Micrófono con historia y el imperio del ‘Like’: El ‘Match’ que alborota la gallera mediática
SANTO DOMINGO.– En la República Dominicana de hoy, donde la política a veces parece un guión escrito por un libretista de comedia ácida con ínfulas de estratega internacional, los choques de titanes ya no se dan exclusivamente en las curules del Congreso ni en los pasillos alfombrados del Palacio Nacional. Ahora, la verdadera batalla campal se escenifica entre el sonido grave de un panel radial matutino y el estruendo de un estudio lleno de luces LED y micrófonos con filtro antipop.
El cruce de sables —o más bien de audios filtrados y careos en plena Quinta Avenida neoyorquina— entre el periodista y analista Alfredo de la Cruz y el magnate de la farándula urbana Santiago Matías («Alofoke») no es una simple pelea de patio con sabor a bochinche digital. Tratarlo como un mero pleito de ‘influencers’ sería un pecado de ingenuidad periodística. Lo que estamos presenciando en primera fila es el choque frontal de dos ecosistemas, dos visiones del poder y, sobre todo, la gran prueba de fuego para una política nacional que amenaza con cambiar los discursos doctrinales por el engagement a toda costa.
La chispa en el estercolero digital
Todo comenzó cuando la frontera entre el comentario político y la fiscalización incómoda se volvió demasiado estrecha para el gusto del imperio digital. Alfredo de la Cruz, perro viejo en las lides de la comunicación tradicional, tiró de la manta acusando a la estructura de Alofoke Media Group de incurrir en supuestas prácticas de chantaje mediático. Para un ecosistema que ha construido su imperio sobre la base de controlar el relato y marcar la pauta del entretenimiento, la acusación cayó como pedrada en cristalera.
La respuesta no se hizo esperar en los códigos habituales del ciberespacio: audios cargados de adjetivos de alto calibre, descalificaciones personales y el inevitable libreto de la amenaza judicial. Pero la trama cobró tintes de telenovela internacional cuando ambos actores coincidieron en la Parada Dominicana de Nueva York. Allí, entre banderas tricolores y merengue de fondo, la elegancia de la diplomacia mediática saltó por los aires en un intercambio de improperios que necesitó de la rápida intervención de la seguridad para que el «análisis político» no terminara en un intercambio de puños a vista de la diáspora.
«Cuando el micrófono tradicional cuestiona la trastienda del espectáculo, la respuesta rara vez llega en forma de debate de ideas; llega con la virulencia propia del algoritmo herido.»
¿Alofoke Presidente? La ilusión del Palacio a golpe de ‘Views’
Detrás de la tirantez personal subyace el verdadero elefante en la sala: la anunciada intención de Santiago Matías de dar el salto a la boleta electoral y medirse por la Presidencia de la República. Una pretensión que para la vieja guardia de la comunicación resulta entre disparatada y peligrosa, pero que en el mapa sociológico actual cuenta con el combustible de millones de seguidores acostumbrados a consumir la realidad en píldoras de 15 segundos.
De la Cruz encarna la voz de la sospecha institucional. Su postura —compartida por diversos analistas del patio— parte de una premisa básica: administrar el Estado dominicano, lidiar con el déficit fiscal, reformar la policía o manejar la diplomacia fronteriza exige algo más que carisma de plataforma y millones de reproducciones. Exige temple, rigor y, sobre todo, saber encajar la crítica sin responder con la chabacanería del enfrentamiento personal.
Sin embargo, del otro lado de la acera, Matías juega con las cartas que la modernidad le ha dado: la desafección de la juventud hacia los partidos tradicionales, el cansancio frente a las promesas incumplidas del «sistema» y la capacidad de movilizar masas sin pedirle permiso a ningún comité político.
La «Alofokización» y el dilema de la audiencia
¿Quién lleva la razón en este cuadrilátero? Quizás la respuesta no sea tan maniquea.
El periodismo de opinión tradicional corre el riesgo de quedar atrapado en la nostalgia de los viejos tiempos si no entiende que el lenguaje del electorado cambió y que la solemnidad ya no garantiza la sintonía.
La política espectáculo promete convertir la conducción del país en un canal de contenido en vivo donde la controversia reemplaza a la propuesta y el berrinche sustituye a la diplomacia.
El «match» entre Alfredo de la Cruz y Alofoke no es una anécdota pasajera de la farándula política. Es el borrador de la campaña que se avecina: una disputa donde se medirá si la sociedad dominicana prefiere el contrapeso incómodo pero necesario de la fiscalización periodística, o si finalmente cederá los trastos de la República al aplauso fácil de la tiranía del trending topic.
-La Redaccion de TeclaLibre-
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