¿Está Diosdado Cabello contando sus últimos días en el poder?
Mientras el chavismo intenta vender una imagen de “transición ordenada”, los rumores dentro y fuera de Venezuela tienen otro libreto: el verdadero terremoto no sería Nicolás Maduro —ya convertido en pieza judicial y símbolo de desgaste— sino el futuro incierto de Diosdado Cabello, el hombre que durante años controló inteligencia, represión, lealtades militares y expedientes oscuros del poder bolivariano.
Y cuando en Washington comienzan a hablar más de Cabello que de Maduro, en Caracas nadie duerme tranquilo.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha endurecido públicamente el tono contra Cabello, manteniéndolo como “objetivo clave” dentro de la estrategia estadounidense contra narcotráfico y corrupción regional.
Pero en los pasillos diplomáticos el lenguaje es otro: “entrega”, “negociación”, “protección” y “garantías”.
Diversos medios y analistas cercanos al antichavismo aseguran que Washington habría planteado a Delcy Rodríguez un paquete de condiciones implícitas:
- estabilidad petrolera,
- apertura económica,
- cooperación judicial,
- y neutralización de figuras consideradas “incontrolables”.
Y ahí aparece el nombre maldito: Diosdado.
Las versiones más explosivas afirman que Rubio habría dejado claro que Cabello continúa siendo un obstáculo para cualquier normalización real entre Caracas y Washington.
Claro: entre rumor geopolítico y operación psicológica hay apenas una línea delgada… especialmente en Venezuela.
La metamorfosis política de Delcy Rodríguez ha desconcertado incluso a viejos aliados del chavismo.
Hace apenas meses era una funcionaria sancionada por Estados Unidos. Hoy aparece reunida con enviados norteamericanos, recibiendo alivios financieros y administrando una Venezuela parcialmente reinsertada en circuitos económicos occidentales.
El problema es que nadie cree que Washington haga favores gratis.
¿Qué estaría entregando Delcy a cambio?
Las sospechas giran alrededor de tres ejes:
- Información financiera sensible.
- Reacomodo interno del chavismo.
- Cooperación silenciosa en expedientes judiciales.
Y ahí reaparecen dos fantasmas del dinero venezolano:
- Alex Saab
- Raúl Gorrín
Alex Saab ha pasado de “diplomático revolucionario” a carga tóxica
Durante años Saab fue presentado como héroe económico del chavismo. El operador financiero indispensable. El hombre de las rutas clandestinas. El arquitecto de importaciones, petróleo y triangulaciones.
El relato relato ha cambiado.
Fuentes y reportes recientes apuntan a que Saab habría sido apartado progresivamente del núcleo duro del poder, e incluso entregado nuevamente a autoridades estadounidenses en medio de negociaciones más amplias.
El dato que más ruido hace es el siguiente:
hasta figuras chavistas han comenzado a distanciarse discursivamente de él.
Incluso se citan declaraciones recientes de Cabello afirmando que Saab “ni siquiera es venezolano”.
En lenguaje mafioso eso significa algo muy simple:
“ya no es de los nuestros”.
Y cuando el chavismo te retira el apellido revolucionario, probablemente ya estén negociando tu expediente.
Con Raúl Gorrín ocurre algo todavía más delicado.
Analistas y exmilitares venezolanos sostienen que Gorrín posee información financiera capaz de comprometer a sectores completos del establishment chavista actual, incluyendo áreas cercanas al nuevo círculo de Delcy Rodríguez.
Por eso —afirman algunos comentaristas opositores— su situación permanece “congelada”:
ni completamente protegido,
ni completamente sacrificado.
Porque en sistemas de poder cerrados, los empresarios no son empresarios:
son cajas negras.
¿Y Diosdado? El tono ha cambiado…
Quizás lo más revelador no son los rumores…
sino el lenguaje corporal político de Cabello.
Hace un año hablaba como caudillo en guerra:
“Vietnam”, “imperio”, “resistencia armada”.
Ahora aparece —según reportes y videos en redes— enviando mensajes remotos, llamando a la unidad interna y advirtiendo contra divisiones dentro del chavismo.
Eso ha sido leído por muchos como señal de repliegue.
Otros creen que simplemente está esperando.
Porque si algo sabe Diosdado Cabello es sobrevivir.
Sobrevivió a Chávez.
Sobrevivió a conspiraciones.
Sobrevivió a sanciones.
Sobrevivió incluso a Maduro.
Pero esta vez el tablero parece distinto:
Washington no quiere discursos…
quiere nombres, cuentas, rutas y cabezas.
El chavismo entra en fase de sospecha interna. El problema central para el PSUV hoy no es la oposición.
Es la paranoia.
¿Quién negocia?
¿Quién entrega a quién?
¿Quién tiene inmunidad?
¿Quién será el próximo Alex Saab?
Los sectores radicales sospechan de Delcy.
Los pragmáticos temen a Cabello.
Los militares observan.
Y Washington juega ajedrez petrolero.
Mientras tanto, Marco Rubio parece intentar algo que durante años parecía imposible:
fracturar el chavismo desde adentro, usando expedientes judiciales, petróleo y supervivencia política como armas simultáneas.
El silencio más peligroso se da en Caracas, cuando todos comienzan a desmentir lo mismo…
generalmente es porque algo sí está ocurriendo.
Y quizá el dato más inquietante sea éste:
Diosdado Cabello todavía habla fuerte…
pero cada vez explica más.
Y en política revolucionaria, explicar demasiado suele ser el primer síntoma del miedo.
Porque el poder chavista siempre fue una cofradía.
Hasta que llegaron los expedientes de Miami.
Y allí, como dicen en los barrios caraqueños,
“el último que quede libre… apaga Miraflores”.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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