¿Espejitos por “tierras raras”?: El nuevo abrazo minero entre RD y Estados Unidos
Bajo los elegantes candelabros del Salón Verde de la Cancillería, la diplomacia se vistió de minería. La República Dominicana y Estados Unidos acaban de firmar un rimbombante «marco de cooperación» para las tan codiciadas tierras raras y minerales críticos. ¿El objetivo oficial en el papel? Fortalecer la cadena de suministro y promover inversiones conjuntas. ¿La lectura entre líneas para el que sabe de geopolítica? Washington está en una carrera desesperada por asegurar los minerales del futuro antes de que el dragón chino acapare el mercado, y nuestra media isla acaba de poner su patio a disposición en esta nueva guerra fría tecnológica.
En la foto de rigor abundaron las sonrisas y los apretones de manos. De un lado, Víctor “Ito” Bisonó —haciendo los honores con el sombrero de Relaciones Exteriores bien puesto— y del otro, la embajadora estadounidense Leah F. Campos, bajo la atenta y calculador mirada de Joel Santos, el hombre de Energía y Minas.
Bisonó, asumiendo el discurso del patriotismo económico, nos vendió el acuerdo como la gran brújula para «proteger nuestros intereses nacionales». Según su alocución, la idea es que raspar nuestro subsuelo nos deje algo más que cráteres y promesas. Sin embargo, fue la embajadora Campos quien soltó la verdadera perla de la mañana: aseguró que esto garantiza no depender «de la buena voluntad de otro». Un dardo envenenado directo al buzón de Beijing, disfrazado de «prosperidad compartida».
Pero aquí asoma la verdadera picardía del asunto, el detalle jugoso que los comunicados de prensa prefieren enterrar en el último párrafo: este histórico y cacareado pacto no obliga a absolutamente a nadie a nada.
Tal como lo lee. El texto especifica, con una claridad jurídica que espanta, que se trata de un simple «plan de acción político» que no crea obligaciones legales, no otorga derechos exigibles y no da pie a ningún reclamo internacional. En buen dominicano: es un bulto diplomático de muy buenas intenciones. Un papel para certificar que somos «socios de confianza» de los gringos mientras ellos aseguran la materia prima de sus tecnologías avanzadas.
Al final del acto, la burocracia aplaudió, los viceministros posaron para la cámara y los ejecutivos de la naciente Empresa Minera Dominicana (Emidom) se frotaban las manos. Queda por ver si esta diplomacia extractiva dejará verdadero valor en nuestras arcas, o si terminaremos entregando nuestras tierras más raras a cambio de espejitos diplomáticos de la más común denominación.
¿Estamos ante un verdadero negocio a largo plazo, o somos solo el peón caribeño en el tablero de las potencias? Amanecerá y veremos.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre- rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada/


