Por: Paulina Herrera
«»No hay nostalgia más dolorosa que la nostalgia de lo que nunca fue.»» Fernando Pessoa
Existen palabras que nombran objetos, acciones o emociones. Pero también existen palabras que contienen una manera de comprender la existencia. Son palabras que ninguna traducción consigue abarcar plenamente porque en ellas habita una historia, una cultura y una forma de sentir el mundo.
Una de ellas es saudade.
Con frecuencia se traduce como nostalgia, melancolía o añoranza. Sin embargo, cada uno de estos conceptos apenas ilumina una parte de su significado. La saudade es mucho más que el recuerdo silencioso de aquello que se ha perdido y que ya no está y, sin embargo, permanece.
Elegí este tema por una razón profundamente personal.
Mientras investigaba la literatura portuguesa, descubrí que muchas imágenes que durante años habían aparecido espontáneamente en mi poesía parecían dialogar con esa palabra: la memoria que continúa respirando, la ausencia convertida en presencia, los objetos que conservan una vida invisible y el tiempo incapaz de borrar aquello que ha sido verdaderamente amado.
Comprendí entonces que no había llegado a la saudade por casualidad. Fue ella quien, silenciosamente, había estado habitando mis poemas mucho antes de que yo conociera su nombre.
Esta ponencia nace de ese descubrimiento.
No pretende ofrecer una acepción definitiva de la saudade. Aspira, más bien, a recorrer algunos de sus significados a través de la literatura portuguesa, deteniéndose en la obra de dos grandes poetas: Fernando Pessoa y Florbela Espanca. Y, finalmente, compartir cómo ese recorrido me permitió comprender con mayor profundidad mi propia escritura.
PERO…
¿QUÉ ES LA SAUDADE?
Antes de acercarnos a la obra de Fernando Pessoa y Florbela Espanca, conviene detenernos en una pregunta esencial: ¿qué es realmente la saudade?
Responderla no es sencillo. Los diccionarios la definen como un sentimiento de añoranza o de melancolía por alguien o por algo ausente. Sin embargo, esta explicación resulta insuficiente. La saudade no puede reducirse a una definición, porque pertenece más al ámbito de la experiencia que al de las palabras.
La saudade no significa únicamente echar de menos.
Significa reconocer que aquello que amamos continúa viviendo en nosotros, aunque ya no esté presente.
Por eso no es una emoción desesperanzada. Tampoco es una simple tristeza. En la saudade conviven dos fuerzas aparentemente opuestas: el dolor por la ausencia y la gratitud por lo vivido. Es una emoción que mira hacia el pasado sin dejar de iluminar el presente.
Tal vez esa sea la razón por la que esta palabra sigue despertando tanto interés dentro y fuera de Portugal. Porque, aunque nació en una lengua concreta, nombra una experiencia profundamente humana. Todos hemos sentido alguna vez que una persona, un lugar, una voz o un instante siguen habitando nuestro interior mucho después de haberse ido.
Y más que una ausencia, la saudade es una forma de permanencia. con mayor profundidad mi propia escritura

Hablar de la saudade es hablar de Portugal, y hablar de Portugal conduce inevitablemente a Fernando Pessoa, uno de los escritores más influyentes del siglo XX.
Más que un poeta, Pessoa fue un explorador del alma humana. Su obra no busca ofrecer respuestas, sino acompañarnos en las preguntas esenciales sobre la identidad, el tiempo, la soledad y el sentido de la existencia.
En Pessoa, la saudade deja de ser únicamente el recuerdo de alguien o de algo perdido. Se convierte en la conciencia de que el ser humano vive también de aquello que no llegó a realizar. Existe una nostalgia de las oportunidades que no tomamos, de los caminos que no recorrimos y de las vidas que pudimos haber vivido.
Esta visión aparece con claridad en una de sus afirmaciones más conocidas:
«»No hay nostalgia más dolorosa que la nostalgia de lo que nunca fue.»»
