InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURAAna Rosa Pérez: maestra y escritora dominicana.

Ana Rosa Pérez: maestra y escritora dominicana.

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Ana Rosa Pérez nació en la ciudad de Moca, el 11 de abril de 1956, graduada de Maestra con mención en Ciencias Sociales, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo – UASD – combina la vocación docente con la pasión por la literatura, dejando un legado que enriquece la cultura dominicana.

Obras publicadas:

  •  El manantial de Rosa: poesía (2012)
  •  Alejandro: novela (2015)
  • La mini ficción en Santo Domingo: antología de Lauro Zavala (2016). 
  • El hombre que se vio a través de la ventana (2019),  colección de veinte cuentos, destacamos: 

«Los hombres no lloran»  refleja la enseñanza y la cultura que socialmente han condicionado a los hombres a reprimir sus emociones, especialmente el llanto, considerándolo una muestra de debilidad. Desde la infancia, se les ha inculcado que la masculinidad implica ser fuerte y no mostrar sentimientos vulnerables.

 

«Así me criaron, macho y fuerte. Hasta mi madre me decía de niño si alguna vez me caía o me daba algún golpe y quería llorar o lloraba. – cállese! -o- !Cuidado si lloras, que los hombres no lloran! – Crecí en este ambiente familiar en donde solo a las niñas y a las mujeres se les permitía el llanto. 

– Mi padre con  frecuencia me enfatizaba sobre mi hombría. Recuerdo aquel dia cuando llegue a casa con la rodilla derecha pelada porque me cai de la bicicleta. Mi propio viejo reprimió mis lagrimas, aunque se que por dentro se compadecía del dolor que yo sentía. 

 

«Sabe usted quienes son?» nos transmite sentimientos cuando se pierde la memoria por el paso del tiempo; la nieta visita a la abuela con sus 90 y tantos años, quien siempre la habia valorado y mimado, considerándola especial y parecida a ella. La nieta se sorprende porque ella no sabe porque le llaman «abuela», en esta historia sentimos el amor familiar, la identidad y la importancia de mantener los lazos afectivos.

 

Oiga señora, usted me agrada. Que bien luce a sus noventa y tantos!..Cuando niña, ella solía comprarme trajecitos rosados claros…en la adolescencia…disfrutaba vestirme con pantalones o faldas de colores fuertes, y blusas pasteles…Mi abuela siempre se quejaba de no haber tenido una hembra, solo 4 varones. Hasta que llegue yo a su vida. Por eso es tan apegada a mi. Aunque no puedo decir que no lo es con mis hermanas y con mis primas. Fui su primera nieta. Volcó su amor y sus afectos hacia mi. Decía que me parecía mas a ella que a la madre que me pario. Siempre he disfrutado de su cariño y de muchos regalos. Dice que para mi boda, me comprara el traje de novia y los vestidos que usare antes y después. Ya estoy hecha toda una mujer, y todavía me consiente. 

 

Me tiene usted intrigada señora. Dígame por favor quien es. Quien la ha puesto en mi camino. Y aunque su presencia en esta casa, para mi es grata, quiero saber quien es. Si es un familiar lejano, olvidado tal vez…

 

Me hacen gracia sus gestos y su sonrisa. Parece que va imitando todo lo que hago yo. Vuelvo y le digo. Me cae bien señora. Se parece mucho a ella. A mi abuela. Ojala se quede con nosotros. Se que sera una buen compañía y la hará feliz. 

 

Silencio! Escucha usted? Alguien se acerca. No temas, puede que sean mis hermanas… Son otras personas. Por Dios! Y por que me llamaran abuela? Por que me sonríen, me acarician y no cesan de decirme? – abuela, que bien te queda tu bata nueva, color rosa… Ahora yo le pregunto Sabe usted quienes son? Yo no las conozco. 

 

«El agua roja del mar»  es un relato de lo acontecido en una lancha frágil con un grupo que habian estado bebiendo y bailando en La Terraza, próximo a la playa, decidieron subir a bordo, a las tres de la tarde,  dos mujeres, la niña de Eufemia con apenas nueve años, cuando su madre se pasaba de tragos la llevaba a la casa , pero ahora no quería dejarla …

«El color del agua no es azul. Eso lo sabía muy bien Eufemia. Varias veces la había tomado entre sus manos y no le veía ningún color. Era transparente. Cuando las veía en el mar sí que eran azules. Desde un azul cielo hasta un azul marino intenso las había visto en la travesía por la bahía…»

Tres personas mayores iban de un lado y tres del otro. Eufemia iba al lado de su madre. Habia que equilibrar el peso. Media hora hacia que habian dejado la orilla. Uno de los remos choco con una superficie resbaladiza dentro del agua. Lorenzo ordeno a todos bajarse y hacer silencio.

La madre abrazo fuerte a la hija para que no sintiera los movimientos del barco  que parecía no tener estabilidad. Muñeco se daba largos los tragos. Sintió húmeda la bragueta de su pantalón. Se paro de espalda a la niña para satisfacer la necesidad fisiológica. Vio unos enormes animales nadando en circulo. La cabeza le dio varias vueltas y no pudo sostenerse en pie. La mitad del cuerpo cayo al agua. Los tripulantes lo agarraron por las piernas. Una fuerza bruta lo arranco de sus manos. en medio de los gritos desesperados. Eufemia vio que el agua del mar era roja, habia perdido su color azul.

«Una vaina»
«Corrió hacia la cocina. Llevaba una de sus manos puesta en el cuello. Tropezó al subir el escalón. Los brazos de su madre lo sostuvieron. La miró con ojos saltones y dijo: : -se me pegó una vaina mami, una vaina – Qué vaina mi hijo, qué vaina fue- respondió ella al estrecharlo. Observó la mano ensangrentada del niño y su color palideció.
A las seis de la tarde menguaron los rayos del sol…»
En «Muertos humillados» 
«Lo vi colgado de aquel palo. Llevaba los pies y las manos atadas a el, y la cabeza recostada sobre su hombro. El sol le iluminaba el rostro, aunque ya no veía sus rayos. La sangre en el pelo, le ocultaba la negrura de la piel, dándole una apariencia matizada, cambiando de tonalidades al pasar bajo la sombra de los arboles que adornaban el camino; o al cruzar por el claro en donde se hacía intensa la luz del astro que emitía con furor su mas alta temperatura…»
«El hombre que se vio a través de la ventana»
«Desde la ventana también miré una hoja seca que arrastraba el viento procedente del norte, y el viento que venía del sur la embestía con la misma fuerza hasta regresarla al lugar de origen. La vi transformada por el tiempo, pero pensé, aún sigue siendo materia.
Seguí ensimismado en el accionar de la calle. La vendutera con su batea a la cabeza, levantaba la voz para imponerse a la del pregonero que arrastraba su carreta repleta de mercancías frescas, las que ofrecía a quienes se acercaban a comprar unas que otras frutas, vegetales…
Cansados ya mis ojos con el movimiento de tanta gente, extendí la vista hacia el horizonte. Por más que quise enfocar el lente, la línea permanecía oblicua, con elementos que ascendían desde la superficie hasta la cima, desde la tierra hasta el cielo. Ahí pude verme, escalando peldaños…»
Su obra refleja una mirada profunda sobre la vida, los sentimientos y la condición humana, contribuyendo a mantener viva la tradición literaria en su país. Felicitaciones en tu cumpleaños querida Ana Rosa Pérez. 

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