Una carta atribuida a Wilson Joseph, lider pandillero de 400 Mawozo, solicita mediación de la ONU. ¿Apertura hacia la paz, maniobra para ganar tiempo o intento de convertir el poder de las armas en reconocimiento político?
Por Luis Rodríguez Salcedo | TeclaLibre
En Haití, donde las bandas han impuesto demasiadas conversaciones a punta de fusil, ahora aparece una carta. Lleva el nombre de Wilson Joseph, alias “Lanmò San Jou”, jefe de 400 Mawozo, y solicita al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, una delegación que facilite el diálogo. El documento está fechado el 1 de noviembre. Su autenticidad y recepción oficial siguen pendientes de confirmación pública. Conviene comenzar por ahí: circula una petición atribuida al cabecilla, todavía no una negociación reconocida por la ONU.
La escena tiene su picardía: un dirigente sancionado por Naciones Unidas desde el 8 de diciembre de 2023 busca ahora los buenos oficios de esa misma institución. El Consejo de Seguridad identifica a Joseph como líder de una banda asentada especialmente en Croix-des-Bouquets y documenta graves hechos criminales vinculados con su organización. El remitente, por tanto, llega con expediente antes que con credenciales diplomáticas.
La bandera blanca también tiene calendario
Según la comunicación divulgada por medios haitianos, Joseph sostiene que desde el 20 de agosto había expresado disposición al diálogo mediante una bandera blanca. También invoca la protección de niños y familias vulnerables. Es su versión, no una certificación independiente de conducta pacífica. El medio haitiano Rezo Nòdwès, además, ha planteado interrogantes sobre quién redactó el documento en su nombre.
El contexto explica por qué la carta merece atención. Cuatro aerotécnicos militares salvadoreños permanecen desaparecidos tras la emboscada del 18 de octubre. Bukele anunció el despliegue de más de 2,000 efectivos y advirtió que recuperaría a sus compatriotas utilizando la fuerza si fuera necesario. Hay una operación de búsqueda y presión militar en marcha; eso no demuestra, por sí solo, que las bandas estén derrotadas.
La lectura suspicaz resulta inevitable: pedir mediación puede permitir ganar tiempo, reducir presión o buscar una silla política. Son hipótesis de análisis, no intenciones demostradas. Una carta tampoco permite concluir que Joseph tenga en su poder a los desaparecidos o pueda entregarlos.
Ni impunidad con membrete ni victoria por decreto
El lenguaje humanitario del documento merece escrutinio. La protección de civiles es una obligación permanente; invocarla no borra responsabilidades criminales ni convierte automáticamente al jefe de una banda en representante de las comunidades sometidas a su poder.
Pero tampoco exonera a las fuerzas desplegadas de rendir cuentas. Bukele ha rechazado denuncias de bombardeos contra civiles y sostiene que los helicópteros salvadoreños llegaron después de las fechas señaladas por los denunciantes. Ese desmentido debe registrarse como posición del mandatario, sin presentarlo como una investigación independiente que cierre todas las preguntas.
La prueba de una voluntad de paz tendría que verse en hechos verificables: cese de ataques y secuestros, información comprobable sobre desaparecidos, desarme y sometimiento a la justicia. Del lado internacional, también hacen falta resultados documentados y garantías para la población.
Por ahora, lo novedoso es el cambio de vocabulario. En medio de la presión militar, aparece el membrete.
En Haití, hasta la bandera blanca necesita verificación: puede anunciar una salida de la violencia o estar pidiendo tiempo para recargarla.
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