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ISRAEL VOTA ENTRE LAS BOMBAS Y LAS URNAS

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NETANYAHU SE JUEGA EL PODER, PERO LA GUERRA NO ESTÁ EN LA PAPELETA

Más de 7.3 millones de israelíes están convocados a unas elecciones que podrían poner fin a la prolongada era de Benjamin Netanyahu. Su principal adversario, Gadi Eisenkot, promete un cambio político, pero las diferencias sobre Gaza, Irán y la cuestión palestina plantean una interrogante: ¿cambiará Israel de rumbo o simplemente de conductor?

Por  Luis Rodríguez Salcedo

TEL AVIV.– Israel acude este martes a las urnas con las heridas abiertas, los recuerdos del 7 de octubre de 2023 todavía presentes y una pregunta que sobrevuela las cabinas electorales: ¿ha llegado el momento de despedir a Benjamin Netanyahu o seguirá siendo el hombre indispensable de una nación que vive permanentemente en estado de alerta?

Más de 7.3 millones de ciudadanos están convocados a elegir los 120 integrantes de la Knéset, el Parlamento israelí. Sin embargo, la disputa trasciende la aritmética electoral. Se vota después de tres años de guerras, devastación en Gaza, enfrentamientos con Irán y una profunda fractura de la sociedad israelí.

La gran paradoja es que, aunque los ciudadanos pueden cambiar al primer ministro, no está garantizado que puedan cambiar la política de guerra.

NETANYAHU: EL SUPERVIVIENTE DE MIL BATALLAS

Benjamin Netanyahu, el gobernante más longevo de la historia israelí, vuelve a someter su liderazgo al escrutinio popular.

Su discurso ha colocado la seguridad nacional en el centro de la campaña. Para sus partidarios, su experiencia constituye una garantía frente a las amenazas regionales. Para sus críticos, su gobierno debe responder por los fallos de seguridad que precedieron al ataque de Hamás de octubre de 2023 y por las consecuencias de las operaciones militares posteriores.

Netanyahu tiene además un problema que ningún misil puede resolver: la fragmentación parlamentaria.

Las encuestas anteriores a la votación sugieren que ni su bloque ni el de sus adversarios tienen asegurados los 61 diputados necesarios para gobernar.

Y aquí aparece una peculiaridad de la democracia israelí: se puede perder una mayoría, conservar posibilidades de gobernar y convertir una derrota política en una interminable negociación de despachos.

EISENKOT: ¿CAMBIO DE GOBIERNO O CAMBIO DE ESTRATEGIA?

Su principal rival es Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigente del partido Yashar.

Su trayectoria militar le permite disputar a Netanyahu uno de sus argumentos tradicionales: la experiencia en seguridad.

Pero Eisenkot no representa una ruptura absoluta con los fundamentos de la doctrina militar israelí. Sus diferencias con Netanyahu abarcan el liderazgo, las prioridades institucionales y la gestión del Estado, sin traducirse necesariamente en una transformación radical de las posiciones israelíes sobre Palestina.

Es precisamente ahí donde surge la pregunta incómoda.

¿Puede hablarse de un cambio histórico cuando los principales aspirantes mantienen importantes coincidencias sobre los asuntos que más preocupan a palestinos, iraníes y vecinos árabes?

La respuesta no está escrita. Y sería precipitado suponer que una alternancia política equivale automáticamente a una solución diplomática.

GAZA NO VOTA, PERO ESTÁ PRESENTE

En Gaza, donde la población palestina ha soportado una devastación humana y material extraordinaria, estas elecciones se observan desde una realidad completamente distinta.

Los palestinos de Gaza y Cisjordania no participan en la elección parlamentaria israelí. Sin embargo, las decisiones del próximo gobierno tendrán consecuencias directas sobre su seguridad, sus condiciones de vida y sus perspectivas de autodeterminación.

La guerra ha convertido la cuestión palestina en uno de los grandes asuntos internacionales de nuestro tiempo.

Pero la campaña israelí gira también alrededor de problemas internos: la relación entre religión y Estado, el servicio militar de los ultraortodoxos, la independencia institucional y la responsabilidad de los gobernantes.

La paz, por tanto, no figura como una alternativa sencilla entre dos proyectos políticos claramente opuestos.

TRUMP, IRÁN Y EL TABLERO REGIONAL

En Washington, Donald Trump sigue siendo una figura decisiva para las relaciones estratégicas entre Estados Unidos e Israel.

La identidad del próximo primer ministro influirá en la coordinación bilateral, la política frente a Irán y las posibilidades de nuevas iniciativas diplomáticas.

No obstante, sería aventurado afirmar que Washington controla el resultado electoral israelí o que existe un acuerdo secreto para determinarlo.

Lo comprobable es que la alianza estadounidense-israelí posee intereses militares, tecnológicos y estratégicos que trascienden a los gobernantes de turno.

En cuanto a Irán, una eventual sustitución de Netanyahu tampoco garantizaría por sí sola el fin de las hostilidades. Las percepciones de amenaza, los programas militares y las rivalidades regionales seguirían presentes.

EL VOTO ÁRABE Y LA ARITMÉTICA DEL PODER

Otro protagonista de esta jornada es el electorado árabe israelí.

Su participación puede modificar el reparto parlamentario y las posibilidades de formar gobierno. Sin embargo, la incorporación de partidos árabes a una coalición sigue siendo una cuestión políticamente controvertida.

A esto se suma la capacidad de negociación de las formaciones religiosas y de los partidos pequeños.

En Israel, la última palabra no siempre la tiene quien consigue más votos, sino quien logra reunir suficientes aliados.

EL CIERRE DE TECLALIBRE

Netanyahu se juega su permanencia en el poder. Eisenkot aspira a reemplazarlo. Los israelíes deciden qué Parlamento quieren y qué rumbo político consideran necesario.

Pero Gaza seguirá allí. Irán también. Y los conflictos que atraviesan Oriente Medio no desaparecerán con el recuento de las papeletas.

Quizás la gran incógnita de estas elecciones no sea únicamente quién gobernará Israel, sino cuánto podrá cambiar realmente su política exterior y militar.

Porque en aquella región, donde las urnas conviven demasiado frecuentemente con los misiles, cambiar de primer ministro puede resultar más fácil que cambiar de destino.

Y, como suele ocurrir en política, los candidatos prometen abrir una nueva página de la historia, aunque todavía no hayan explicado quién apagará los incendios de la anterior.

TeclaLibre – Periodismo para pensar, no para obedecer.

rodriguezsluism9@gmail.com    https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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