TECLALIBRE | NOTI-ANÁLISIS INTERNACIONAL | 26 DE OCTUBRE DE 2026
Macron acusa a las redes sociales de incendiar Francia: ¿pirómanos digitales o termómetro del descontento?
Mientras las protestas sacuden Francia, el presidente denuncia que las plataformas digitales polarizan y estimulan la violencia. Pero detrás de las pantallas hay una crisis social que no se resuelve apagando el wifi.
PARÍS.— Francia está que arde. Y no precisamente por el calentamiento global. Las calles francesas se han convertido en escenario de protestas multitudinarias, enfrentamientos, incendios y saqueos. Pero el presidente Emmanuel Macron ha encontrado un protagonista adicional en este drama nacional: las redes sociales.
El mandatario declaró este lunes 26 de octubre que las plataformas digitales perjudican las democracias porque polarizan, normalizan las imágenes violentas y pueden convertirse en instrumentos de movilización hacia comportamientos extremos.
La acusación tiene fundamento como preocupación democrática. Pero también plantea una pregunta incómoda: ¿las redes sociales provocan el incendio o simplemente transmiten, en vivo y a todo color, el fuego que ya estaba encendido?
FRANCIA: LA CALLE HABLA, EL PODER RESPONDE
Las manifestaciones del 17 de octubre, impulsadas por el encarecimiento de la vida y las deficiencias del sistema educativo, desembocaron en graves disturbios.
Según el balance del Ministerio del Interior francés, aquella jornada dejó 2,397 detenidos y 997 policías y gendarmes heridos, siete de ellos de gravedad. Al menos 3,000 establecimientos comerciales sufrieron daños o saqueos, de acuerdo con informaciones oficiales recogidas por la prensa francesa.
Las protestas continuaron el sábado 24 de octubre, cuando las autoridades calcularon unos 410,000 manifestantes en todo el país.
Es decir, Francia no está frente a una simple explosión de vandalismo digital, sino ante un movimiento de protesta con reivindicaciones económicas, educativas y sociales identificables.
Y aquí comienza la parte políticamente espinosa del asunto.
EL ALGORITMO NO PAGA LA FACTURA ELÉCTRICA
Macron sostiene que las redes contribuyeron a atraer personas hacia lugares donde ocurrieron agresiones y saqueos.
La advertencia merece atención. Los algoritmos pueden premiar los contenidos sensacionalistas, multiplicar rumores y convertir episodios aislados en espectáculos virales.
Sin embargo, una cosa es facilitar la difusión de convocatorias violentas y otra demostrar que las plataformas son responsables de una crisis social.
TikTok no fija los salarios franceses. Instagram no determina el precio de los alimentos. Y Facebook no administra las escuelas públicas.
Las redes pueden amplificar la indignación, pero sus causas suelen encontrarse bastante lejos de los teléfonos móviles.
Confundir el instrumento de comunicación con el origen del conflicto sería como responsabilizar al termómetro por la fiebre del paciente.
ENTRE LA SEGURIDAD Y LA TENTACIÓN DEL CONTROL
El Gobierno francés ha respondido con amplios despliegues policiales, restricciones localizadas y toques de queda parciales.
Macron descartó, por ahora, declarar el estado de emergencia, aunque dejó abierta esa posibilidad si la situación empeora.
La seguridad pública constituye una obligación del Estado. Proteger a comerciantes, manifestantes pacíficos y agentes policiales resulta indispensable.
Pero también lo es preservar el derecho de reunión y la libertad de expresión.
La preocupación aparece cuando la lucha contra la violencia digital amenaza con convertirse en una justificación demasiado amplia para restringir comunicaciones legítimas.
No toda convocatoria constituye incitación delictiva. No toda crítica gubernamental alimenta el extremismo. Y no todo ciudadano indignado es un potencial saqueador.
EL ESPEJO QUE INCOMODA AL PODER
Hay otra ironía que merece subrayarse.
Los mismos dirigentes que cuestionan el poder de las redes las utilizan para promover sus políticas, defender sus gobiernos y disputar la opinión pública.
Macron también ha denunciado la circulación de imágenes falsas generadas mediante inteligencia artificial y relatos manipulados sobre los disturbios. Es una preocupación verificable y distinta de atribuir a las plataformas la responsabilidad general por las protestas.
La tecnología puede servir tanto para desinformar como para documentar abusos, organizar manifestaciones pacíficas y exigir rendición de cuentas.
El desafío democrático consiste en combatir la incitación real a la violencia sin convertir la inconformidad ciudadana en sospecha permanente.
LA ÚLTIMA TECLA
Francia enfrenta dos problemas que pueden coexistir: la violencia de quienes destruyen bienes y agreden personas, y el malestar de quienes reclaman mejores condiciones de vida.
Atender uno mientras se minimiza el otro difícilmente resolverá la crisis.
Macron tiene motivos para preocuparse por el impacto de las redes sociales. Pero sería conveniente recordar que las democracias no se deterioran únicamente por lo que circula en internet.
También se resienten cuando sus ciudadanos sienten que sus demandas no encuentran respuesta.
Porque, al final, señor Macron, apagar las pantallas puede reducir el espectáculo. Pero no necesariamente apagará el incendio.
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