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¿ERROR DE CÁLCULO EN IRÁN?

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-El espejismo del “cambio de régimen rápido” tras la muerte de Jamenei-

La ofensiva de Estados Unidos contra Irán y la eliminación del ayatolá Alí Jamenei parecían diseñadas para provocar un colapso acelerado del régimen. Sin embargo, el anuncio de Donald Trump de que los resultados podrían verse en “varias semanas” sugiere que el cálculo inicial pudo haber fallado. ¿Qué dice la historia sobre este tipo de intervenciones?


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La muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei, tras ataques coordinados de Estados Unidos e Israel, fue interpretada inicialmente como el inicio de un cambio político acelerado en Teherán.

Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó que el desenlace podría verse en “varias semanas”, aunque al mismo tiempo advirtió que “la gran oleada” aún no había ocurrido.

Ese doble mensaje —victoria inminente pero guerra en curso— sugiere algo más profundo: la posibilidad de un error de cálculo estratégico.

Uno de los supuestos que parecen haber guiado la ofensiva fue que la desaparición de la figura central provocaría un colapso estructural. Sin embargo, el sistema iraní no descansa exclusivamente en un solo hombre.

Desde la Revolución Islámica de 1979, la arquitectura del poder incluye:

  • El Consejo de Expertos

  • La Guardia Revolucionaria

  • El clero chií institucionalizado

  • Un entramado de seguridad profundamente arraigado

A diferencia de regímenes altamente personalistas, Irán posee mecanismos de sucesión diseñados precisamente para resistir escenarios de decapitación política.

Algunos analistas han señalado que Washington pudo haber creído que el escenario iraní sería similar a la rápida reconfiguración política ocurrida en Venezuela tras la caída del liderazgo central chavista en un contexto de intervención externa y negociación acelerada.

Pero la comparación es limitada:

  • Venezuela es un sistema civil con fuerte urbanización política.

  • Irán es una república teocrática con base ideológica religiosa y una cultura estratégica moldeada por décadas de confrontación.

La identidad revolucionaria iraní —y su narrativa de resistencia frente a Occidente— puede actuar como cemento nacional en momentos de crisis externa.

La experiencia reciente en Medio Oriente ofrece advertencias claras:

Irak (2003).La caída de Saddam Hussein no produjo estabilidad inmediata, sino insurgencia prolongada y fragmentación sectaria.
Libia (2011). La eliminación de Muamar el Gadafi abrió un vacío de poder que derivó en guerra civil.
Siria. Los intentos de alterar el equilibrio interno mediante presión externa generaron una década de conflicto devastador.

En todos estos casos, el error común fue subestimar la complejidad institucional y social del país intervenido.

Lejos de un colapso inmediato, la llamada “Revolución Islámica” ha respondido con: Ataques con misiles y drones; movilización regional indirecta; amenazas al comercio energético en el Estrecho de Ormuz; y retórica de resistencia que refuerza la cohesión interna.

Irán no necesita ganar militarmente en términos convencionales; le basta con prolongar el conflicto para elevar los costos estratégicos y políticos de Washington.

Un análisis desapasionado sugiere cinco escenarios posibles:

  1. Guerra de desgaste prolongada sin invasión terrestre directa.

  2. Reconfiguración interna controlada dentro del mismo sistema teocrático.

  3. Escalada regional ampliada con impacto energético global.

  4. Presión diplomática internacional para forzar negociaciones.

  5. Polarización política interna en EE.UU. si la guerra se extiende sin resultados claros.

La idea de un cambio de régimen en semanas parece, a la luz histórica, más cercana a la retórica política que a la planificación estructural.

Las guerras rara vez producen democracias inmediatas. Más bien producen transiciones largas, imprevisibles y costosas.

Irán no es un tablero vacío. Es un Estado con 80 millones de habitantes, identidad ideológica consolidada y experiencia en sobrevivir sanciones y presiones externas.

Si el cálculo fue que la muerte de Jamenei desencadenaría un efecto dominó interno, los acontecimientos sugieren que el sistema iraní ha demostrado mayor resiliencia de la anticipada.

La pregunta ya no es si el régimen caerá en semanas.
La pregunta es cuánto costará, en tiempo y estabilidad global, descubrir que no era tan simple.

En política internacional, los cambios de régimen son ecuaciones con demasiadas variables humanas, culturales e históricas.

Y cuando los cálculos se hacen en Washington pero las consecuencias se viven en Teherán, la historia suele recordar que las guerras rápidas son la excepción, no la regla.

–Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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