia.
La nueva estrategia de Washington ya no apunta únicamente contra Teherán.
También coloca bajo presión a los países, empresas e instituciones que mantienen relaciones económicas con Irán.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que Washington prepara lo que calificó como “las sanciones más duras de la historia”.
Según Reuters, Bessent presentó las nuevas medidas como parte de una estrategia combinada de sanciones y bloqueo, destinada a aumentar la presión económica sobre Teherán y reducir la necesidad de nuevas operaciones militares.
Pero el anuncio adquiere otra dimensión, cuando se observa quién mantiene abiertas las principales vías comerciales de Irán.
Reuters señala que China compra más del 80% del petróleo iraní, transportado por vía marítima.
Por eso, la advertencia de Washington contra quienes continúen ayudando económicamente a Teherán tiene inevitablemente, una dimensión china.
Y Pekín ya respondió.
China rechaza las sanciones como solución y sostiene que la presión económica no resolverá el conflicto. Su posición es que, la salida debe ser política y diplomática.
Aquí aparece una de las cuestiones centrales de esta nueva fase.
El Financial Times interpreta el movimiento estadounidense, como una ampliación de la guerra económica contra Irán.
Es decir, Washington intenta utilizar su enorme capacidad financiera para cerrar las vías que todavía permiten a Teherán, comerciar, obtener ingresos y mantener conexiones con la economía internacional.

El Wall Street Journal, sin embargo, lleva la discusión hacia un terreno más concreto.
Su análisis apunta a las redes comerciales y financieras que pasan por Dubái, un centro fundamental para las relaciones económicas iraníes.
La dificultad, por tanto, no consiste simplemente en anunciar sanciones. Consiste en hacerlas efectivas sin afectar a terceros países y sin provocar consecuencias económicas para los propios aliados de Estados Unidos.
Por igual, la agencia AP introduce una advertencia todavía más importante.
Irán lleva décadas sometido a sanciones estadounidenses y ha desarrollado mecanismos para sobrevivir a ellas.
Por eso, existen dudas, sobre si una nueva escalada será suficiente para provocar la capitulación de Teherán.
Algunos analistas consideran que una presión adicional podría finalmente obligar a Irán a negociar.
Otros advierten que las sanciones pueden producir el efecto contrario: endurecer la posición iraní, deteriorar las relaciones con los aliados y reducir las opciones diplomáticas de Washington.
Y aquí encontramos el elemento que puede transformar esta crisis en algo mucho mayor.
Si Estados Unidos intenta impedir que China continúe comprando petróleo iraní, la disputa dejará de ser exclusivamente una confrontación con Teherán.
Se convertirá también en una prueba para las relaciones entre Washington y Pekín.
Y esto ocurre precisamente cuando los BRICS están desarrollando, sistemas de pagos, financiamiento y comercio, en monedas nacionales destinados a reducir su dependencia del dólar.
Entendemos que, esa realidad, merece atención.
Estados Unidos está utilizando el poder financiero del dólar, para aumentar la presión sobre Irán.
Pero cuanto más se extienda ese poder, contra terceros países, mayor puede ser el incentivo para crear mecanismos alternativos.
No significa que el dólar vaya a perder su posición dominante mañana. Significa que las sanciones pueden generar incentivos, para construir alternativas.
Irán ya habla de fortalecer el comercio en monedas nacionales, mientras China dispone de su propia infraestructura financiera.
Apropósito de China, los BRICS, avanzan en mecanismos de pagos transfronterizos independientes.
Por eso, el verdadero alcance de esta nueva estrategia, todavía está por determinarse y, en lo que se determina, Estados Unidos debe meditar, si las sanciones conseguirán doblegar a Irán.
Entonces, la pregunta obligada es, qué ocurriría, si para conseguir la doblez iraní, Washington termina enfrentándose económicamente con China y acelerando la búsqueda de alternativas al sistema financiero dominado por Estados Unidos.
Teclalibre Multimedios, formula esa pregunta, a partir de lo que están advirtiendo los periódicos occidentales más importantes, respecto a que, la eficacia de una guerra económica no depende únicamente de la fuerza de quien sanciona, sino también, de la capacidad de quienes son sancionados y de sus socios, para encontrar otras rutas.
Por esto último, Teclalibre se suma, a la idea de los grandes medios, que ven en la guerra económica contra Irán, el riesgo de abrir, otro frente con China