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LA BALA QUE APAGÓ A RAWEL Y UN MES DE SILENCIO POLICIAL

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-Por la redacción de TeclaLibre-

BRISAS DEL ESTE, Santo Domingo Este. — La noche del 18 de junio, Rawel Sierra solo tenía un antojo ordinario: comerse una hamburguesa. Salió de su casa con la parsimonia de sus 18 años y la vulnerabilidad de su condición de autista, caminando hacia las calles de un barrio que esa noche rugía. Brisas del Este quemaba gomas y lanzaba consignas; la comunidad estaba harta de las prolongadas y asfixiantes tandas de apagones. Rawel no iba a protestar, pero la penumbra y el caos lo envolvieron. Él nunca regresó a cenar.

En medio del tumulto, un destello rompió la oscuridad y una bala le perforó la cabeza. Tres días después, el adolescente expiraba en una cama de hospital.

Hoy, casi un mes después de aquella noche trágica, el luto de la familia Sierra se ha transformado en una dolorosa obsesión por reconstruir los segundos previos al disparo. Una sola pregunta quita el sueño en Brisas del Este, una interrogante que las autoridades mantienen bajo un pesado manto de silencio: ¿quién accionó el arma que mató a Rawel?

Para los familiares de la víctima, el rompecabezas no es tan complejo. Sus ojos fueron los testigos. Sostienen con firmeza que el proyectil mortal salió del arma de un agente de la Policía Nacional.

Mayer Martínez, tía del joven, relata la secuencia con la nitidez que da el espanto: una patrulla policial llegó al lugar de la protesta, deteniéndose cerca de una farmacia local. De la camioneta descendió un uniformado, o bien se posicionó estratégicamente cerca del vehículo, con una pistola en la mano.

«Nosotros vimos cuando la patrulla de policía se paró cerca de la farmacia. Un policía se orilló con la pistola en la mano, hizo un disparo y ese tiro fue el que le pegó a mi sobrino», declaró Martínez, reviviendo el trauma.

Sin embargo, a 28 días del suceso, la certeza familiar choca de frente con la parálisis oficial. Ninguna autoridad les ha comunicado quiénes integraban esa patrulla, si los agentes han sido interrogados, o si sus armas de reglamento fueron retenidas para los análisis balísticos correspondientes.

En el perímetro donde cayó Rawel hay ojos de cristal. Cámaras de vigilancia comercial y residencial que captaron el movimiento exacto de la patrulla, la posición de los uniformados y el instante preciso del fogonazo. Para los parientes, esos videos son la prueba reina, la llave para destrabar la impunidad.

Pero esas imágenes siguen bajo llave en los laboratorios de los investigadores. No se ha divulgado su contenido ni se ha aclarado si los videos son concluyentes o si sufren de los convenientes «puntos ciegos» que suelen aparecer en casos que involucran a la uniformada.

El expediente, hasta ahora, es un catálogo de silencios:

¿Cuántos policías componían la dotación esa noche?

¿Quién conducía el vehículo oficial?

¿Se recolectaron los casquillos en la escena del crimen?

¿Existe ya un mapeo comparativo de balística?

A la fecha, el Ministerio Público y la Policía Nacional no han ofrecido un solo informe preliminar.

Hartos de esperar una llamada que no llega, la mañana de este jueves la familia Sierra, rodeada de vecinos y allegados, trasladó su indignación hasta las puertas de la Fiscalía de Santo Domingo Este. No era un simple acto de duelo; era una marcha contra el olvido.

Con los retratos de Rawel en alto y pancartas donde se leía «Justicia para Rawel Sierra» y un desgarrador «Policía, no me mate», la manifestación exigió respuestas institucionales. Los portavoces de la familia aclararon que no buscan un «chivo expiatorio» ni una acusación a la carrera; exigen ciencia, transparencia y nombres. Quieren saber qué agentes dispararon y bajo qué orden.

La rutina de un muchacho que buscaba algo de cenar terminó convertida en una escena del crimen en un barrio a oscuras. Para evitar que la muerte de Rawel se diluya en la burocracia de los peritajes demorados y los archivos engavetados, la familia ha decidido tocar las puertas más altas del poder.

Entre lágrimas, clamaron por la intervención directa del presidente de la República, Luis Abinader; de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful; y del director general de la Policía Nacional. Piden que la muerte del joven autista no sea una estadística más de los «daños colaterales» en las noches de apagones y balas perdidas en la periferia de la capital.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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