La sátira de José Lois Malkun retrata una política donde las etiquetas dividen a los ciudadanos mientras los intereses acercan a sus dirigentes. Pero compartir el capitalismo no significa gobernar de la misma manera.
Por Luis Rodríguez Salcedo
José Lois Malkun ha sentado las ideologías a desayunar. En su artículo publicado en AlMomento.net, reparte credenciales políticas entre el mangú, el huevo, el salami, el queso y el aguacate. Después los reúne en un tenedor y consigue lo que tantas cumbres internacionales no logran: que izquierda, derecha y centro entren juntos por la misma boca.
La ocurrencia tiene sustancia. Desnuda esa costumbre de convertir cualquier discusión pública en una guerra de etiquetas. Antes de preguntar qué propone alguien, ya queremos averiguar si viene teñido de rojo, de azul o del color que resulte conveniente para descalificarlo.
Mientras tanto, los dirigentes suelen mostrar una flexibilidad que sus seguidores no se permiten. La militancia pelea por los principios; el liderazgo encuentra cómo negociar las excepciones.
Hasta ahí, el desayuno de Malkun resulta difícil de rechazar.
Pero conviene masticar una conclusión: que dos gobiernos acepten el capitalismo no significa que sean ideológicamente iguales.
Dentro de una economía de mercado se puede discutir quién paga más impuestos, qué derechos tiene el trabajador, cuánto pesa la educación pública y hasta dónde puede llegar una empresa cuando su beneficio perjudica al ciudadano. La socialdemocracia moderna, precisamente, propone regulación y protección social dentro de una economía predominantemente capitalista. Su existencia no constituye, por sí misma, una contradicción.
Un subsidio tampoco convierte automáticamente a un gobernante en socialista. Ni una empresa estatal basta para declarar comunista a un país. Las herramientas económicas adquieren sentido según su propósito, sus beneficiarios y los controles que acompañen su aplicación.
China ilustra esa mezcla con especial claridad. Su propia Constitución reconoce las empresas privadas como parte de una “economía socialista de mercado”, mientras preserva un papel central para la propiedad pública. Puede discutirse cómo clasificar ese sistema; reducirlo a una etiqueta única deja fuera una parte del plato.
En República Dominicana, la provocación de Malkun toca una fibra sensible. Abinader, Leonel, Danilo e Hipólito pueden examinarse desde su aceptación del mercado, la inversión privada y la búsqueda de capital extranjero. Pero afirmar que no existe entre ellos diferencia alguna exige comparar políticas concretas, prioridades presupuestarias y formas de ejercer el poder.
La pregunta periodística más reveladora sería esta: cuando sus discursos prometen caminos distintos, ¿a quién favorecen sus decisiones?
Ahí las etiquetas tienen que enseñar los recibos.
También merece precisión el caso iraní. Ser una teocracia chiita describe una dimensión del régimen; la propiedad empresarial describe otra. Irán combina instituciones electivas subordinadas a un poder clerical superior, cuyo líder supremo supervisa áreas fundamentales del Estado. Religión, autoritarismo y organización económica deben analizarse juntos, sin confundirlos.
Y la crítica a la represión pierde rigor cuando se extiende indiscriminadamente a todos los países árabes o convierte una religión en explicación suficiente de sus gobiernos. Denunciar abusos requiere identificar responsables y prácticas.
El mayor acierto de Malkun está en señalar el uso oportunista de las ideologías. Su conclusión más discutible aparece cuando ese oportunismo parece demostrar que todas las diferencias carecen de valor.
Porque siguen importando la libertad de disentir, la distribución de la riqueza y la posibilidad de sacar del poder a quien abusa. Aunque todos compren y vendan, no todos permiten protestar por el precio.
El ciudadano, por tanto, haría bien en mirar menos el color del mantel y más las manos que reparten.
El problema del desayuno político empieza cuando todos anuncian mangú para el pueblo, pero unos pocos se reservan los acompañantes y dejan la cuenta sobre la mesa.
-Enlace a la nota de Malkun ( https://almomento.net/mangu-huevo-salami-queso-y-aguacate-de-que-lado-estan/ )-
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