«¿LIBERTAD O NEGOCIO? TRUMP CONVIERTE EL PETRÓLEO VENEZOLANO EN ARGUMENTO DE GUERRA»
El presidente estadounidense asegura que los beneficios obtenidos en Venezuela compensan sobradamente los gastos militares en Oriente Medio. La declaración abre una incómoda interrogante: ¿dónde termina la defensa de la democracia y dónde comienza el negocio de la intervención?
TECLALIBRE DIGITAL | NOTI-ANÁLISIS | 1 DE NOVIEMBRE DE 2026
Por Luis Rodríguez Salcedo
En Washington, las guerras suelen presentarse envueltas en palabras solemnes: libertad, democracia, seguridad nacional, derechos humanos. Pero cuando Donald Trump habla de Venezuela y de Irán, el vocabulario cambia. Aparecen los barriles, las ganancias y la recuperación de inversiones. La geopolítica comienza a parecerse sospechosamente a un libro de contabilidad.
El pasado 30 de octubre, desde el Despacho Oval, Trump aseguró que Estados Unidos había recuperado con creces, mediante sus operaciones en Venezuela, el dinero gastado en la guerra contra Irán. Habló de cientos de miles de millones de dólares y de ganancias multiplicadas muchas veces.
«Cualquier dinero que hayamos gastado en Irán, lo hemos recuperado con creces con lo que hicimos en Venezuela, ingresando cientos de miles de millones de dólares, muchas, muchas veces».
La declaración fue real. Lo que no está demostrado es que esas ganancias existan en las cantidades proclamadas.
Venezuela: de la democracia al barril
La intervención estadounidense del 3 de enero, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York, fue presentada por Washington como una operación contra un gobernante acusado de narcotráfico y corrupción.
La Casa Blanca también ha defendido su control sobre determinados ingresos petroleros venezolanos alegando razones de seguridad, estabilidad económica y protección de los recursos.
Sin embargo, el discurso presidencial ha ido incorporando una dimensión comercial cada vez más explícita.
El 27 de octubre, durante un acto en Corpus Christi, Texas, Trump celebró la llegada de petróleo venezolano a Estados Unidos y recurrió a una vieja expresión asociada con las conquistas: al vencedor le corresponden los despojos.
¡Vaya manera de explicar la diplomacia hemisférica!
El problema no es solamente semántico. Si una potencia militar presenta los recursos de otro país como compensación económica de sus operaciones bélicas, surge una pregunta legítima sobre la soberanía, el consentimiento y el destino final de esos ingresos.
Las cifras que no cuadran
Aquí aparece un detalle capaz de arruinar la celebración presidencial.
Según datos del Pentágono obtenidos por Reuters, la guerra contra Irán había costado a Estados Unidos más de 47,000 millones de dólares hasta mediados de octubre.
Por otra parte, una verificación de PolitiFact publicada en agosto situaba en unos 13,000 millones de dólares la estimación más elevada y creíble de ingresos petroleros venezolanos acumulados desde enero hasta entonces.
Esas cifras tienen distintos períodos de referencia y no constituyen una contabilidad definitiva. Pero tampoco respaldan la afirmación de que Venezuela haya producido cientos de miles de millones de dólares de ganancias estadounidenses.
Además, ingresos brutos, beneficios empresariales, fondos venezolanos bajo custodia y dinero disponible para el Tesoro estadounidense son conceptos diferentes.
Una cosa es proclamar que Venezuela paga la guerra. Otra, demostrar que un solo dólar venezolano haya sido legal y efectivamente destinado a financiar operaciones militares contra Irán.
El petróleo, el poder y el petrodólar
La relación entre petróleo y poder estadounidense tiene profundas raíces históricas.
El dólar conserva una posición central en los mercados internacionales de energía, aunque sería excesivo afirmar que la intervención venezolana responde exclusivamente al propósito de sostener el petrodólar.
También intervienen intereses empresariales, seguridad energética, influencia regional y rivalidades estratégicas.
La paradoja es que Washington presenta sus actuaciones como instrumentos de estabilidad mientras su presidente celebra los beneficios materiales que asegura obtener de ellas.
La contradicción merece escrutinio, especialmente cuando el país intervenido conserva derechos soberanos sobre sus recursos naturales.
¿Y el narcotráfico?
Las acusaciones de narcotráfico contra Maduro forman parte de la justificación estadounidense de su captura. Su responsabilidad penal, sin embargo, corresponde determinarla a los tribunales.
Por otro lado, existen antecedentes documentados de controversias sobre operaciones antinarcóticos estadounidenses y actuaciones de agencias de inteligencia. Eso no permite concluir, sin pruebas adicionales, que la DEA administre actualmente el tráfico de drogas hacia millones de consumidores estadounidenses o que ese negocio financie la guerra contra Irán.
Una investigación seria debe distinguir entre acusaciones, antecedentes comprobados y responsabilidades demostradas.
¿Se cayó la máscara o cambió el discurso?
Las declaraciones de Trump no demuestran por sí solas que la finalidad original de la intervención fuera financiar otra guerra. Sí aportan evidencia de que el presidente considera los beneficios petroleros un argumento importante para justificarla.
La administración puede sostener que sus objetivos incluyen seguridad, justicia y estabilidad democrática. Sus críticos pueden cuestionar esa explicación a la luz de los intereses económicos expresamente reconocidos.
Y ahí está el centro del debate.
Si la libertad es el objetivo, ¿por qué el presidente insiste en calcular cuánto petróleo produce la victoria?
La respuesta exige algo más que discursos: contratos públicos, balances verificables, transparencia sobre los fondos venezolanos y una explicación precisa de quién recibe los beneficios.
Porque, entre las grandes proclamas de Washington y las cuentas del petróleo, queda una pregunta que ninguna ceremonia presidencial debería esconder:
¿Quién paga la intervención, quién cobra sus dividendos y quién decidió que los recursos de Venezuela podían figurar en la contabilidad de una guerra contra Irán?
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