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La debilidad de Farage pone en cuestión el auge de la ultraderecha en el Reino Unido | Internacional

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El gran éxito de cualquier partido centrado y con vocación de gobierno, conservador o socialdemócrata, consiste en camuflar bajo su manto a los extremos y concentrar el voto. El mérito de Nigel Farage ha sido hacer el viaje contrario: dominar el debate público, ya sea respecto al Brexit, a la inmigración o a cualquier otro asunto divisorio, y convencer a los votantes de derechas moderados de que su opción era democrática y respetable.

“Dentro de su propio partido hay gente a la que no tengo problema en considerar de extrema derecha, racistas sin complejos, probablemente incluso simpatizantes del nazismo, así como formas psicológicas desviadas de ultranacionalismo. Pero él ha sido siempre capaz, tácticamente, de mantenerse alejado de esa ultraderecha tan abierta y presentarse como una extensión del Partido Conservador. Aunque, en el fondo, es un ultraderechista”, explica a EL PAÍS Roger Griffin, profesor de Historia Contemporánea y politólogo de la universidad Oxford Brookes, experto en las dinámicas sociohistóricas del fascismo.

“Sabe que el único modo de ser un político electo, un diputado, es evitar contaminarse con la extrema derecha. Por eso se ha cuidado siempre mucho de tomar distancia respecto a un pasado juvenil con simpatías nazis y antisemita, o respecto a la corrupción masiva de algunos de sus principales apoyos”, señala Griffin.

La perdición de Farage han sido siempre el dinero y el lujo, y las controvertidas amistades que se los han proporcionado durante todos estos años con la excusa de patrocinar sus causas políticas. El último de esos escándalos le ha llevado a intentar escapar con un nuevo salto mortal populista.

El Comisionado Parlamentario para los Estándares del Reino Unido, Daniel Greenberg, había decidido abrir una investigación sobre los cinco millones de libras (unos 5,7 millones de euros) que el popular político ultra aceptó a principios de 2024 del empresario e inversor en criptomoneda británico-tailandés Christopher Harborne.

Farage nunca declaró esa donación en el registro de intereses de la Cámara de los Comunes, porque se realizó antes de que obtuviera su acta de diputado en julio de ese año, y asegura que el multimillonario le regaló esa fortuna de manera desinteresada, para reforzar su protección personal y para agradecerle su lucha de más de dos décadas a favor del Brexit.

A ese escándalo se sumó otro. Una investigación del diario The Sunday Times reveló cómo el empresario y aristócrata George Cottrell, conocido como “George el Pijo” (Posh George), que se dedica a las apuestas ilegales con criptomonedas y fue condenado en Estados Unidos por fraude electrónico al participar en un esquema de lavado de dinero para narcotraficantes, proporcionó durante años a Farage —de quien llegó a ser su mano derecha― personal de seguridad, trabajadores que gestionaron sus cuentas en las redes sociales, viajes y hasta el uso de un apartamento de lujo en Londres, cercano al palacio de Buckingham.

Elecciones parciales forzadas

Farage dimitió el miércoles como diputado y anunció que se volvería a presentar en la elección parcial de Clacton-on-Sea, la circunscripción de la costa sur de Inglatera que lo eligió holgadamente hace dos años. “Será una batalla entre la voz del pueblo y el establishment”, anunció.

El boicot del resto de partidos políticos, que han anunciado que no participarán en ese ‘circo’ y no presentarán candidato, y la pantomima que supone que su único rival vaya a ser un humorista antisistema que va disfrazado de superhéroe de hojalata con un cubo de basura en la cabeza (el Conde Cubo de Basura, o Count Binface en el original inglés), han puesto en una situación delicada a un político al que parece que la cuerda se le agota. La pregunta es, ¿puede sobrevivir a Farage el populismo ultraderechista que ha crecido a su sombra hasta dominar las encuestas y el debate público del Reino Unido?

“Incluso si gana la elección parcial de Clacton -en gran parte por la falta de competencia, más allá del Conde Cubo de Basura -, tengo muchas dudas de que pueda sobrevivir políticamente, porque se trata de una maniobra muy cínica. Es verdad que no es la primera que hace algo así en su carrera política y siempre ha sido un superviviente, pero en este caso su imagen se ha deteriorado mucho. Dudo que haya mucha participación electoral o que recabe un amplio apoyo”, señala Aaron Winter, profesor de Sociología en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Lancaster, y especializado en la extrema derecha y el racismo.

“Pero si Farage y su partido, Reform UK, desaparecieran, toda esta retórica política contra la inmigración permanecería en el Reino Unido, a no ser que alguien en la izquierda sea capaz de impulsar un cambio en este debate y presentar propuestas de cambios estructurales. Las ideas de Farage han pasado a ser ideas populares, incorporadas al debate público”, advierte.

Si el experimento de Clacton acabara en fracaso, podría volver a retirarse de la arena política, como ha hecho en otras ocasiones. Ya estuvo fuera de Reform UK más de tres años, del 2021 al 2024, y solo volvió cuando olió posibilidades de victoria.

El partido había seguido existiendo bajo el liderazgo de Richard Tice, y en los últimos años se han incorporado a él más de veinte diputados y exdiputados del Partido Conservador, como Robert Jenrick o Suella Braverman (ambos exministros del Gobierno de Rishi Sunak), cuyo extremismo en asuntos como la inmigración o las guerras culturales con la izquierda ya no encajaba en el entorno de los tories.

“Reform UK es un partido muy personalista pero a la vez con unas raíces estructurales muy firmes. Nigel Farage no es la única razón de que esta formación haya surgido, pero sigue siendo la figura principal a través de la que se canalizan y comunican quejas más amplias”, explica William Allchorn, profesor asociado de Criminología en la American International University de Londres y profundo conocedor de los movimientos de extrema derecha en el Reino Unido.

“Su importancia no deriva tanto de ser un líder de partido como de ser un emprendedor político, al frente de movimientos como el euroescepticismo, UKIP, el Partido del Brexit y ahora Reform UK. Ha demostrado una notable habilidad para identificar la insatisfacción latente y convertirla en movilización electoral. Ha convertido las críticas radicales contra el establishment político en un lenguaje accesible, contra las élites y muy familiar culturalmente para gran parte del electorado”, observa Allchorn.

Al partido de Farage le ha salido además una escisión, Restore Britain, del diputado Rupert Lowe, expulsado del partido por presunto acoso laboral, y que propugna ideas extremas como la pena de muerte para los criminales de minoría étnica o la deportación masiva de los inmigrantes irregulares.

Lowe es el nuevo capricho del multimillonario Elon Musk, que ha dado la espalda a Farage, supuestamente por tibio, y apoya ahora al político renegado. En la reciente elección parcial de Makerfield, que ganó el ya exalcalde de Mánchester y futuro primer ministro, Andy Burnham, Restore Britain obtuvo un 7% de los votos que arañó de Reform UK.

El resultado de una nueva espantada de Farage puede ser que la ultraderecha vuelva a una posición de mayor marginalidad, pero el legado del político más popular del Reino Unido en las últimas décadas, junto a Boris Johnson, ha sido el incorporar al debate diario ideas que nadie se hubiera atrevido a poner sobre la mesa hace unos años. Aquello que dijo el poeta Baudelaire de que “el mayor truco del diablo es hacernos creer que no existe”.

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