Por: Carlos Marquez Cabrera /
Karoline Leavitt deja la Secretaría de Prensa de la Casa Blanca a finales de agosto.
La explicación oficial es, que se va dedicar más tiempo a sus dos hijos pequeños después de haber regresado recientemente de su licencia de maternidad.
Y esa explicación merece respeto.
Pero el periodismo tiene derecho a formular una pregunta adicional – ¿por qué ahora?
Las circunstancias que rodean esta renuncia hacen que la noticia sea mucho más interesante que una simple decisión familiar.
Leavitt, de apenas 28 años, regresó al podio de la Casa Blanca el 16 de julio, después de dar a luz a su segunda hija el primero de mayo.
En su regreso habló precisamente de las dificultades de combinar la maternidad con las exigencias de la función presidencial y agradeció a su esposo por quedarse en casa con los niños mientras ella volvía al trabajo.
Pero apenas unas semanas después de regresar, anuncia que se marcha.
Y aquí aparece el primer elemento que llama la atención.
Axios reporta que la decisión tomó por sorpresa incluso dentro de la Casa Blanca. No había un sustituto definido para Leavitt cuando se conoció el anuncio.
Y Trump, lejos de presentarla como una funcionaria que perdió su confianza, la despidió públicamente con elogios y anunció que continuará como una de sus principales asesoras externas y como una voz importante del Partido Republicano ante las elecciones de medio término.
Eso cambia completamente la interpretación. No parece una ruptura entre Leavitt y Trump.
Más bien, parece un cambio de función.
Pero queda la pregunta. ¿por qué abandonar ahora uno de los puestos más visibles y poderosos de la administración?
Aquí entra el segundo elemento: el desgaste.
Reuters ha descrito una gestión marcada por una relación extraordinariamente combativa con la prensa.
Leavitt no se limitó a transmitir las decisiones de la Casa Blanca. Se convirtió en una de las principales defensoras políticas de Trump frente a los periodistas y participó en la transformación de la relación entre la administración y los medios, con mayor presencia de medios digitales y periodistas seleccionados directamente por la Casa Blanca.
El cargo, por tanto, no era simplemente un empleo. Era una trinchera.
Cada conferencia significaba defender al presidente, responder por sus decisiones, enfrentar cuestionamientos sobre la economía, la política exterior, Irán, las elecciones y prácticamente cualquier controversia que llegara al despacho presidencial.
Ese nivel de exposición tiene un coste.
Y posiblemente ese coste se volvió todavía más difícil de sostener después de convertirse nuevamente en madre.
Pero existe un tercer elemento: el calendario político.
Leavitt no se va en cualquier momento. Se despide cuando comienza la recta final hacia las elecciones legislativas de noviembre.
Trump necesita reorganizar su comunicación precisamente cuando los republicanos enfrentan una batalla electoral de enorme importancia.
Y, paradójicamente, Leavitt no sale del escenario político. Sale del Gobierno, pero permanece cerca de Trump.
Eso significa que puede continuar defendiendo el proyecto político de la administración, participar en la campaña republicana y utilizar su experiencia comunicacional sin cargar con la responsabilidad diaria de estar detrás del podio de la Casa Blanca.
Por eso la pregunta adquiere otra dimensión:
¿Trump está perdiendo a su secretaria de prensa o está liberando a una de sus principales defensoras para convertirla en una pieza política más flexible de cara a las elecciones?
No tenemos todavía una respuesta definitiva.
Y sería irresponsable inventarla.
También sería irresponsable afirmar que acontecimientos recientes de seguridad alrededor del presidente provocaron la renuncia.
Reuters ha informado sobre el episodio ocurrido durante el viaje de Trump a Turquía, en el que se habría utilizado un procedimiento secreto para trasladar al presidente a otra aeronave ante una amenaza iraní.
Pero Reuters no establece ninguna conexión causal entre ese episodio y la salida de Leavitt. Por eso debemos separar los hechos de las especulaciones.
El hecho es que Leavitt renuncia, que acaba de regresar de una licencia de maternidad, que la decisión sorprendió a Washington, que todavía no había sustituto anunciado.
Sin embargo, Donald Trump no rompe con ella.
Y, en lugar de desaparecer de la política, la coloca fuera de la estructura oficial, pero dentro de su círculo de influencia.
Entonces volvemos al principio. La pregunta no es simplemente por qué Karoline Leavitt renuncia. Creo que la maternidad puede explicar perfectamente una parte de la decisión.
El desgaste puede explicar otra, el momento político puede explicar una tercera.
Pero cuando todas esas circunstancias coinciden, el periodista tiene derecho a mirar un poco más allá de la explicación oficial.
Porque a veces la noticia no está solamente en la persona que se marcha, podriamos encontrarla en lo esa dama hará después de marcharse.
Leavitt está abandonando el podio en la Casa Blanca.
Y eso puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece.
De todos modos, al final, la pregunta sigue siendo la misma- ¿por qué ahora?