InicioCEREPOESIAEDITORIAL: La Otan, en un mundo más complejo que la Guerra Fría

EDITORIAL: La Otan, en un mundo más complejo que la Guerra Fría

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Carlos Márquez  /

La cumbre de la OTAN en Ankara no se celebra en un momento de paz, sino en medio de una peligrosa reconfiguración del poder mundial.

Mientras el estrecho de Ormuz muestra señales de una relativa distensión tras los recientes esfuerzos diplomáticos, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa consumiendo recursos militares y económicos de Occidente, y China envía nuevas señales de fortalecimiento de su capacidad estratégica mediante ensayos con misiles de capacidad nuclear.

Durante décadas, el sistema internacional estuvo dominado por una sola prioridad estratégica.

Hoy la realidad es completamente distinta.

Estados Unidos y sus aliados deben administrar simultáneamente tres grandes escenarios.

Europa oriental, Oriente Medio y el Indo-Pacífico. Ninguno admite descuido, pero tampoco existe la capacidad política, económica y militar para concentrar todos los esfuerzos en los tres al mismo tiempo.

La reunión de Ankara refleja precisamente esa contradicción.

La OTAN busca reafirmar su unidad, aumentar el gasto militar de sus miembros y sostener el apoyo a Ucrania, mientras discute la seguridad marítima en el Golfo Pérsico y adapta su estrategia frente al acelerado desarrollo militar chino.

La relativa disminución de las tensiones en Ormuz constituye un alivio para los mercados internacionales, especialmente para los precios de la energía.

Sin embargo, nadie puede afirmar que la crisis haya terminado. Basta un incidente para alterar nuevamente el comercio mundial y provocar otro salto en los costos del petróleo y del transporte marítimo.

Mientras tanto, Ucrania continúa siendo el principal frente militar europeo.

Los ataques, las operaciones con drones y la ausencia de un acuerdo político demuestran que el conflicto está lejos de una solución definitiva.

Cada nuevo paquete de asistencia militar prolonga una guerra cuyo desenlace sigue siendo incierto.

En paralelo, China continúa fortaleciendo su capacidad de disuasión estratégica.

Sus recientes pruebas de misiles con capacidad nuclear constituyen un mensaje dirigido no solo a Washington, sino también a sus vecinos del Indo-Pacífico.

Pekín está decidido a consolidarse como una potencia militar de primer nivel.

La lección que deja Ankara es evidente.

El mundo no se encuentra al borde de una nueva Guerra Fría; ha ingresado en una etapa más compleja, caracterizada por varias crisis simultáneas que interactúan entre sí. Cada aparente avance diplomático en una región puede verse neutralizado por una nueva escalada en otra.

La estabilidad internacional dependerá menos de las demostraciones de fuerza y mucho más de la capacidad de las grandes potencias para construir mecanismos de equilibrio. En esa tarea se juega no solo el futuro de la seguridad global, sino también el de la economía mundial.

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