Carlos Marquez Cabrera /
La verdad, sin rodeos es que, nunca he hablado con Adriano Espaillat. No he compartido un escenario con él, no he recibido una llamada de su oficina, no he cruzado un mensaje ni un saludo personal.
Lo que expreso aquí, nace de haber visto su accionar en el tiempo y, por ende, de un rastreo minucioso de su gestión como congresista.
Por ello declaro que, quién lo conozca o no, debe situarlo como una figura histórica y central para la comunidad hispana y dominicana en Nueva York.
Hay líderes que dependen del apretón de manos y hay líderes que se imponen por la magnitud de lo que hacen. Espaillat pertenece a esta segunda categoría.
Para entender su peso específico hay que empezar por lo que significa su propia biografía política.
Adriano Espaillat no llegó al Congreso por casualidad.
En 2016 se convirtió en el primer dominicano-estadounidense en servir en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
Sin embargo, ese dato, de por sí notable, queda atrás, cuando notamos que él, es el primer exinmigrante hispano en la historia de este país que, llegó indocumentado y fue elegido para el Congreso Federal.
Esa verdad trae en si, un enorme significado en el quehacer político estadounidense. Revela la voluntad y el esfuerzo increíble desplegado por este ser humano a fin de colocarse en el sitial ganado.
Millones de inmigrantes vieron en su triunfo la posibilidad real de que alguien como ellos, que caminó por los mismos pasillos inciertos de la indocumentación, pudiera sentarse en la mesa donde se deciden las leyes.
Y no solo eso, en noviembre de 2024, fue elegido por unanimidad como presidente del Congressional Hispanic Caucus (CHC) para el 119° Congreso, liderando el bloque más grande de legisladores latinos a nivel federal.
Si eso no es centralidad histórica, que alguien me explique, lo contrario.
Además, debo resaltar que su vínculo con la comunidad hispano-dominicana no es abstracto.
Su accionar demuestra que no se trata de es un político que «visita» de vez en cuando para hacerse la foto.
El distrito 13 de Nueva York, que representa, incluye Washington Heights, Inwood, Harlem y El Barrio que, constituyen el corazón geográfico, cultural y emocional de la diáspora dominicana en Estados Unidos.
En ese distrito se habla español en las calles, en las casas y los apartamentos, se come mangú y se escucha merengue y bachata en las bodegas.
Allí, la dominicanidad hispana no es un concepto de ascendencia lejana es una realidad viviente, donde Adriano Espaillat no solo representa ese territorio. Lo vive.
Jamas he hablado con el. He visto su constante presencia en los medios y los escenarios a donde acude para defender los derechos de los hispanos a partir de lo establece la constitución estadounidense.
fConstantemente, puede verse en el National Dominican Day Parade, participando en conferencias de prensa sobre seguridad, coordinando con la policía local, celebrando junto a líderes comunitarios.
Adriano, no es el político que llega, saluda y se va. Es el que organiza. El que preside. El que encabeza.
Prueba de ello es el evento anual «Dominicans on the Hill», que congrega en el Capitolio de Washington D.C. a líderes dominicanos de todo Estados Unidos, lo que ha venido a consolidarlo una forma de embajador en la capital del imperio.
Y, tanto como todo eso, se hace necesario pasar balance a los resultados de su gestión.
En marzo de 2026, Espaillat anunció la asignación de más de 14.1 millones de dólares en fondos federales para proyectos comunitarios en su distrito.
Entre ellas, tres destacan por su impacto directo en la identidad y el bienestar hispano-dominicano:
3.15 millones de dólares para el CUNY Dominican Studies Institute. ¿Qué significa esto? Significa que la historia, los archivos, la investigación y la memoria de los dominicanos en Estados Unidos tienen una casa financiada con recursos federales.
Eso no es menor. Eso asegura que las futuras generaciones tengan dónde estudiar su propia herencia.
Espaillat consiguió 1.031 millones de dólares para la organización We All Really Matter (W.A.R.M.), dedicada a apoyar a sobrevivientes de violencia doméstica y a familias vulnerables en el distrito 13.
Simplemente, la comunidad necesitaba protección para las mujeres, los niños y los que más sufren
Por igual, logró fondos para mejoras en escuelas como la PS 187, PS 171 y PS 115, para seguridad en viviendas públicas de la NYCHA, y para desarrollo de la fuerza laboral en City College y Bronx Community College.
Todo eso puede definirse como, gestión territorial de un congresista responsable, que da la cara y que, por justicia, Adriano Espaillat, debe continuar su gran obra en el Congreso.
El autor es, director de Teclalibre Multimedios.

