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Lógica de una filosofía medica

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Por: Guaroa Ubiñas Renville

Eran los tiempos muy lejanos de la antigüedad en que los sentidos comenzaban a sentirse en la realidad de cuerpos primitivos. Las brumas daban paso a la visión, el ruido de los volcanes a la acústica, el gusto y los aromas invadían las narices que lucían un órgano complejo y solo prominente, y el paladar conocía el gusto. El contacto con las piedras y arenas y los árboles y seres semejantes apreciaban el contacto aun sin llamarlo. Al tacto. Los ojos de la piel.

Tiempos primitivos en los cuales la solidaridad era una obligación sin nombre, que de no existir hubiera impedido lo que hoy llamamos supervivencia.

No se conocía de nombres. Nombres, que hoy han multiplicado los sonidos y acordes    guturales llegando a los idiomas y canciones en un reino y sonidos de relaciones tan complejos como los sentimientos. Porque si tal vez existía el odio y la contemplación, también tuvo que existir el amor desde el principio. Porque solo con este, el amor, el primer ser humano fue amamantado en el pecho de la madre y se desarrolló la especie.

Las  moléculas se replicaban y organizaban y nacía la  gente por ese  fenómeno biológico llamado hoy  autopoiesis, de replicación y diferenciación molecular    que rige a los seres y objetos vivos dentro y fuera del  compás  siempre diverso del movimiento de las aguas, tan diferente y ligado al cosmos, al  universo, a lo que se veía, mirando para arriba, que nadie aún puede clasificar a plenitud.

También llegó el frio y el calor y cuando alguien moría se podía pensar que el frio había invadido sus cuerpos y ello había originado la inmovilidad y la falta de respuesta, el silencio. Y  luego el hedor de la putrefacción. Como realmente sucedió por millones en la reciente guerra mundial en que el hombre y la mujer se expusieron a muchos grados, más de 40, bajo cero.

Y ya estaba el dolor y el sufrimiento, los sentimientos llevaron a algunos a querer aliviarlo y nacieron los aconsejadores y con ellos la esencia de los psicólogos y psiquiatras motivados por ellos, y los curadores que luego serían los médicos.

Pero había   una distancia muy grande entre el que aliviaba los dolores y el que curaba las enfermedades. Curar era una fuerte aspiración social.

Una aspiración manifiesta de las sociedades. Las cuales fueron violentas y agresivas y el que simplemente resolvía el sufrimiento no disfrutaba de algo que se siente y no se puede tocar, del respeto que merecía su intencionalidad.

Algunos replicaban que la cura era hija de los dioses o del destino.

Y entonces en el regazo de múltiples dioses bienhechores que fueron poblando el pensamiento y la tranquilidad de la gente. Las exigencias del saber, la curiosidad y la experimentación permitieron al reino vegetal tomar parte del problema de la supervivencia humana y nacieron en todas las sociedades los curanderos efectivos. Relativamente efectivos. Identificando plantas medicinales.

EL reino de los humanos recibía el apoyo del reino vegetal.

Solo que tenemos que entender, que el tránsito entre el que solo apoya y quita algunos dolores y el que cura creció y el respeto a estos personajes fue un movimiento de siglos, de desconsideraciones a la dinámica del simplemente supuesto curador, extraordinarios.

Y la esencia del médico sufrió grandemente porque el absurdo y criminal y siempre también el interés económico de religiones y poderes negativos establecidos, cerrado al desarrollo de la ciencia mataron y persiguieron a sus oficiantes por siglos, hasta que esta se impuso.

Y fue la imposición de la razón y la tecnología sobre el empirismo desde el punto de vista organicista, para separarlo del intelecto, que tiene unas secuencias a veces diferentes.

Esa esencia originaria tan bella aun es agredida y ese respeto aun es menguado por los sistemas políticos y frecuentemente por los mismos médicos con motivaciones diferentes a la esencia de su oficio, algunos de los cuales no entienden que ese respeto que deben cuidar se hace más débil en la medida en que la intencionalidad de su ejercicio se ve menguada por los altos costos de su asistencia. Que expresan algo diferente.

Que si bien la razón se ha impuesto y sus necesidades han aumentado, deben darse cuenta que en esta lucha de millones de años   el valor de cosas aparentemente invisibles como el respeto, la motivación, que  las sociedades  perciben  y exigen como oxígeno para vivir de la confiabilidad de un accionar sin mengua.

Cosas invisibles pero de un gran peso y valor existencial. Que adorna el recuerdo de una gran   cantidad de nuestros antecesores. Y del todo el mundo.  Sigamos sus pasos.

Claro está en sociedades donde no existen gobiernos que garanticen tratamientos adecuados para todos los habitantes y condiciones de sanidad adecuadas para sus supuestos ciudadanos.

Esto lo rompe todo.

PERO SOLO EL QUE PERSISTE VERA FLORECER LOS ARBOLES SECOS…

La última línea es tomada de otra persona.

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