En esta frase encontramos una de las expresiones más profundas de la saudade. Pessoa nos invita a comprender que no solo añoramos el pasado. También sentimos la ausencia de aquello que quedó suspendido en la imaginación, de los sueños interrumpidos y de las posibilidades que el tiempo dejó atrás.
La saudade, entonces, deja de ser un simple recuerdo. Se convierte en una dimensión de la existencia. Habita el presente porque forma parte de nuestra memoria, pero también de nuestra imaginación.
Quizá esa sea una de las razones por las que la poesía de Pessoa continúa dialogando con lectores de todas las épocas. Sus palabras no describen únicamente una experiencia portuguesa; describen una condición profundamente humana.
Todos conservamos alguna conversación que nunca ocurrió, algún abrazo que no llegó a darse, alguna despedida que quedó incompleta o un proyecto que jamás pudo realizarse.
Pessoa comprendió que también esas ausencias construyen nuestra identidad.
Y tal vez esa sea una de las formas más hondas de la saudade: reconocer que nuestra vida está hecha tanto de lo vivido como de aquello que solo existió en el territorio del deseo
Florbela Espanca
Si Fernando Pessoa nos muestra la saudade como una experiencia de la conciencia, Florbela Espanca nos la revela como una experiencia del corazón.
Nacida en Portugal a finales del siglo XIX, Florbela fue una de las voces más intensas de la poesía portuguesa. Su obra está atravesada por el deseo, la ausencia, la búsqueda de un amor absoluto y la sensación de que algo esencial siempre se escapa.
En ella, la saudade deja de ser una reflexión filosófica y se convierte en una herida luminosa.
Escuchemos estos versos:
«Saudade! Olha o meu peito como um mar de espuma, as minhas mãos vazias, as minhas mãos sem nada…»
Traducidos al español:
«¡Saudade! Mira mi pecho como un mar de espuma, mis manos vacías, mis manos sin nada…»
La imagen es extraordinaria. El pecho se transforma en un mar agitado y las manos vacías representan no solo la pérdida de una persona, sino la imposibilidad de retener aquello que amamos.
A diferencia de Pessoa, que contempla la ausencia desde la reflexión, Florbela la vive físicamente. La saudade tiene cuerpo: ocupa el pecho, pesa en las manos y se mueve como el mar.
Sin embargo, hay algo aún más importante. La poeta no habla únicamente del dolor. Al invocar directamente a la saudade, la convierte en una presencia, casi en un ser con quien dialoga. La ausencia deja de ser un vacío y adquiere una forma íntima y acompañante.
Aquí encontramos una diferencia fundamental entre ambos autores.
En Pessoa, la saudade nace de la conciencia de las posibilidades perdidas.
Pero ambos coinciden en algo esencial: lo ausente no desaparece. Permanece dentro de quien recuerda.
Esa permanencia es, precisamente, el núcleo más profundo de la saudade.
En Florbela, nace de la intensidad del amor que continúa existiendo incluso después de la pérdida.
Toda investigación transforma de algún modo a quien la realiza. Esta no fue la excepción.
Al comenzar a estudiar la saudade, pensé que me acercaba a una palabra propia de la literatura portuguesa. Sin embargo, conforme avanzaba en las lecturas, tuve la extraña sensación de estar recorriendo un territorio que, de alguna manera, ya conocía.
Descubrí que muchas de las imágenes que aparecen con frecuencia en mi poesía dialogaban naturalmente con ese universo: la ausencia convertida en presencia, la memoria que continúa respirando, los objetos que conservan el eco de quienes los habitaron y el tiempo incapaz de borrar aquello que ha sido profundamente amado.
Entonces comprendí algo que cambió mi manera de leer mis propios poemas.
No escribía buscando la saudade. Escribía desde ella, sin conocer todavía la palabra que la nombraba.
La poesía había llegado antes que la teoría.
