-Trump mira a México tras Caracas: bravata imperial o límite real del poder-
Noti-análisis | TeclaLibre
La frase cayó como una piedra lanzada al agua: “Algo habrá que hacer con México”. La dijo Donald Trump, con tono de advertencia, pocas horas después del golpe que sacudió a Caracas y terminó con la captura de Nicolás Maduro. No fue un desliz. Fue un guiño cargado de intención, pronunciado frente a cámaras de Fox News, el escenario favorito para los mensajes que quieren sonar a fuerza.
Trump elogió —con la mano que acaricia mientras la otra amenaza— a la presidenta Claudia Sheinbaum: “una buena mujer”, “amistosa”. Acto seguido, el golpe retórico: “los carteles gobiernan México”. La lógica es conocida: primero se desacredita la soberanía; luego se presenta la intervención como necesidad moral. El manual no es nuevo.
Pero aquí conviene detener la marcha del aplauso automático y mirar el mapa con lupa.
México no es Venezuela
Venezuela, aislada, sancionada, con una economía asfixiada y alianzas incómodas, ofrecía a Washington un tablero más manejable. México es otra cosa. Es frontera viva con Estados Unidos, socio comercial central, engranaje crítico del T-MEC, y pieza clave en cadenas de suministro que sostienen la propia economía estadounidense. No es un escenario “exportable”.
Una acción militar en México no sería un episodio lejano transmitido por cable. Sería una onda expansiva directa: comercio, migración, seguridad fronteriza, política interna en ambos lados del Río Bravo. La bravata se estrella con la realidad.”
Trump insiste en el rótulo: carteles como poder real, Estado ausente. El problema es que esa simplificación sirve al micrófono, no a la geopolítica. México combate al crimen organizado con resultados desiguales, sí; pero conserva instituciones, legitimidad electoral y una diplomacia activa. Reducirlo a caricatura es funcional al discurso, no a la solución.
Sheinbaum respondió donde debía: soberanía y no intervención. Sin estridencias, sin caer en la provocación. El contraste es evidente: mientras Trump habla en clave de espectáculo, México habla en clave de Estado.
El antecedente venezolano busca intimidar por contagio: “si pasó allí, puede pasar aquí”. Pero la comparación cojea. Una cosa es proyectar poder sobre un país debilitado y otra muy distinta es intentar “hacer algo” con un vecino indispensable.
En el fondo, la frase parece más dirigida al público interno estadounidense —mano dura, narrativa de control— que a una hoja de ruta real. Trump gobierna también desde el gesto, desde el golpe de efecto. Y México, por su peso, por su vecindad y por su interdependencia, no es un escenario para gestos sin consecuencias.
TeclaLibre advierte, la advertencia existe. El ruido es real. Pero el escepticismo también.
Lo de Venezuela no se copia y se pega en México. No sin incendiar la casa propia.
Y eso, incluso para Trump, tiene límites.
Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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