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NETANYAHU SABOTEA PACTO TRUMP IRÁN EN ORMUZ

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En las sombras del desierto y los pasillos de Washington, una vieja danza de lealtades forzadas y puñales por la espalda.

-Redaccion de TeclaLIbre, 28 de mayo 2026-

Se suponía que la guerra relámpago de febrero de 2026 contra Irán sería el gran cierre de Trump y Netanyahu: régimen tambaleante, programa nuclear pulverizado, proxies en fuga y el Estrecho de Ormuz bailando al son de los petrodólares libres. Tres meses después, la realidad es un sainete geopolítico con más giros que un bazar de Teherán. El estrecho sigue medio estrangulado, los precios del crudo han castigado carteras globales, y el gran acuerdo que Trump anuncia a bombo y platillo cada pocos días se le escapa como arena entre los dedos. Y en el centro de la foto, con su eterna cara de «yo no fui», Benjamin Netanyahu.

Según fuentes y reportes que circulan estos días (finales de mayo 2026), Estados Unidos e Irán han cerrado un borrador de Memorando de Entendimiento por 60 días: alto el fuego extendido, reapertura del Ormuz sin peajes ni minas iraníes molestando, algo de alivio a sanciones y activos congelados a cambio de que Teherán quite sus juguetes del paso marítimo. Trump lo vende como un triunfo pragmático: «el estrecho abierto, la economía mundial respirando y negociaciones nucleares por delante». Irán, por su lado, respira porque el bloqueo naval estadounidense le estaba ahogando las exportaciones.

Pero Bibi no está para fiestas. Israel ve en este pacto un desastre estratégico: Irán conserva su arsenal de uranio enriquecido, su programa nuclear solo pospuesto, y el régimen clerical sigue en pie. Peor aún, la guerra con Hezbollah en Líbano tendría que calmarse como parte del paquete. Netanyahu ha intensificado operaciones en el sur libanés justo cuando las conversaciones avanzan, un timing que huele a sabotaje calculado. Opositores israelíes como Yair Lapid lo dicen sin rodeos: el acuerdo es «malo para la región» y Netanyahu falló en influir en Trump para lograr «victoria real».

¿Sabotaje? La palabra es fuerte, pero los hechos bailan con ella. Netanyahu admite en privado que tiene poco margen para torcerle el brazo a Trump. Sin embargo, las acciones hablan: continuos ataques israelíes, presión pública y privada, y un lobby que recuerda al de 2015 contra el acuerdo Obama. Fuentes iraníes acusan abiertamente a Israel de «sabotear cualquier proceso». En Washington, halcones republicanos y voces pro-Israel elevan el tono contra un pacto que no desmantela del todo la amenaza iraní.

Trump, ese maestro del «art of the deal» versionado 2026, quiere salir del pantano. La guerra no ha sido el paseo triunfal prometido. Ha generado crisis energética, inflación y un desgaste político. Reabrir Ormuz (por donde pasa un cuarto del petróleo mundial) es su vía de escape pragmática. Netanyahu, en cambio, juega a largo plazo: prefiere una escalada controlada que mantenga a Irán como enemigo existencial y justifique su permanencia en el poder. La guerra ha expandido frentes (Líbano, Siria, proxies), pero no ha entregado el knockout.

Hay incidentes «defensivos» de EE.UU. en el estrecho incluso durante el alto el fuego, choques menores y declaraciones cruzadas. Cada vez que Trump dice «está casi cerrado», aparece un nuevo bombardeo o una declaración dura desde Jerusalén que enfría el ambiente. Coincidencia o coreografía, el resultado es el mismo: el acuerdo se demora.

El Ormuz se ha convertido en el rehén perfecto: Irán lo cierra o lo amenaza para presionar, EE.UU. bloquea puertos para contraatacar, y el mundo paga la cuenta en surtidores. Trump presiona a aliados árabes para que se sumen a los Acuerdos de Abraham como bono extra, pero el silencio en Riad y Doha es ensordecedor. Netanyahu, mientras, profundiza operaciones en Líbano y mantiene el tono de «amenaza existencial», recordándole a Trump que Israel no firmó un cheque en blanco para un pacto light.

¿Saldrá el acuerdo? Posiblemente un parche temporal. Trump necesita una victoria que calme mercados y votantes. Netanyahu necesita que la amenaza iraní no se diluya para seguir vendiendo seguridad. Mientras, los tanqueros esperan, los precios fluctúan y el Medio Oriente sigue siendo ese tablero donde las grandes potencias mueven piezas y los locales tiran de los hilos por debajo.

En TeclaLibre style: aquí no hay héroes, solo jugadores con agendas cruzadas. Trump quiere cerrar el capítulo con pompa. Bibi prefiere que el capítulo nunca termine del todo. Y el Estrecho de Ormuz, pobre, solo quiere que lo dejen fluir en paz. Por ahora, la picardía de la supervivencia política gana la partida. Hasta la próxima escalada.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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