InicioCEREPOESIAUCRANIA-RUSIA, LOS ESFUERZOS DE PAZ DE DONALD TRUMP Y LA DESCONFIANZA EUROPEA

UCRANIA-RUSIA, LOS ESFUERZOS DE PAZ DE DONALD TRUMP Y LA DESCONFIANZA EUROPEA

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Por Carlos Márquez Cabrera /

La nueva misión diplomática de Steve Witkoff, enviado especial del presidente estadounidense Donald Trump, vuelve a colocar la guerra de Ucrania en el centro de las negociaciones internacionales.

Su encuentro previsto para este martes en Oslo con el presidente Volodímir Zelenski, antes de un posible desplazamiento a Moscú para reunirse con Vladímir Putin, busca reactivar una negociación que enfrenta obstáculos militares, territoriales y estratégicos.

La iniciativa cuenta con la participación de Noruega y Finlandia, que pretenden contribuir a encauzar los esfuerzos diplomáticos por una vía más constructiva. Sin embargo, el acercamiento se produce en un momento de tensión entre Washington y Kiev, agravada por las diferencias sobre los ataques ucranianos contra infraestructuras energéticas rusas, el suministro de defensas aéreas y el acceso a capacidades de inteligencia y comunicaciones satelitales.

El problema fundamental consiste en determinar si la diplomacia estadounidense puede construir un acuerdo aceptable para Ucrania sin convertir las exigencias de Moscú en las condiciones dominantes de una eventual paz.

Un alto el fuego puede detener temporalmente las hostilidades, pero no garantiza por sí mismo la seguridad territorial de Ucrania ni impide una futura reanudación de la guerra.

La posición del canciller alemán Friedrich Merz introduce otra dimensión en esta negociación.

El jefe del Gobierno alemán ha insistido en que los aproximadamente 210.000 millones de euros en activos rusos inmovilizados en Europa deben permanecer bajo control europeo.

Su declaración respondió a informaciones sobre una propuesta estadounidense para supervisar parte de esos recursos con el propósito de reactivar las conversaciones de paz.

La diferencia no es meramente administrativa.

El control de esos activos representa una cuestión de soberanía económica, capacidad de presión sobre Rusia y financiación de las necesidades ucranianas.

Berlín sostiene que las decisiones sobre recursos inmovilizados en territorio europeo corresponden a las instituciones europeas, no exclusivamente a Washington.

La posición editorial de Le Monde también merece atención.

El periódico francés ha advertido que el acercamiento entre Estados Unidos y Rusia, incluido el acuerdo relacionado con el gasóleo ruso, sorprendió a Kiev y a sus aliados europeos mientras se discutían posibles garantías de seguridad.

Su cobertura refleja la preocupación por una negociación en la que Europa podría terminar asumiendo buena parte de los costes de la guerra y de la reconstrucción, sin disponer de una influencia proporcional en las decisiones fundamentales.

El desenlace de la misión de Witkoff dependerá de la capacidad de las partes para conciliar sus intereses y establecer compromisos verificables.

Hasta ahora, la celebración de reuniones no equivale a un acuerdo ni permite asegurar que Moscú acepte las condiciones necesarias para una paz duradera.

Europa enfrenta, por tanto, un doble desafío: contribuir a terminar la guerra y garantizar que la solución no comprometa su propia seguridad.

 La diplomacia puede abrir el camino hacia la paz, pero su credibilidad dependerá de que Ucrania participe efectivamente en las decisiones y de que las garantías acordadas puedan cumplirse.

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