Esa revelación me permitió comprender que el lenguaje poético posee una forma singular de conocimiento. El poeta, muchas veces, intuye antes de explicar; presiente antes de definir; nombra aquello que todavía no ha sido plenamente comprendido.
Quizá por eso la poesía consigue atravesar las fronteras del idioma. Aunque la palabra saudade pertenece al portugués, la emoción que contiene pertenece a todos nosotros, al universo entero.
Hoy entiendo que la literatura no solo nos permite conocer a los grandes autores; también nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. A veces un libro no responde una pregunta. Nos revela que llevábamos muchos años formulándola en silencio.
Ese ha sido, para mí, el verdadero sentido de esta investigación: descubrir que una palabra nacida en otra lengua podía iluminar, con una claridad inesperada, el origen de muchas de mis propias imágenes poéticas
No quisiera concluir estas reflexiones sin compartir un breve fragmento de un poema de mi autoría.
No pretendo establecer una comparación con Fernando Pessoa o Florbela Espanca. Sería una pretensión desmedida. Lo comparto porque esta investigación me permitió comprender que ciertas imágenes habían estado habitando mi poesía mucho antes de conocer esta expresión.
Al releer algunos de mis textos descubrí que la ausencia, la memoria y la permanencia del afecto no eran temas elegidos deliberadamente. Eran, quizá, una manera intuitiva de nombrar aquello que hoy reconozco bajo esa hermosa palabra portuguesa.
Permítanme leer un breve fragmento del poema «Zapatos sobre mis párpados»:
«Por eso mis ojos
nunca regresan vacíos.
Traen las migas del pan negado,
la silla que todavía espera,
la llave que ninguna puerta reconoce
y el último abrazo
que la intemperie dejó sin dueño.
Y al caer la noche
los niños dejan sus zapatos
sobre mis párpados.»
Cuando escribí estos versos no conocía el significado de la saudade. Hoy comprendo que ese poema ya estaba habitado porque surgía de una experiencia profundamente humana: la certeza de que el amor, la memoria y la ausencia encuentran siempre una manera de permanecer.
Tal vez ese sea uno de los mayores misterios de la creación poética: el poema suele saber antes que el poeta. La intuición descubre caminos que la reflexión comprende mucho tiempo después.
Al iniciar esta investigación buscaba comprender una palabra. Hoy comprendo que las palabras más profundas no solo nombran una emoción: iluminan una forma de habitar el mundo.
La saudade no pertenece exclusivamente a Portugal. Aunque nació en su lengua y floreció en su literatura, habla una lengua que todos los seres humanos reconocemos: la del amor que permanece, la de la memoria que se niega al olvido y la de las ausencias que continúan dando sentido a nuestra existencia.
En mi propio recorrido descubrí que la poesía había llegado antes que la teoría. Que algunos poemas ya transitaban ese territorio invisible mucho antes de que yo conociera la palabra saudade. Esa certeza confirmó una intuición que hoy comparto con ustedes: la poesía no explica la vida; la revela.
Quizá por eso seguimos escribiendo y leyendo poemas. Porque existen emociones que ningún concepto consigue abarcar por completo. Solo la poesía logra ofrecerles un lugar donde permanecer vivas.
Quisiera concluir con una reflexión.
Tal vez la saudade no sea únicamente la memoria de lo que hemos perdido. Tal vez sea la forma más luminosa que tiene el amor de demostrar que el tiempo no posee la última palabra.
Mientras alguien sea recordado con ternura, mientras una voz continúe resonando en la memoria, mientras un poema conserve encendida una ausencia, nada desaparece del todo.
Y quizá esa sea, finalmente, la misión más profunda de la poesía y del poeta: custodiar aquello que la vida parece llevarse, para devolverlo transformado en belleza, en memoria y en esperanza.
Muchas gracias.
PAULINA HERRERA
ECUADOR
Enlace de la *Ronda: »História de Portugal, Música e Poesía»
https://www.facebook.com/FeiraVirtualdoLivroPortugal/videos/1548937743580316/


