-El milagro de la Torre OPP 26: doce días bajo el concreto de Caraballeda-
CARABALLEDA, La Guaira. — Hay silencios que salvan vidas. En el sector Caribe, donde el mapa de lo cotidiano se borró de golpe el pasado 24 de junio bajo la fuerza ciega de los potentes terremotos que sacudieron a Venezuela, el silencio se convirtió en la última trinchera. Allí, donde antes se erguía la torre residencial OPP 26, un milagro con rostro de mujer y tres niños aguardaba en la penumbra.
Tuvieron que pasar doce días —doscientas ochenta y ocho horas de oscuridad, polvo suspendido y una sed que muerde— para que el crujido de los escombros cediera ante la terquedad humana. La noche de este último domingo, en una operación que desafió los pronósticos de la medicina y la lógica del desastre, un grupo de rescatistas voluntarios logró extraer con vida a una madre y a sus tres hijos, entre ellos una bebé de meses.
El escenario, declarado formalmente como zona de desastre, parecía el lienzo del fin del mundo. Las placas de concreto de la estructura colapsada se habían superpuesto como un siniestro mazo de cartas. Sin embargo, en el azar de la destrucción, se formó una burbuja de aire; un precario santuario de un par de metros donde la familia resistió el paso de las jornadas.
Los videos que comenzaron a circular de forma viral en las redes sociales la misma noche del domingo no necesitan banda sonora. El audio ambiente lo dice todo: el crujir de las herramientas improvisadas, las respiraciones agitadas y las voces de hombres que, con las manos llagadas, le disputaban la vida a la muerte.
En las imágenes, de un dramatismo absoluto, se observa el momento cumbre del rescate. Los niños, cubiertos por una densa capa de polvo grisáceo que difumina sus rostros, se encontraban parcialmente atrapados entre los hierros retorcidos y el cemento. Los rescatistas, linternas en mano y suspendidos en ángulos imposibles, trabajaban milímetro a milímetro. Sabían que un movimiento en falso de las losas superiores podía sepultar la última esperanza.
«¡Ya casi te tengo, mi amor, ya casi!», se alcanza a escuchar en uno de los metrajes, mientras los brazos de un voluntario se extienden hacia el hueco oscuro para recibir, primero, la fragilidad de la bebé.
La parroquia de Caraballeda, golpeada históricamente por la naturaleza, vuelve a ser el epicentro de la conmoción nacional. Médicos y especialistas en rescate urbano señalan que la supervivencia de la familia tras doce días roza lo inexplicable, considerando las altas temperaturas de la costa guaireña y la falta de acceso a agua potable. Se presume que la humedad del entorno y la resistencia psicológica de la madre fueron claves para mantener a los pequeños con vida en el encierro.
Tras el rescate, los cuatro sobrevivientes fueron estabilizados en el sitio por personal paramédico y trasladados de urgencia a centros asistenciales bajo un estricto protocolo de rehidratación y evaluación traumatológica.
Mientras La Guaira intenta asimilar la magnitud de la tragedia que transformó su paisaje el 24 de junio, la historia de la Torre OPP 26 se erige como el símbolo de una región que se niega a rendirse. Entre el luto y el escombro, la vida reclamó su espacio.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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