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MEDIO SIGLO DE UN GOLPE

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Por Ramon Espinola

POR EL TRILLO DE LA HISTORIA DE AMÉRICA

MEDIO SIGLO DE UN GOLPE… Y DE MUCHAS AMNESIAS SELECTIVAS

 Hoy, 24 de marzo de 2016, se cumplen cincuenta años de aquel infausto amanecer del 24 de marzo de 1976 en la Argentina, fecha que —como toda tragedia profunda— no solo pertenece al calendario, sino a la conciencia.

Fuera de ese vasto y doliente país del Cono Sur, no son muchos los que alcanzan a dimensionar la densidad histórica de esta jornada; quizá porque la memoria, cuando incomoda, suele archivarse con la pulcritud hipócrita de los documentos incómodos.

Aquel día, bajo el eufemismo quirúrgico de “reorganización”, se ejecutó una acción cívico-militar que interrumpió la democracia con la precisión de un golpe bien ensayado: fueron depuestos los poderes ejecutivo, legislativo y judicial —tanto nacionales como provinciales— y arrestada la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón. La operación inauguró la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, nombre que pretendía sugerir orden, aunque en realidad encubría una maquinaria de descomposición moral.

Los artífices de esta empresa no actuaron en el vacío: respondían a intereses conservadores, anticomunistas y antiperonistas, alineados con la geopolítica de la Guerra Fría.

No faltó, por supuesto, la bendición estratégica de Henry Kissinger, figura cuya diplomacia supo conjugar, con admirable cinismo, la retórica de la estabilidad con la práctica del silenciamiento.

La dictadura instauró un sistema metódico de terrorismo de Estado que se prolongó hasta 1983.

No fue un arrebato, sino un programa: planificado dentro del Plan Cóndor, aquella red clandestina de coordinación represiva entre dictaduras latinoamericanas, patrocinada bajo el paraguas ideológico de la “seguridad nacional”.

En nombre de esa seguridad —que siempre parecía proteger más a los poderosos que a los pueblos— se sembraron dictaduras a lo largo del continente, como si la libertad fuera una maleza para erradicar.

Este golpe fue el sexto —y último, aunque no por ello menos devastador— de una serie iniciada en 1930, que impidió la consolidación democrática en Argentina durante buena parte del siglo XX.

La democracia, esa obstinada aspiración, debió esperar hasta diciembre de 1983 para recomponerse.

Y entonces, con una dignidad que no todos esperaban, los líderes de la dictadura fueron juzgados y condenados por crímenes de lesa humanidad, recordándole al poder que, a veces, la historia también sabe pasar factura.

En 2002, el Parlamento argentino instituyó el 24 de marzo como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un intento —siempre imperfecto, pero necesario— de domesticar el olvido.

La contabilidad del horror (y sus negadores contables)

Las organizaciones de derechos humanos han sostenido, de manera simbólica y colectiva, la cifra de 30,000 desaparecidos.

Ya entrado el siglo XXI, surgieron voces que, con una escrupulosidad estadística digna de mejores causas, intentaron reducir el número. Como si el horror pudiera someterse a auditoría, o la dignidad humana dependiera de una cifra exacta.

Negar el símbolo, han dicho dichas organizaciones, no es un ejercicio de precisión histórica, sino una forma elegante —y peligrosamente moderna— de negacionismo.

Centros clandestinos: la arquitectura del espanto

Los llamados centros clandestinos de detención y exterminio no fueron mazmorras medievales, sino espacios cotidianos: escuelas, fábricas, comisarías, cuarteles. Lugares donde la normalidad se travestió de pesadilla.

Allí eran conducidos los secuestrados: sometidos a aislamiento, hambre, degradación sistemática y tortura.

La obtención de información era el pretexto; la destrucción del individuo, el verdadero objetivo.

La ESMA: una geografía del horror institucionalizado

La Escuela de Mecánica de la Armada —hoy reconvertida en Espacio Memoria y Derechos Humanos— fue el mayor centro clandestino del país. Se estima que alrededor de 5,000 personas fueron torturadas, asesinadas o desaparecidas en sus instalaciones.

Allí también funcionó una maternidad clandestina donde nacieron aproximadamente 34 bebés, arrancados luego de sus madres para ser insertados en nuevas identidades, como si la vida fuera un documento susceptible de falsificación.

En 2004, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, el lugar fue recuperado como espacio de memoria. Ironías de la historia: donde antes se ocultaba, hoy se enseña; donde se negaba, hoy se recuerda.

Los vuelos de la muerte: cuando el cielo también fue cómplice

Entre los métodos más siniestros del régimen se encuentran los llamados “vuelos de la muerte”. Desde aeropuertos como el Aeroparque Jorge Newbery, detenidos ilegalmente eran trasladados en vuelos nocturnos para ser arrojados vivos al Río de la Plata.

Sedados, atados, despojados incluso del derecho a un rostro cubierto, eran lanzados al vacío.

Un procedimiento que combinaba logística militar con una crueldad metódica que todavía hoy resulta difícil de asimilar sin estremecerse.

Se estima que unas 5,000 personas fueron asesinadas de esta manera.

Los desaparecidos: la ausencia como política de Estado

El término “desaparecido” adquirió en Argentina una dimensión trágicamente singular: designa a quienes fueron borrados no solo físicamente, sino también administrativamente, como si nunca hubieran existido.

El proceso incluía secuestro, tortura, incomunicación, despersonalización mediante números y, finalmente, la negación de la muerte misma: sin cuerpo, sin duelo, sin historia.

El crimen perfecto: robar el futuro

La apropiación sistemática de menores fue quizá una de las expresiones más perversas del régimen. No bastaba con eliminar a los padres; era necesario reescribir la identidad de los hijos.

Niños secuestrados junto a sus familias o nacidos en cautiverio fueron entregados a militares o civiles afines, vendidos, adoptados irregularmente o abandonados. Todo con la colaboración —activa o silenciosa— de sectores del aparato judicial y administrativo.

Hasta septiembre de 2024, 137 de estos niños —hoy adultos— han recuperado su identidad. Se estima que aún faltan alrededor de 300.

Trescientos vidas suspendidas en una pregunta: ¿quién soy?

Epílogo (porque el olvido siempre acecha)

Hay quienes sostienen que el tiempo todo lo cura. Pero la historia argentina parece demostrar lo contrario: el tiempo no cura, apenas disimula… y a veces ni eso.

Porque cuando una sociedad se acostumbra a discutir cifras en lugar de principios, o a relativizar el horror con argumentos de conveniencia, no está revisando su pasado: está ensayando su próxima tragedia.

La memoria, en estos casos, no es un lujo moral. Es, simplemente, una forma de defensa.

Felix Jimenez
Felix Jimenezhttps://teclalibremultimedios.com/
Nacido en la República Dominicana, Félix A. Jiménez encarna a la perfección la riqueza cultural de su tierra natal. Su ADN refleja una mezcla única de ancestrías: 8% taíno, 30% africano, 56% ibérico y trazos de otras raíces étnicas — un testimonio del vibrante mestizaje que define al Caribe. Ciudadano tanto de Canadá como de la República Dominicana, y residente actualmente en el estado de Washington, Estados Unidos, el Sr. Jiménez es arquitecto de formación, con estudios de posgrado en Planificación del Desarrollo Turístico en el Centro Interamericano de Capacitación Turística en Ciudad de México, y en Marketing Estratégico para el Turismo en la Universidad George Washington, en Washington D.C.

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