El dato que revela una paradoja dominicana
Por la Redacción de TeclaLibre
Mientras la República Dominicana atraviesa una de las etapas más dolorosas de los últimos años en materia de violencia intrafamiliar y feminicidios, una reciente encuesta nacional de ACD Media arroja un resultado que merece ser examinado con cuidado: apenas el 4.2% de los encuestados identifica la violencia de género y los feminicidios como el principal problema del país.
A primera vista, el dato podría interpretarse como una señal positiva: quizás la población siente que la violencia contra las mujeres no constituye una amenaza generalizada. Sin embargo, una lectura más profunda conduce a una conclusión mucho más inquietante.
La encuesta muestra que los dominicanos están concentrados principalmente en dos preocupaciones: el alto costo de la vida (42.3%) y la delincuencia e inseguridad (24.4%). Los feminicidios aparecen muy por detrás, empatados incluso con el sector salud, ambos con 4.2%.
Pero aquí surge la pregunta incómoda:
¿Significa eso que el problema es pequeño o que nos estamos acostumbrando a él?
Porque mientras las cifras de feminicidios siguen estremeciendo al país semana tras semana, la percepción colectiva parece haberlos incorporado al paisaje cotidiano, como si fueran una fatalidad inevitable y no una emergencia nacional.
Cada nuevo caso genera indignación durante 48 horas. Se multiplican los titulares, los mensajes de solidaridad y las declaraciones oficiales. Luego llega otro caso y el ciclo vuelve a empezar.
La tragedia se normaliza.
Hace apenas días, la propia ministra de Interior y Policía admitió que las instituciones han fallado en la prevención de los feminicidios.
La afirmación resulta especialmente significativa porque las principales entidades responsables de combatir este fenómeno están dirigidas actualmente por mujeres:
- Ministerio de Interior y Policía.
- Procuraduría General de la República.
- Ministerio de la Mujer.
Paradójicamente, nunca había existido una presencia femenina tan importante en los espacios institucionales vinculados a la prevención de la violencia de género, y sin embargo los resultados continúan siendo insuficientes.
La encuesta parece reflejar precisamente ese cansancio social: la ciudadanía ya no espera soluciones inmediatas.
Existe otro elemento revelador.
La misma encuesta muestra que el 59.2% de los hogares considera que la comida es el gasto que más pesa en su economía y que el 57.7% cree que la medida más urgente sería reducir los precios de los alimentos.
Cuando la nevera está vacía, los dramas colectivos suelen quedar relegados.
El dominicano promedio parece estar más preocupado por llegar a fin de mes que por los debates sobre violencia de género.
Eso no significa indiferencia hacia las víctimas.
Significa que la crisis económica está compitiendo directamente con otras crisis sociales por la atención pública.
Quizás la pregunta más interesante es la que no aparece en el estudio.
La encuesta pregunta cuál es el principal problema del país.
No pregunta:
- ¿Conoce usted alguna mujer víctima de violencia?
- ¿Ha presenciado maltrato en su entorno?
- ¿Confía en que una denuncia será atendida?
- ¿Cree que las órdenes de protección funcionan?
Las respuestas a esas interrogantes probablemente ofrecerían una radiografía mucho más cercana a la realidad.
Porque una cosa es identificar el principal problema nacional y otra muy distinta es convivir diariamente con el miedo.
Los feminicidios no nacen de la nada.
Detrás de cada caso suelen aparecer patrones repetidos:
- Celos obsesivos.
- Control económico.
- Dependencia emocional.
- Ausencia de intervención temprana.
- Denuncias ignoradas.
- Entornos familiares que minimizan las señales de alarma.
La encuesta revela que la población no percibe los feminicidios como una amenaza colectiva de primer orden.
Pero la realidad judicial y policial cuenta otra historia.
Cada mujer asesinada deja huérfanos, destruye familias y multiplica el trauma social.
El dato más preocupante no es el 4.2%.
Lo verdaderamente alarmante es que una sociedad que se conmueve con cada feminicidio no lo identifique entre sus principales preocupaciones nacionales.
Eso podría indicar que los dominicanos han comenzado a ver estas muertes como algo «normal».
Y cuando una sociedad normaliza la violencia, el problema deja de ser policial.
Se convierte en cultural.
La encuesta ACD Media no demuestra que los feminicidios hayan dejado de preocupar.
Demuestra algo más peligroso: que la economía y la inseguridad han ocupado tanto espacio en la mente colectiva que la violencia contra las mujeres corre el riesgo de convertirse en ruido de fondo.
Y cuando una tragedia se convierte en ruido de fondo, el país entero pierde capacidad de reaccionar.
Porque el día que los feminicidios dejen de escandalizarnos, habremos comenzado a aceptar lo inaceptable.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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