¡Buenos días, adictos a la rosca pesada! Olvídense por dos horas de las cotizaciones del petróleo y de los drones en Medio Oriente. Hoy el mapa del mundo se reduce a 105 por 68 metros de césped sintético en Nueva Jersey. Argentina contra España. La final de la Copa del Mundo.
Pero como aquí no nos chupamos el dedo con el relato de «la fiesta de la hermandad hispana», vamos a rascar la pintura de este cuadro para ver qué monstruos geopolíticos están escondidos detrás. Saquen las palomitas de maíz, porque el verdadero partido se juega en el palco.
- La «Vendetta» de la Finalissima (O cómo el tío Sam factura las crisis): A ver si tenemos memoria fresca, muchachos. Este partido ya nos lo debían. Se iba a jugar en marzo, allá en Qatar, bajo el pomposo nombre de la Finalissima. ¿Y qué pasó? Pum. Escalada bélica, espacio aéreo caliente en Medio Oriente, amenazas cruzadas y la FIFA —que le tiene pánico a que un misil le ensucie el branding— armó las valijas y canceló el evento.
Pero el negocio no se pierde, se traslada. El «soft power» estadounidense olió sangre (y dólares) y mudó la narrativa. Hoy, la final no es solo fútbol; es la demostración palpable de que mientras el resto del planeta se prende fuego entre frentes de guerra, el imperio norteamericano te organiza el show más grande del planeta en el jardín de su casa.
- El Club de los Tres: Trump, Infantino y el fantasma de la OTAN: Miren esa foto que ya se está cocinando en el palco presidencial del MetLife Stadium.
De un lado, Gianni Infantino, ese camaleón de traje suizo que vende el fútbol como si fuera el Dalai Lama, pero factura como Wall Street. Del otro, Donald Trump, frotándose las manos. Para la Administración Trump, este partido es el spot de campaña perfecto: «¿Ven? Conmigo el mundo es seguro, el Mundial es un éxito y los extranjeros vienen a dejar sus millones acá».
Pero ojo a la suspicacia de TeclaLibre: Trump ya le tiró los galgos a la delegación española. Hace apenas unas semanas, en la cumbre de la OTAN, el magnate barrió el piso con Madrid por su «tibia» postura y falta de cooperación en el conflicto internacional con Irán. Hoy, el gobierno de EE. UU. sonríe para la foto con los españoles, pero en los pasillos de Washington el mensaje es claro: Te doy la copa, pero de mis decisiones militares no te colgas.
- El misterio de la silla vacía: Milei, sus brujas y el enemigo socialista. Y aquí viene el picante latinoamericano que tanto nos gusta. En el palco va a estar el presidente español Pedro Sánchez, con su porte de manual y su discurso socialista. ¿Y quién debió estar enfrente para morderle la oreja ideológica? Javier Milei.
Cualquiera pensaría que el león argentino se tiraría de cabeza en un avión para sacarse una foto abrazado a su ídolo Donald Trump en Nueva Jersey. Pero no. El libertario se quedó en Olivos.
¿La versión oficial? «Cábala». Sí, leyó bien. El hombre que quiere dinamitar el Estado le tiene miedo a la mufa futbolera y prefirió quedarse en el sillón presidencial no sea cosa que Scaloni pierda por su culpa. Creer o reventar.
La verdad que no te cuentan: La ausencia de Milei le ahorra a Trump un dolor de cabeza diplomático del tamaño del MetLife. Con las relaciones rotas y los insultos que se han revoleado Milei y Sánchez en el último año, ese palco hubiera parecido una taberna de marineros. Milei se baja físicamente, pero en las redes sociales ya activó el ejército de trolls para instalar consignas de soberanía sobre las Malvinas y agitar el avispero nacionalista. El tipo no viaja, pero cómo le gusta tirar nafta a la distancia.
👁️ El Ojo de TeclaLibre: Nos quieren vender que esto es Lamine Yamal contra Lionel Messi. No se dejen engañar. El fútbol es la excusa que inventó el poder para que los presidentes midan el tamaño de sus misiles sin tener que apretar el botón rojo. ¡Que ruede la pelota y que Dios nos agarre confesados!
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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